
Entre el surrealismo mágico y un freak show, una colección de libros rescata lo más extraño de cada ciudad.
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La saga América Latina bizarra ha comenzado. Posiblemente, el elemento bizarro siempre estuvo ahí, pero desde hace un tiempo existen guías –o antiguías– que revisan algunas de sus ciudades bajo una mirada distinta, fuera de lo común.
Ya se publicaron las de Santiago, Bogotá, Lima y Cuzco. La más nueva es Buenos Aires bizarro, escrita por el periodista Daniel Riera, con fotos de Diego Sandstede, que fue publicada hace un mes.
El rescate de lo bizarro aporta un foco alternativo al de los íconos turísticos, las gestas imposibles y el realismo mágico. Una mirada que muestra a las principales capitales del continente desde sus bares, estatuas, restaurantes, paseos, experiencias, tragedias, edificios, museos y personajes desconocidos.
Una vez definido el término, Riera se aventuró a recorrer los caminos menos transitados de la ciudad, a la pesca de su esencia bizarra. En el viaje, encontró una esquina maldita, un enano stripper, una estatua de Caperucita Roja en los bosques Palermo y un hombre con más de mil tatuajes que sueña con convertirse en un récord Guinness. Los autores de estas guías son héroes urbanos que se asoman con ánimo explorador a mundos extraños.
La primera guía bizarra de América latina fue Santiago bizarro, del periodista chileno Sergio Paz, que se publicó en 2003 y ya va por la quinta edición, con más de 20 mil ejemplares vendidos. En ella se basaron las demás y Paz, a su vez, se inspiró en L.A. bizarro, el libro de Anthony Lovett y Matt Maranian que reunía sitios insólitos de Los Angeles.
Para Paz, que ha recorrido su país en busca de datos para su próximo Chile bizarro, el elemento curioso está en todos lados. "Ahora estoy a punto de publicar una guía de esquí en Chile, y he encontrado varias cosas bizarras. Justo ahí, donde menos lo esperaba. Como el hotel Baobab, en Huilo Huilo, con cincuenta y cinco habitaciones alrededor de un árbol", contó por correo el autor, quien también prepara una "enciclopedia pop" de Chile.
Lima llega por partida doble. Por un lado, Lima bizarra, la antiguía de Rafo León, que recorre como un arqueólogo urbano lo más exótico del viejo centro de la capital peruana. Por otro, se editó hace unos meses Lima freak, en el que el escritor y cronista Juan Manuel Robles retrata ocho perfiles de excéntricos personajes en una ciudad que poco tiene que ver con la herencia colonial, el Museo Oro del Perú y la cocina de Gastón Acurio.
Bogotá también tiene su libro insólito, con luchadores enmascarados, caminatas nudistas en el Parque Nacional, decadencias pop, enanos toreros –al parecer, toda guía bizarra incluye al menos un enano– y falsas bandas de rock, como Los Rimembers, que sólo saben cantar bajo la ducha.
La saga de América latina bizarra ha comenzado. Y ya hay fans de lo insólito que esperan con ansia nuevas guías.
LO QUE HAY QUE LEER

<b> Buenos Aires bizarro - DANIEL RIERA - AGUILAR </b>
Una guía que presenta un curioso monumento al dedo gordo que hace pie en la Recova de Posadas, entre otros trescientos datos insólitos. Fotos de Diego Sandstede.
<b> Santiago bizarro - SERGIO PAZ - AGUILAR </b>
Este circuito asombroso y diferente por la capital chilena incluye comer charqui de cóndor, buscar ovnis en el cajón del Maipo, jugar golf en un restaurante japonés, comprar flippers usados y tomar un pisco en el restaurante Los Canallas, donde para entrar hay que saber la contraseña.

<b> Lima bizarra - RAFO LEON - AGUILAR </b>
En esta antiguía hay discotecas, edificios venidos a menos, burdeles y muchos huariques, como se llaman en Perú esas fondas a las que sólo se llega por recomendación.
<b> Bogotá bizarra - ANDRES SANIN, SEBASTIAN CHALELA Y JUAN DAVID SANCHEZ -AGUILAR </b>
Desde enanos mariachis hasta un grupo de neuróticos anónimos y cultores del piercing extremo. De la A a la Z, más de trescientos datos para descubrir la ciudad menos pensada.

<b> Cusco bizarro - MARIA LUISA DEL RIO - AGUILAR </b>
Un recorrido por casas embrujadas, hoteles extravagantes, personajes bohemios y bricheros –viene de “bridge”, que en inglés significa “puente”–, como se conoce a los hombres que enamoran a las gringas en busca del pasaporte norteamericano.





