
Alvin Toffler: "En 35 años podemos tener un mundo mejor"
En una charla exclusiva con la Revista, el futurólogo se atreve a vaticinar qué ocurrirá en las próximas décadas. Advierte que el terrorismo pone en jaque la libertad, pero se declara optimista: el futuro, dice, puede ser auspicioso si se lucha con éxito contra la pobreza
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NUEVA YORK.- "Estos son momentos definitorios", asegura el escritor norteamericano Alvin Toffler cuando la Revista lo invita a la aventura de imaginar cómo será el mundo en los próximos 35 años. "Seguramente La Nacion seguirá teniendo su revista dominical, pero mucho más que eso no me atrevo a afirmar", bromea.
"Hoy vivimos un gran trastorno histórico que afecta a todo el mundo y a todos los aspectos de nuestra vida. Estamos cambiando a un ritmo más acelerado que nunca antes en la historia humana", advierte el futurólogo más famoso del mundo, que junto a su inseparable esposa, Heidi -"mi colaboradora en todo", aclara en perfecto español-, ha fascinado a millones de lectores en todo el planeta con libros como El shock del futuro, La tercera ola y Guerra y contraguerra.
A los 75 años, desde su cómoda casa en el sur de California, Toffler señala que "las alianzas y las instituciones en las que nos apoyamos en los últimos 50 años se están cayendo a pedazos", y advierte que "la libertad que disfrutemos en el futuro depende de cómo nos vaya en la guerra contra el terrorismo".
Sin embargo, se declara optimista. "El futuro presenta algunas posibilidades positivas increíbles", afirma el padre del concepto de la tercera ola, la nueva era de la información, que sigue a las etapas de desarrollo humano que trajeron las revoluciones agrícola e industrial, primera y segunda olas, respectivamente.
Autor de libros que son best sellers en casi todos los países donde se venden, asesor de líderes mundiales e incansable viajero, Toffler se muestra reacio a utilizar la palabra "predicciones"; aclara que prefiere hacer "aná- Û lisis con proyección". Pero así y todo se muestra cauto, como si su bola de cristal estuviera nublada por una multitud de acontecimientos cuyas consecuencias son difíciles de prever.
-¿Cómo cree que la guerra contra el terrorismo cambia las perspectivas que teníamos del mundo del futuro?
-El terrorismo nunca se va; siempre habrá algún nivel de terrorismo en algún lugar del planeta puesto en práctica por fanáticos. Así como siempre hay radiación de fondo, siempre habrá terrorismo de fondo. Sin embargo, creo que de acá a 35 años el actual extremismo islámico será muy diferente. El mundo islámico, particularmente el árabe, ha probado muchas ideologías en los últimos 35 años. Han luchado por un futuro para ellos que sea mejor que el presente, en el que están económicamente atrasados y autocráticamente gobernados. Probaron el socialismo, el nacionalismo, el panarabismo, y desde 1979, con el ascenso del ayatollah Khomeini en Irán, probaron el extremismo religioso. Ninguna de estas opciones dio resultados, no les permitió mejor vida a las poblaciones de los países islámicos y especialmente del mundo árabe.
-¿Y cuál es el camino que predice que tomarán luego?
-No sé la respuesta a esa pregunta. Pero sé que el intento actual de recrear una sociedad que puede haber existido 600 años a.C., en la época de Mahoma, es un proyecto utópico que no puede tener éxito.
-¿Cree que el conflicto entre palestinos e israelíes puede solucionarse en las próximas décadas?
-Creo que no habrá tanta tensión, que se llegará a algún tipo de acuerdo. Siempre habrá extremistas de ambos lados, pero no creo que representen a las fuerzas dominantes. Y no creo que se pueda sostener el alto nivel de radicalismo que hay actualmente; la gente se cansa después de un cierto tiempo.
-Ha escrito que Estados Unidos es el pionero de una nueva civilización, la de la "tercera ola", la era de la información. ¿Ve al mundo islámico como un obstáculo para este proceso?
-Creo que los extremistas islámicos son justamente eso: la antítesis de hacia dónde van la economía y las sociedades actuales. Buscar recrear el pasado es un lastre que retrasa ese avance y no me parece además que sea viable. Por eso creo que, a la larga, esa promesa que hacen a la gran comunidad de musulmanes del mundo, de mejorar sus vidas volviendo a prácticas y costumbres de hace cientos de años, es un fraude. Su existencia no puede ser mejor de esa manera, y el pasado no se puede recrear. Pero tampoco creo que ésa sea la actitud de la mayoría del mundo islámico.
-Según ha dicho antes, uno de los elementos clave de esta nueva civilización que lidera Estados Unidos es la mayor libertad. Pero hoy en día vemos justamente una ofensiva en contra de este valor dentro de este propio país.
-Sí, yo no veo la dirección en que nos está llevando Bush como necesariamente conducente hacia una economía de la tercera ola. No creo en la retórica de la administración Bush de que la democracia se puede imponer, o que se puede definir solamente en términos de la celebración de elecciones.
-¿Cómo cambió su visión del futuro después de los ataques del 11 de septiembre?
-Yo creo que lo que está sucediendo hoy es sólo una parte de un proceso histórico mucho más grande. Y ese proceso incluye el quebrantamiento de viejas alianzas, significa el rediseño de todo el mundo geopolítico más allá de Medio Oriente; también cambiarán las relaciones entre Europa y Estados Unidos, las relaciones en el Pacífico. En cada una de esas regiones también las relaciones están cambiando drásticamente. Así, las alianzas, relaciones, coaliciones e instituciones en las que nos apoyamos en los últimos 50 años o más se están cayendo a pedazos. Estados Unidos y el mundo están atravesando una transición, una revolución, que es más grande y más rápida que la Revolución Industrial. Cuando ésta llegó, el mundo tal cual se conocía se desequilibró: apareció la nación-Estado, cambiaron las alianzas y coaliciones, y nuevos conceptos de soberanía surgieron. Algo parecido está sucediendo ahora, y va a seguir ocurriendo por los próximos 25 o 35 años. Estamos haciendo temblar la infraestructura geopolítica del planeta.
-¿Le parece que Estados Unidos es consciente y responsable de las consecuencias de esta revolución?
-No, no creo que esto sea algo que Bush o el gobierno entiendan. De hecho, no creo que los norteamericanos entiendan qué es lo que está sucediendo con Estados Unidos en esta tremenda transformación. Es como cuando la gente vivía en la Revolución Industrial, en la que ni siquiera los genios tenían una idea clara de cuán extensa y profunda sería esa transformación que cambiaría las religiones, las relaciones entre las organizaciones políticas, las estructuras familiares y todos los aspectos de la vida. Creo que aquí, en Estados Unidos, estamos generando y expandiendo una nueva revolución, una nueva transformación que nosotros llamamos la tercera ola. Y es una transformación no sólo militar, sino también económica, cultural, política, social. Creo que los gobernantes norteamericanos no alcanzan a percibir la magnitud del cambio que estamos atravesando. Se concentran en los aspectos geopolíticos, o en los económicos; ven sólo los pedazos, pero no el panorama más grande. Estados Unidos es la nación más poderosa y rica del planeta, pero la mayoría de nuestras instituciones está en crisis: las escuelas, los hospitales, el transporte, la Justicia, los medios. Fueron diseñadas para un mundo de líneas de producción, fábricas y producción masiva, para una civilización de la segunda ola, industrial, y ya no es así como vivimos.
-¿Es optimista respecto del futuro?
-Creo que el futuro encierra algunas posibilidades aterradoras. Pero si vemos para atrás, siempre ha sido así; lo que es inusual hoy es que también presenta algunas posibilidades positivas increíbles. Yo soy optimista; soy norteamericano y nosotros somos químicamente optimistas, lo llevamos en los genes. Así que creo que a la larga, en 35 o 40 años, podemos tener un mundo mucho mejor, incluso con mucha menos pobreza. Miremos lo que sucede en China, por ejemplo, donde están tratando de sacar a un millón de personas de la pobreza, algo que ningún país capitalista ha intentado. La cuestión es cómo lo están haciendo. Están llevando adelante dos estrategias de desarrollo simultáneas, centralmente diseñadas: por un lado, incrementando las fábricas, el trabajo masivo y barato, pero a la vez están apostando al desarrollo de tecnología de avanzada, un modelo de la tercera ola. Es el proceso económico y social más importante de estos momentos. Y la India le sigue los pasos. Si en 50 años China o India tienen éxito en sacar de la pobreza a un millón o medio millón de personas, será un logro tremendo y fantásticamente bueno para todo el mundo.
-¿Y hacia dónde ve que va América latina?
-Siempre me llamó la atención el dinamismo cultural de América latina, gracias a la diversidad de su población. Pero esto no se corresponde con un dinamismo económico. Algunos dicen que es por la fuerza de la religión, que sirvió de freno a los valores que acompañaron el capitalismo en lugares como Estados Unidos o también en Asia. Yo no soy un libremercadista a ultranza. Creo en el poder del libre mercado, pero no me parece que todos los problemas del mundo se puedan resolver impulsando el libre mercado. No creo que necesariamente traiga la democracia. América latina necesita seguir fortaleciendo la sociedad civil, que la gente tome más conciencia de que puede ser dueña de su futuro.
-¿Y qué piensa del futuro de la Argentina?
-No soy un experto en su país, pero estoy confundido con la Argentina. Es un país de gente educada, que enfrenta relativamente menos problemas que otros vecinos latinoamericanos y, sin embargo, ha ido retrocediendo en términos económicos. Mi idea es que es una combinación de factores, de políticas terribles, de corrupción. Pero es un caso muy difícil de entender.
-¿La Argentina es impredecible?
-Mi esposa y yo preferimos no utilizar la palabra predicción porque implica una certeza sobre lo que depara el futuro. Nosotros creemos que no se puede saber con exactitud nada de lo que pasará cuando se vive en un período de turbulencia como éste. Pero no creo que lo que sucedió en la Argentina hubiera sido muy predecible: ni el derrumbe económico, ni el resultado de las elecciones, ni la recuperación, ni las disputas con el FMI… Bueno, esto último sí podría haber sido anticipado; es que llevan tanto tiempo peleándose con el FMI...
-¿Sólo culpa a los políticos o también al sector privado por la corrupción?
-Mire, los hombres de negocios son eso, hombres de negocios interesados en hacer dinero. Algunos son socialmente responsables y otros no. He conocido muchos empresarios latinoamericanos en mi vida: algunos de ellos son absolutamente fascistas, pero otros sienten que les deben algo a sus sociedades. En general, se ve un mayor interés de la sociedad civil por terminar de raíz con la corrupción, pero se necesitan líderes en todos los niveles para realizar un cambio profundo.
-¿Y cómo sería el perfil de una persona del año 2040? ¿Seremos más libres?
-Mucha gente cree que el desarrollo tecnológico llevará hacia una mayor uniformidad. Pero eso no es cierto; la tecnología permite un gran nivel de individualización. En la medida en que el terrorismo siga teniendo un rol importante, habrá en todo el mundo una constante presión para reducir las libertades individuales en nombre de la seguridad. En gran parte la libertad de que disfrutemos en el futuro dependerá de cómo nos vaya en la guerra contra el terrorismo. Y es entendible. ¿Qué habría pasado en la Argentina si en vez de volar la AMIA hubieran volado la Catedral repleta de personas o la Casa Rosada? Seguramente el país habría tendido hacia un recorte de las libertades civiles, hacia una posición más dura, con un mayor miedo de la población, como sucede hoy en Estados Unidos y ocurrirá más en el resto del mundo en el futuro.
Para saber más:
www.toffler.com
www.wired.com/wired/archive





