
Alberto Cormillot: "Cuanto más extravagante una dieta, más mentirosa"
Hace radio y TV, baila tap y ahora coordina un plan nacional de alimentación saludable. Sin pelos en la lengua, advierte sobre la irresponsabilidad con la que se comunica sobre salud, apunta contra los fundamentalismos y afirma: “Cuanto más extravagante una dieta, más mentirosa”
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Los ojos azules del doctor se encienden cuando escucha algo que él considera un disparate. El tono y el humor no lo cambian (con los años aprendió a no enojarse, asegura), pero sus respuestas, tajantes, pueden ser desopilantes. “¿Así que ahora las harinas son veneno? La realidad es que los que dicen eso no tienen ningún fundamento, ni la teoría está basada en algún dato científico. Hoy van contra las harinas de la misma manera que mañana podrán ir contra el bicarbonato de sodio. El problema es que, como todo el mundo come, todo el mundo cree que puede hablar de comida”, dice el doctor Alberto Cormillot, flamante coordinador del Plan Nacional de Alimentación Saludable y Prevención de la Obesidad, que depende del Ministerio de Salud.
¿Por qué a esta altura de la vida, con tanto trabajo, con una agenda siempre al límite, sigue aceptando desafíos como éste?
Porque quiero lograr cosas concretas a nivel país. Que se reglamenten leyes muertas, como la de obesidad, la sal o el sedentarismo. Porque todavía hay una enorme cuenta pendiente que debemos saldar antes de que sea tarde. Más de la mitad de la población argentina tiene exceso de peso, incluidos el sobrepeso y la obesidad. Y lo grave es que esto aumenta año a año. Así que dije sí a pesar de mis tantas obligaciones y un día que comienzo a las 4 de la mañana. El gran desafío es promover legislación y cambios en el estilo de vida de la población. Nada más y nada menos.
¿Cómo se organiza? ¿Qué secretos guarda como para madrugar tanto, no engordar un gramo, trabajar todo el día y mantener esta calma?
No hay secretos. Es una cuestión de orden, decisión y voluntad. Tengo 78 años, superé dos diagnósticos de cáncer, hace cuatro y cinco años. Hice todo lo que tenía que hacer y salió bien. Al principio, mudo, me dije. ¿Pero si yo soy el manual anticáncer de colon? Estoy flaco, como mucha fibra y poca grasa, tomo agua, vitamina D, hago actividad física, no bebo alcohol. Pero bueno, cuando hacés todo bien te bajan las chances y si tenés algo, te recuperás enseguida. Estaba recién operado y hacía ejercicios en la cama. Ya tenía la cabeza en mis clases de tap. Así soy.
Imparable.
Activo, entusiasta. Disfruto de llegar temprano a la radio [integra Cada Mañana, con Marcelo Longobardi], informar desde el programa de la tele [¡Qué mañana!, junto con Ariel Rodríguez Palacios] y el noticiero. Me ocupo de mi revista, de ALCO, de mis libros, de mil cosas. Pero más que nada estoy obsesionado con comunicar, y ahora que asumí me comprometo a que se implementen un montón de cosas que siempre soñé. Es que la información y la educación son los dos pilares de este proyecto. Sólo así podremos lograr el cambio de hábitos, especialmente en los más chicos.
¿Adhiere a aquello de que la mejor farmacia es la verdulería?
Exacto. Hay que comer frutas y verduras de todos los colores, cinco raciones al día. Además, cereales integrales, lácteos, pescado, pollo y pastas, sin salsa, utilizando el aceite crudo. Y, desde ya, bajar el sodio. Con respecto a las escuelas, lo que tengo que lograr es que cambien los quioscos, los comedores escolares y la actividad física. Lamentablemente, debido a un tema cultural y por la industria, los chicos quedan mal cableados. Les atrae lo dulce y la única verdura que conocen y comen es la papa frita. Las luncheras que mandan las madres a los colegios son un espanto; no hay colores. Lo grave es que todos se van acostumbrando.

¿Antes no había quioscos en los colegios?
No, a lo sumo existía algún sanguchito de la cooperadora y la taza de mate cocido. El quiosco era una cosa excepcional. Recuerdo que mi abuela me daba, cada tanto, un par de monedas. Yo me compraba un chocolate relleno de menta que se llamaba Colibrí. Pero eran ocasiones especiales. No era la vianda diaria ese chocolate. Y en las casas se tomaba soda, a lo sumo con limón.
Pero si el problema es la industria y la tentación, iremos cuesta a bajo.
Ese es el desafío. La industria hace comida cada vez más atractiva y al alcance de la mano. Por supuesto todos quieren vender y se especializan en hacer cosas muy ricas, pero saturadas en azúcares y grasa. Por eso hay que educar, hacer llegar por todos los medios posibles el mensaje de la alimentación saludable. Hay que trabajar con los ministerios. Estoy viendo lo de los precios cuidados, con el objetivo de ampliar la lista. Tengo que aprovechar esta oportunidad al máximo. Este es un puesto que no existía. Me dijeron que necesitaban que haga visible el tema y, bueno, acá estoy.
¿Lo llamó Macri?
A través del ministro Jorge Lemus, a quien conozco desde hace muchos años.
A propósito, ¿cómo ve al gobierno?
Tengo esperanzas, aunque, por supuesto, sé que en muchas cosas se pueden equivocar. Tuvieron que armar tres gobiernos a la vez; tarea nada sencilla. Creo que el presidente tiene cabeza y alrededor también hay cabeza. Y pienso, también, que se van a equivocar porque muchos de ellos no tienen experiencia en política. Pero la van a hacer. Porque nada puede ser peor que lo que pasó. Yo tengo una visión extremadamente crítica del gobierno anterior.
¿En esta área también hubo desidia? La presidenta decía que había que comer cerdo…
Pero por favor… [respira hondo] La verdad es que en el área había gente que quería trabajar, pero la realidad es que no había apoyo político. Los invito a todos a que hagan un repaso de los discursos de la presidenta y cuenten cuántas veces dijo la palabra Clarín, monopolios y cuántas la palabra educación o salud. A mí, por primera vez en la vida, me echaron de un medio. Me dijeron antipatria, vendido al oro yanqui. Me sentí insultado, porque todo el mundo sabe que en cincuenta años lo único que hice fue laburar. Creo que le he dado mucho a la sociedad y no lo merezco.
¿Cómo hace para no enojarse?
En el trabajo, como soy exigente, puedo levantar el tono. Pero en general ya no me pongo mal. Aprendí aquello de que el que se enoja, pierde.
¿Y enferma?
El enojo inapropiado sí que enferma. Es cuando creés que porque vos sos de tal manera, todos tienen que ser así. Cuando sentís que el alrededor debe seguir tus reglas. Es un enojo-frustación. Es el peligro de las demandas irracionales. Por eso hay que cambiar el deber ser por el preferiría. Yo lo puse en práctica. Aprendí mucho de un excelente terapista racional emotivo conductual llamado Albert Ellis.
¿Somos lo que comemos?
Sí, sí. Somos lo que comemos... y lo que pensamos.
Se está hablando mucho del raw food [comida sin cocinar] como el principio de todas las curas, incluso del cáncer. ¿Qué piensa?
Creo que acá no hay responsabilidad con todo lo que tiene que ver con comunicación en salud. Se publican muchas cosas que no tienen sustento. No descarto que un día salgan a decir que los diabéticos, en vez de aplicarse insulina, tienen que hacerse masajes con hojas de ortiga. Porque acá cualquier persona puede aparecer con el discurso más absurdo y pintoresco. Yo no tengo nada contra la raw food ni con la moda de lo orgánico. Si les gusta y pueden, que lo hagan. Pero que no vengan a decir que lo no orgánico enferma porque es una idiotez. Hay una competencia para ver quién aporta el mensaje más idiota.
¿Cuál fue el mensaje más disparatado que escuchó?
Los gorgojos. La gente comía gorgojos para adelgazar. La nutrición tiene bases científicas, no es que uno se levanta a la mañana e inventa algo. Además hay que entender que no hay grandes secretos. Cuanto más extravagante una dieta, más mentirosa. A mí me preocupa que pongan en la cabeza de los adolescentes que no hay que probar harina, que no hay que probar leche o huevos. A los veganos los respeto porque se trata de una filosofía. Si elegís ser lacto-vegetariano, también es respetable. Lo peligroso es cuando se proclama que eso es la única verdad. Asegurar cosas que no están basadas en datos científicos es hacer curanderismo.

No comer harinas, beber limón con agua tibia en lugar de leche, frutos secos, semillas y guerra a la carne. Si uno espía el mundillo frívolo y lee lo que dictan las celebrities, pareciera que la clave del bienestar pasa por ahí. ¿Es un peligro?
Estas cosas, tomadas de manera fundamentalista, prenden en poblaciones no educadas, y la triste realidad es que Argentina es donde más tarde se reciben en el mundo, más allá del tremendo ausentismo. La alimentación no tiene magia: son tres componentes(hidratos de carbono, azúcar y proteínas). Desde 1880 se vienen bajando o subiendo algunas de estas tres cosas, pero no hay nada nuevo para decir. Hay argumentos realmente estúpidos, como los que dicen que el ser humano es el único ser en la Tierra que toma leche de otra especie. ¡Y sí! También es el único ser que come medialunas, milanesa y que hace poesía. No me explico cómo alguien que terminó la primaria puede sostener algo así.
Bueno, acá queda demostrado que estos temas lo enojan…
Unos minutos nomás. Me molesta que se hable sin fuentes científicas. Si vos decís que no hay que comer nada que no sea orgánico, la verdad es que te estás basando en la hechicería.
¿Lo enfrentan por decir estas cosas?
Por supuesto sé la que se me viene luego de opinar sobre esto. Entonces empiezan a hablar de conspiraciones mundiales, como pasa cuando se habla del cáncer. Y ahí se acaban los argumentos. A mí enseguida me tildan de ser asociado a las multinacionales, dicen que me paga el oro yanqui. Y es así. Como son inimputables pueden decir cualquier barbaridad.
¿Usted dice que en otro países hay más cuidado a la hora de lanzar teorías?
¡Pero sí! No conozco muchos países que tengan tal creatividad dañina. Tampoco me imagino a los noruegos comiendo gorgojos en ayunas para adelgazar.
¿La risa cura?
Sí, la buena onda ayuda mucho y la mala segrega corticoides, que hacen crecer la barriga.
¿Está diciendo que la gente enojada se pone panzona?
Absolutamente.
Cuándo va a un restaurante, ¿siente que observan lo que come?
Sí, es algo inevitable. Si pido un té con dos medialunas, como en este instante, me miran raro. Creerán que soy extraterrestre. Y eso que siempre hablo de los permitidos. Igual, coma lo que coma me miran.
¿Cuáles son sus placeres?
Mi dieta es bastante rutinaria. Té con leche, tostada con queso blanco y mermelada, queso magro, jugo, ensalada de fruta con germen de trigo y semillas de lino, leche con Omega3. A la noche puede ser arroz, alguna milanesa de soja, guiso de arvejas, lentejas, pasta o pescado. Como poca carne porque los domingos prefiero ravioles con salsa. Los hacía mi madre, luego mi padre y ahora una señora que nos acompaña hace muchos años. No son los mismos, claro, pero salen muy ricos. Y si voy a la casa de mi hijo, que le gusta hacer asado, por supuesto pruebo. Hace cincuenta años que peso 73 kilos.

¿Cuándo empezó a bailar?
Tap a los 68 años. Siempre me había gustado el baile, pero como espectador. Empecé con tap, después swing, tango, danza aérea. No paso un día sin bailar; es mi terapia y mi felicidad. Hice varias presentaciones en teatros que me llevaron un tiempo y esfuerzo impresionante. Ahora trabajo junto a Luciano Rosso. Hacemos coreografías y luego las subo a internet. Necesito moverme. También me encanta la música. Escucho clásica, jazz de los años 30 y 40, grandes orquestas y tangos de la primera época.
¿Qué otras cosas le hacen bien?
Soy abuelo de mujeres y las disfruto. Las llevo a comer y compartimos el gusto por el baile. Los fines de semana miro series. De fútbol, poco y nada. Lo heredé de mi padre; a él tampoco le gustaba.
¿Cocina?
Nada. Ni una ensalada.
¿Tiene algo pendiente?
Ahora, con esta nueva responsabilidad, todo. Tenemos un país con casi 60 por ciento de obesidad. La última encuesta Nacional de Salud Escolar mostró que uno de cada dos alumnos consume por lo menos un litro diario de bebidas azucaradas. Eso equivale a casi 28 cucharaditas de azúcar, más del doble de lo recomendado para cuidar desde el peso hasta los dientes. Sueño con lograr cambios, concientizar. Vivo el presente con muchas ganas porque tengo muchos proyectos. La verdad, ni me acuerdo del pasado.
¿En serio?
Sí. Me preocupo por el futuro, hago planes de 5 a 10 años. Muchas cosas aún son Albertodependientes, pero lo voy viendo y resolviendo con la mayor tranquilidad posible. Además quiero hacerme un tiempo para escribir un libro de ficción. Y quién sabe qué otras cosas se me pueden ocurrir de acá a un tiempo. Hace unos años, cuando fue la guerra de Irak, terminé en Bagdad trabajando como voluntario.
¿Y qué le dijo su familia?
Que estaba loco, lógicamente. Pero fue una gran experiencia. Estuve vinculado a un grupo sanitario que buscó limitar el efecto de las minas antipersonales diseminadas en las zonas de combate. Trabajé con organizaciones no gubernamentales y la pasé bastante mal. No había manera de entrar en Irak a través de Siria, tampoco podía por Jordania, pero finalmente me sumé a un convoy de Fox TV que entró con los blindados de la coalición, por un camino que no fue nada sencillo. Estuve quince días colaborando en un hospital, trabajando con el comando cívico militar de reconstrucción. Lo que vi fue un espanto. En carne propia supe todo lo que se había mentido sobre esa guerra. Tuve miedo, bronca, dolor. Todo junto.
¿Y ahora le teme a algo?
No. Sólo a que sufran mis seres queridos. Después, soy muy práctico. Nada de reencarnación. Yo supongo que se baja el telón y basta. Pero ahora estoy muy activo, así que ni siquiera pienso en eso.

1938
Nace en Buenos Aires, el 31 de agosto
1961
Se gradúa en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires
1964
Entró para un reemplazo en Buenas tardes, mucho gusto, el programa donde participaban Doña Petrona y el doctor Florencio Escardó. Gustó y no se apartó más de los medios
1974
Fundó ALCO (Anónimos Luchadores Contra la Obesidad), que funciona en todo el país
2006
Condujo Cuestión de peso, programa que instaló en primera plana la Ley de obesidad
2016
Asume como coordinador del Plan Nacional de Alimentación Saludable y Prevención de la Obesidad
Asistente fotografía: Lucas Vázquez. Asistentes de producción: Manuela Meroni y Camila pepa. Pelo y make up: Andrea Gonzalez Mollo para ID estudio con productos Givenchy. Agradecimientos: Giesso, Etiqueta Negra, Perramus, Bazar de la esquina, Unimate, Hotel Sofitel Arroyo y Mercado San Telmo.





