
ADIOS A JACOBO TIMERMAN
Símbolo de la renovación del periodismo argentino, introdujo novedades que aún perduran y construyó una imagen de sí mismo cercana al mito
1 minuto de lectura'
Jacobo Timerman destinó buena parte de las energías de sus últimos años a evitar que se escribiera un libro sobre su vida.
Rehusó colaborar con los aspirantes a biógrafos sobre los que no pudiera tener control, difundió falsas alarmas sobre la preparación del libro definitivo.
Había dedicado mucho esfuerzo para construirse una imagen de héroe y quería evitar cualquier relato que mostrara al hombre complejo y controvertido que fue.
Tampoco tuvo el estado de ánimo necesario para escribir sus memorias y dejar al futuro su propia versión.
Murió de un ataque al corazón el jueves 11. El lugar que le reserva el porvenir ya no está en sus manos, pero su pasado permite adivinar que será recordado no sólo por lo que hizo, sino por lo que simbolizó.
En 1984, cuando regresó de su exilio forzado, encontró un país que no conocía. Intentó reeditar con La Razón el éxito que lo había consagrado 13 años antes, con La Opinión. En cambio, La Razón languideció.
Timerman partió hacia el exilio voluntario en Punta del Este, que duraría hasta su muerte.
Era anacrónico. En lo personal no había cambiado tanto, pero poco quedaba de las ambiciones culturales y políticas de la clase media con aspiraciones, la "inmensa minoría" que había sustentado el prestigio de sus dos creaciones: la revista Primera Plana, en los años 60, y La Opinión, una década más tarde.
Timerman será recordado por haber revelado al mundo -en su libro de 1980, Preso sin nombre, celda sin número, los horrores de la dictadura militar de la que fue víctima. Pocos recuerdan, en cambio, su participación en las intrigas militares de aquellos años.
En cuanto al periodismo, la última generación de redactores tiene sobre él una imagen estereotipada, porque no conoció sus creaciones, aunque disfruta de algunas de las ventajas que introdujo: la posibilidad de incluir, al modo europeo, una cuota de análisis a la noticia; la firma del autor al pie del artículo.
Esa generación desconoce que su genialidad como editor fue acompañada por una noción elástica sobre la rigurosidad de la información.
Poco más queda de La Opinión en los diarios de hoy. Aparecen más nítidas las huellas de Página/12, el siguiente fenómeno de renovación del periodismo argentino en 1987. Quizá sea porque Página/12 se dirigió a un sector de la clase media concreto y real, mientras que Timerman representó a una sociedad que trabajaba en la construcción de sí misma, detrás de un objetivo de cultura y sofisticación.
Timerman será el testimonio de esas ilusiones que se perdieron.






