Reseña: Vista desde una acera, de Fernando Molano Vargas
Fernando Molano Vargas (Bogotá, 1961-1998) se ha vuelto en su país, Colombia, una figura de cierto culto. Las razones pueden resultar diversas, pero entre ellas habría que mencionar su muerte temprana a los treinta y seis años, la preeminencia queer de su obra y, sin duda, el recorrido particular de esta novela, que estuvo casi perdida y llega a la Argentina con relativo retraso.
Hace un año se había dado a conocer su anterior libro de ficción (Un beso de Dick), y en breve saldrá un volumen de poemas. El recorrido extratextual de Vista desde una acera es, por su parte, significativo: escrito con la ayuda de una beca estatal, el manuscrito que Molano Vargas entregó, ya muy enfermo –moriría poco después debido a las complicaciones producidas por el sida–, quedaría sepultado bajo los escombros de la burocracia hasta que una investigadora lo rescató de casualidad y lo entregó para su publicación, recién en 2012.
La novela está dividida en dos partes: el pasado, en el que los dos protagonistas –Fernando y Adrián– descubren su sexualidad en entornos poco favorables; y el presente, en el que el primero de ellos cuenta la agonía de su compañero, víctima del VIH y de la ignorancia y el desprecio de unos cuantos, suerte de epílogo de aquello que se manifestó en ambos desde la infancia, cuando la felicidad de vez en cuando parecía posible. Es esta segunda instancia la más interesante, que a veces encuentra recursos menos transitados y que habría que leer, en torno al carácter netamente autobiográfico de la historia, como una suerte de fatal prólogo del destino del propio Molano Vargas.
Vista desde una acera
Por Fernando Molano Vargas
Blatt&Ríos
258 páginas, $ 2990









