
Acceder al eterno encanto del vidrio
Los vitraux están de regreso, de la mano de restauradores y talleristas
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En esencia, un vitral está formado por un esqueleto o armazón, los trozos de vidrio que se insertan en él y un tercer elemento: la luz. En los suaves efectos que produce el haz lumínico al atravesarlo reside el mayor encanto de esta antiquísima artesanía. Pero, además, se los emplea para cubrir aberturas, reemplazar cortinas, intervenir como separadores de ambientes o en el lugar de una puerta que obstaculizaría aún más el ingreso de luminosidad.
Las opciones, hoy
Los restauradores acuden a reparar tanto grandes edificios públicos como los más modestos vitrales particulares. Las casas de Buenos Aires suelen tener bellos modelos que, restaurados, recuperan su lozanía. También es posible encargar uno nuevo, con el diseño que se prefiera.
Los motivos son infinitos, desde los geométricos, que se basan en sencillos tramados de rombos o cuadrados, hasta los que representan flores, aves, peces, figuras humanas, salidas o puestas de sol, entre otros. Por lo general, el cliente asiste al taller y le comenta al vitralista el tipo de dibujo que desea, además de los colores, tamaño y lugar donde se instalarán los vitraux.
Una vez que se llega a un acuerdo, se traza el diseño sobre un papel, se eligen tonalidades y texturas de vidrios y... ¡manos a la obra!
Las técnicas
La más utilizada es la del vitral en plomo. Después de recortar todos los trozos de vidrio, se los une con tiras de plomo, hasta armar la estructura. A continuación, se lo recubre con masilla: el objetivo es que las juntas absorban ese material, lo que les dará mayor firmeza. Se limpia y, por último, se aplica estaño en esas mismas uniones. Con esto se busca que los paneles queden definitivamente fijados.
El último paso es la colocación. Momento fundamental, porque un mínimo error de cálculo puede hacer que el vitral quede mal instalado.
Aunque se emplea todo tipo de vidrio, lo más usual es recurrir a los que cuentan con 4 mm de grosor. En cuanto a las tonalidades, la apertura de la importación permitió traer los colores más variados. Si se busca modelos antiguos, las casas de demolición son el lugar indicado.
Los tradicionalistas pueden optar por los vidrios pintados. Para realizar un vitral con esta técnica, se deben pintar las piezas una por una. Se les aplican pigmentos especiales que, para fijarse, deben hornearse a una temperatura de alrededor de 400 o 500º.
El taller en casa
Otro sistema es el llamado Tiffany, que sigue el estilo iniciado por el decorador norteamericano entre finales del siglo XIX y principios del XX. Aunque perfectamente combinable con los anteriores, en la actualidad es el favorito de los talleristas que trabajan en la intimidad de su hogar. A diferencia del plomo (que se destina a los vitrales planos que irán en ventanas, puertas o biombos), el Tiffany se encuentra a gusto en los pequeños objetos: lámparas, cajitas, portavelas.
El sistema se basa en trabajar con segmentos pequeños de vidrio, que se rodean con una cinta de cobre autoadhesiva y se unen entre sí por medio de una soldadura de estaño. Como cada vez hay más gente que se dedica a esta artesanía, algunos distribuidores comenzaron a traer mayor variedad de vidrios y accesorios: pies de lámparas, moldes y diseños. No es tan complicado organizar un taller hogareño: simplemente, hay que contar con un espacio cómodo para trabajar y algunas herramientas, como cortador de vidrio, pulidora y papel de escenografía (para los moldes).
FUENTES CONSULTADAS: Eva Parlament, vitralista (diseño y ejecución): 4553-5293. Taller Loudet: 4861-0721. Pastore Vitraux: Pte. Perón 2057, Pb D; 4953-4397/ 4954-5403. Daniel E. Otrolá: 4660-3599.
Datos útiles
- Los vitraux deben integrarse armoniosamente a la decoración de los ambientes. Por eso, antes de decidirse por los colores, considere las tonalidades que predominan en las paredes, pisos y muebles que los rodearán.
- En los lugares muy luminosos, se recomienda emplear vidrios de tonalidades fuertes. Pero si el ingreso de luz es ínfimo, se destacarán más los tonos suaves.
- Es una artesanía concebida para permanecer inalterable durante mucho tiempo. Bien confeccionado e instalado, un vitral no presenta mayores posibilidades de deterioro que las de un vidrio convencional.
- ¿Los precios? Como son trabajos que varían mucho de acuerdo con el tipo de material, técnica (o combinación de ellas), lugar de trabajo, diseño y dimensiones, es casi imposible establecer un presupuesto general. El modelo más sencillo puede costar desde $ 180 el metro cuadrado.
Pintar con luz: un artista toma la palabra
- Cuando la minuciosa pasión del artesano se encuentra con los desafíos de la ingeniería, surgen obras como las de Daniel Ortolá. Ingeniero y vitralista, realizó, entre otros, el vitral de San Miguel Arcángel en la catedral de San Miguel, los vitrales de Paseo Alcorta y los del edificio del ex Tigre Club.
"Los trabajos de gran tamaño me apasionan también desde el aspecto estructural. Requieren, a la vez que la belleza artística, sistemas de soporte y refuerzo sumamente complejos y elaborados, que deben resultar invisibles al espectador", afirma.
- Aprendió la técnica y terminó por entusiasmarse con los vitrales en 1972, durante una larga estada en Bremen y Dortmund (Alemania). En dos de sus principales inspiradores (el decorador y vitralista Louis Confort Tiffany y el arquitecto Frank Lloyd Wright) parece resumirse la apuesta estética de Ortolá: trabajar en diseños monumentales, aptos para empresas y ambientes corporativos, shoppings o aeropuertos, al tiempo que se dedica a embellecer residencias particulares con vitrales en puertas, ventanales y objetos.
- Enamorado de su trabajo, el vitralista sostiene que "el vidrio es el más fuerte transmisor del efecto visual del color y por lo tanto un vitral es luz en su más alta expresión. Quienes trabajamos con esta técnica solemos decir que pintamos con luz".
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