
Africa: los ritos de la vida
Las fotógrafas Carol Beckwith y Angela Fisher recorrieron durante diez años el continente negro documentando los rituales de la vida: el paso al mundo de la adultez, el cortejo, el matrimonio y la muerte. Desde su casa en Londres conversaron con la Revista sobre los viajes, las diferencias con la cultura occidental y sus fotos, que se exponen en el Centro Cultural Borges hasta marzo
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Las vidas de Carol y Angela son extraordinarias. Tanto como la selección de cerca de cien de sus fotografías de Africa, que se exponen en el Centro Cultural Borges hasta fines de marzo.
Hace unos treinta años que viajan por Africa, pero en los últimos diez se encontraron y decidieron mirar y fotografiar el ciclo de vida humano a través de las ceremonias. El nacimiento, la iniciación, el cortejo y el casamiento, la obtención del poder en los reinados, los rituales de estación, las creencias religiosas, la muerte, el entierro y el pasaje al más allá.
“Documentamos rituales que están desapareciendo, de hecho un 15 por ciento ya no se practica. Esto tiene que ver con la globalización, pero también con que en ciertas áreas el Africa tradicional está en contacto con el mundo occidental, y allí la gente quiere usar blue jeans y tener teléfono celular”, explica Angela, australiana, licenciada en Ciencias Sociales en la Universidad de Adelaida.
Para los fotoperiodistas, quedaron el hambre, los disturbios políticos y las catástrofes. Ellas optaron por descubrir quiénes son muchos de los integrantes de las 1300 culturas africanas, cuáles son sus tradiciones y sus valores.
“Muchas veces, luego de ver los titulares de las noticias, nos queda la impresión del lado más oscuro de Africa, pero nosotras buscamos las historias que están detrás de esos titulares”, dice Carol, que estudió pintura y fotografía en el Museo de Bellas Artes de Boston.
Viajaron a pie, en burro, en bote, en automotor, según el terreno y las circunstancias lo exigieran. A veces con poca comida; muchas, casi sin agua, pero decididas. “El desafío logístico fue grande porque los rituales no siempre se adaptan al calendario y necesitamos estar muy conectadas con nuestros amigos en todo el continente para llegar a tiempo”, relata Carol.
A Carol, la llamaban Mokorol (Ella, que usa pendientes oscilantes sobre sus largas trenzas negras) y Afi Dede (Primera niña nacida el jueves). A Angela le decían Dede Gaga (Primera niña nacida alta) y Malaika (ángel, en swahili).
Una vez, después de varios meses de convivir con los nómadas woodabe, el jefe de la tribu, Mokkao, le declaró su amor a Carol y le dijo que con su camello llegaría hasta donde estaba su padre y le pediría la mano. Ella le explicó que eso era imposible, porque su padre vivía en Boston, un lugar muy lejos. El le respondió: “No me imagino un lugar, por más lejos que sea, adonde un buen camello no pueda llegar”.
Contestan cada pregunta entre las dos, siempre en plural. Es claro que comparten una misma visión y una pasión por Africa que se nota hasta en una charla telefónica.
–¿Cuál es el papel de los rituales?
–En el pasaje al mundo adulto, cada joven pasa por un período específico de transición, donde aprende todo lo que se le requerirá en el próximo estado de la vida. Se va a un bosque secreto con las personas mayores de la tribu, que le imparten los valores y las responsabilidades de ese nuevo estado. Cuando regrese será reconocido como hombre. En la sociedad occidental no hay un ritual así, y creemos que por eso hay tanta confusión, pérdida de identidad y problemas de comportamiento entre los jóvenes.
–¿Qué aprendieron de las sociedades africanas tradicionales?
–En el mundo occidental, las personas mayores están excluidas de la sociedad y van a geriátricos. En Africa, aprendimos que los ancianos juegan un papel en la sociedad, ellos son los que más vivieron y poseen una sabiduría vital que pasa de una generación a otra. También, la manera en que viven y se sienten parte de un entorno con el que mantienen armonía.
–¿Cómo reaccionaban ante la cámara?
–Existe una creencia tradicional muy extendida en Africa que dice que la foto le saca el espíritu a la persona. Por eso muchos tenían miedo. Se necesita mucha paciencia para ganar su confianza y poder fotografiarlos.
El hecho de regresar varias veces a una misma comunidad nos ayudó a crear fuertes vínculos. Una vez le llevamos a nuestro amigo Mokkao, jefe de la tribu woodabe, el libro Ceremonies. No había visto más de dos libros en su vida. Lo abrió y estuvo cerca de dos horas estudiando cada foto. Cuando terminó, nos dijo en su lengua: Naagani yagitata, que significa medicina para no olvidar.
–¿Este trabajo es para ustedes una responsabilidad, un tributo, una forma de rescatar las tradiciones?
–En cierta forma, las tres cosas. Personalmente sentimos la responsabilidad de acercar al mundo un contienente extraordinariamente poderoso. Así, preservamos sus culturas tradicionales y a las futuras generaciones de niños africanos. Porque el conocimiento y entendimiento ayudan a la paz mundial.
–¿Qué extrañan de Africa?
–Cuando vivís en una sociedad pretecnológica, en la que no se puede levantar el teléfono, mandar un e-mail o un fax para darle un mensaje a alguien, es preciso subirse a un camello y viajar días para llegar hasta esa persona. Cuando por fin llegás, los africanos, que tienen un gran sentido de la hospitalidad, te saludan calurosamente, te sentás debajo de un árbol y pasás varias horas relacionándote con esa persona como ser humano antes de darle el mensaje. Extrañamos ese maravilloso sentido del contacto.
Carol y Angela ya recorrieron 28 países y fotografiaron 96 ceremonias. Pero van por más. Su proyecto es continuar con el viaje el año próximo: Mauritania, Angola, Camerún, Túnez y Gabón están en la lista. Para empezar.
Para agendar
En el marco de esta exhibición, se realizarán actividades artísticas y educativas relacionadas con la cultura africana. Informes: Centro Cultural Borges, Viamonte esq. San Martín; 5555-5453
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