
Benedict Cumberbatch: "Soy terrible para manejar la popularidad"
Se formó en el teatro shakespeariano y gracias a sus papeles en películas y series, se convirtió en el más aclamado de los jóvenes actores británicos. En una charla con La Nación revista, cuenta que vivir en un monasterio le cambió la vida y explica cómo lidia con la fama: "tuve que pedirle consejo a George Clooney".
1 minuto de lectura'


LONDRES
La coreografía de brazos que se extienden para dar un golpe en seco y que culmina con un giro sobre sus piernas lo tiene a mal traer. Benedict Cumberbatch repite una y otra vez esta especie de danza que recrea el entrenamiento del cirujano devenido en Dr. Strange en la versión cinematográfica del cómic de Marvel. Chiwetel Ejiofor, el actor que se consagró con 12 años de esclavitud, lo acompaña en la toma. Es uno de los poderosos hechiceros de Kamar-Taj, el Barón Mordo, que en esta oportunidad juega un complejo rol. Atento, Chiwetel repite algunos de los movimientos junto a Benedict, lo alienta, le sugiere cómo no perder el ritmo. Benedict es un actor más cerebral, o por lo menos lo fueron sus personajes memorables, entre ellos Sherlock Holmes y Alan Turing. Estamos a sólo 40 kilómetros del centro de Londres, en el Stage 1 de Longcross Studio. Las horas de rodaje se suceden en un escenario colmado de detalles que simula la aldea Kamar-Taj enmarcada por las ficticias montañas del Himalaya.
El grito de ¡acción! del director Scott Derrickson [Siniestro, El exorcismo de Emily Rose] lo silencia todo. Benedict vuelve a danzar. Se enoja con él mismo. Recrea la imagen hasta que, con el dedo mayor alzado de la mano derecha y una sonrisa de superación dibujada en los labios, saluda a la cámara. Tras doce tomas, lo ha conseguido.
Un rápido almuerzo tardío en el camarín le permite repasar algunas de las líneas del guión de la próxima escena. Tilda Swinton, la actriz que representa como nadie el carácter andrógino de sus personajes, lo espera en el set con su cabeza rapada como Ancestral, la sabia y enigmática figura que ha salvaguardado los secretos de las artes místicas durante un largo tiempo. Uno de los asistentes anuncia que antes de filmar habrá un receso. La Nación revista espera con ansiedad el encuentro con el elenco y especialmente con él. Envuelto en una campera que cubre parte de su vestuario, Benedict saluda en un inglés bien británico.
“Lo sé, lo sé. Puede parecer que lo mío no son las artes marciales, pero con práctica todo se consigue –dispara consciente de que una fue testigo de la escena sin fin–. Claramente este personaje impone un desafío físico muy diferente a los que hice antes. Es muy emocionante hacer este tipo de cosas como actor, nunca lo había hecho y quería probar. Así que me dije a mí mismo: ¿por qué no intentarlo? Lo reconozco, no tengo experiencia en artes marciales. La rutina que vieron fue particularmente difícil.”

En Sherlock [la serie de la BBC que protagoniza junto a Martin Freeman] ya habías participado en alguna que otra pelea.
Es cierto, pero nunca nada parecido. Esto es otro nivel, y a la joven y tierna edad de 40 años... (ríe). Estoy fascinado por la disciplina que conlleva. Me parece increíble porque es una danza, es pura coreografía. Estás bailando con tu oponente, y metiendo golpes, pero tenés que estar atento a su ritmo, a sus movimientos. Es agotador, pero muy divertido y a veces, duele y mucho.
Al igual que tantos otros actores que se dejaron tentar por el universo Marvel o DC, que hoy predomina en el cine y en la televisión, Benedict debió trabajar su musculatura. El hombre que supo mostrar la fragilidad en la piel de Julian Assange, Stephen Hawking o Alan Turing luce un cuerpo más marcado, sin la necesidad de llegar al extremo de Chris Evans y su Capitán América. “Comer bien y seguir al pie de la letra las recomendaciones de quienes te entrenan –devela las claves de su preparación–. Ejercicios por la mañana, yoga, una dieta equilibrada y mucha paz mental.”
Su pasión por la meditación, aquella que nació cuando con sólo 19 años decidió tomarse un año sabático y refugiarse en un pueblo cerca de Darjeeling –Bengala occidental en la frontera con Nepal–, vuelve a tomar protagonismo. A diferencia de tantos héroes surgidos de los cómics, el poder de Dr. Strange proviene de los pensamientos. “Su poder, sus puños, proceden de la mente –aclara–. Es interesante por lo que atraviesa y en lo que se convierte: de ser un neurocirujano egocéntrico y capitalista a un hechicero dispuesto a entregarlo todo por el bien de la humanidad [el cirujano vive su punto de inflexión tras un accidente que le destroza su herramienta de trabajo más preciada: sus manos]. Lo que me gusta de este tipo de historias es que te ayudan a entender cómo las circunstancias cambian a los personajes. Recuerdo que al investigar en los cómics me pareció un personaje repulsivo, autocomplaciente y misógino, en definitiva un hombre de su tiempo. Pero el enorme sufrimiento que padece tras el accidente lo lleva a cambiar. Y es en ese cambio que la historia se centra.”
De aquel tiempo en Darjeeling ¿qué enseñanza aún abrazás?
Pasé un buen tiempo en un monasterio budista tibetano. Fueron cinco, seis meses en los que salí de mi zona de confort y enseñé inglés a unos monjes. Estaba interesado en el budismo y la filosofía oriental. Fue increíble porque mientras enseñaba tuve la oportunidad de adquirir un conocimiento más profundo relacionado con la meditación. La verdad es que aprendí más yo de los monjes que ellos de mí. Tan sólo el sentimiento de felicidad, el desear el bienestar de otros, que rodea el lugar, es algo que te marca de por vida, te afecta por completo. Uno logra alcanzar cierto estado de quietud y contemplación. Desde aquellos años practico la meditación, creo que es algo que nos beneficia a todos, amplía tu capacidad sensorial, se agudiza. Como actor es una herramienta maravillosa. Volviendo a tu pregunta, los monjes me hicieron ver la simplicidad de la naturaleza humana, las pequeñas vivencias que hacen posible una vida espiritual plena.

Recientemente visitaste Nepal. ¿Lo hiciste para calar aún más en la fe budista y prepararte para este protagónico?
Esta búsqueda la hago como un individuo que tiene una educación occidental y que intenta sumergirse en la sabiduría oriental. Estas experiencias me sirvieron mucho para entender la transformación de este doctor ridículamente lógico que descubre que debe liberar el poder que tiene dentro para sanar. Es sobre aprender a controlar, mediante el acto de renunciar al control y poder mirar a los demás. Y esto está latente en todo el film, en todos sus aspectos.
¿Incluidos los efectos especiales?
Aquí, los efectos especiales, a diferencia de otras películas de este tipo, se utilizan para algo más que provocar explosiones y destruir edificios: permiten meditar sobre asuntos como la espiritualidad y el misticismo.
Tal vez de ese mismo abrazo espiritual provenga su sensibilidad y compromiso social en causas bien diversas que lo llevaron a recibir, en manos de la reina Isabel II, la condecoración y el nombramiento de Comandante de la Orden del Imperio Británico (CBE) por “sus servicios a la actuación y a la filantropía”.
En su discurso de aceptación, Benedict les pidió a las autoridades internacionales que colaboraran en resolver y atenuar la crisis de refugiados, pedido que mantiene firme y que hace eco permanentemente, como lo hizo luego de una de sus presentaciones de Hamlet, en Londres. Allí exclamó “a la mierda los políticos”, según destacaría luego el diario The Telegraph, y criticó fuertemente al gobierno inglés por no encontrar soluciones para este grave problema que afecta a miles de familias. “Nadie deja el hogar a menos que su hogar sea la boca de un tiburón”, parafraseó algunos de los versos de la poetisa somalí Warsan Shire. Con ese mismo espíritu, también se puso de pie en la lucha contra el cáncer, se posicionó contra el Brexit y encabezó junto al actor Stephen Fry el movimiento Ley de Turing , en honor a Alan Turing, para que todos los homosexuales y bisexuales condenados, por una ley criminal que rigió desde 1885 hasta 1967 en Inglaterra, consiguieran el indulto y el perdón del gobierno británico [en octubre de este año se indultó a 65.000 gays y bisexuales, convictos del delito de indecencia, de los cuales unos 15.000 están vivos]. “Era hora –confiesa–. Estoy muy agradecido de que haya sucedido.”
Gracias a los personajes
Su rostro es peculiar. No hay duda de eso. Él lo sabe y bromea en reiteradas ocasiones sobre su alargada cara, su blanquísima piel y sus pequeños ojos, esos que cambian de color, de verde a azul, según la luz. “Es un halago que la gente crea que soy atractivo, pero me ven así gracias a los personajes que interpreto”, aseguró en una época en la que aún no entendía por qué integraba la lista de los hombres más sexies del mundo y por qué un grupo de mujeres se hizo llamar las Cumberbitches dispuesta a confesar su eterno fanatismo y amor. “No fui yo quien las nombró así. Me da un poco de pudor –hace referencia al nombre que sería algo así como las perras de Cumber–. Pensé que Cumbercollective sería mejor, pero no tuve adhesión”, manifestó el actor ante Ellen De Generes en una visita a su ya clásico programa de televisión. “Mis personajes generan esta locura –bromea–. Mírenme, mi cara es parecida a la de una nutria”, disparó y se divirtió con la descripción de un periodista que consideró que Benedict tiene pinta de extraterrestre. Como sea, resulta difícil quitarle la vista de encima. Sabe que consigue ese efecto. No se incomoda, al contrario, mantiene su mirada en el otro, modula cada palabra y se detiene en acompañar cada respuesta con un breve movimiento de manos.
“¿Doctor quién?”, bromea cuando recuerda el momento en el que le llegó la propuesta de encarnar a este atípico héroe de Marvel, creado en 1963 por Stan Lee y Steve Ditko.

¿Qué lugar ocuparon los cómics en tu infancia?
No había muchos cómics en casa, no era una lectura frecuente. Sí recuerdo a Astérix y Obélix o Tintín, The Beano [una revista de historietas británica para niños]. Me gustaban más esas historias cercanas a la realidad, no era un fanático de los superhéroes. Con los que más me involucré fue con el Hombre Araña y con Batman. A Dr. Stranger no lo conocía [ríe], recién supe de él cuando me ofrecieron el personaje.
Benedict ya se aseguró usar la capa de Strange en producciones venideras, como en Avengers: Infinity Wars (2018), donde esperan que el hechicero supremo se cruce con el mismísimo Iron Man, o sea, que Cumberbatch se encuentre con Robert Downey Jr, del que se considera muy fan. Sin duda, el sueño de miles de seguidores del personaje imaginado por Sir Arthur Conan Doyle. “Imperdible, dos Sherlock Holmes en pantalla”, ríe el actor que en enero próximo estrenará la cuarta temporada de la serie que lo convirtió en una estrella mundial. “Tuve que pedirle consejo a George Clooney sobre cómo manejar esta popularidad”, contó en una entrevista. “Es que soy terrible para estas cosas. No sé si uno se termina de acostumbrar”, asegura. Ante la pregunta de si la cuarta temporada marcará el final de la serie creada por Steven Moffat y Mark Gatiss, Benedict achina aún más sus ojos y no niega ni confirma. Si se tratara de un multiple choice, se limitaría a marcar NS/NC.
Alta sociedad
Benedict Timothy Carlton Cumberbatch nació en el municipio londinense de Hammersmith, el 19 de julio de 1976, hijo de Timothy Carlton y Wanda Ventham, actores de larga trayectoria en la televisión [encarnan a sus papás en Sherlock, la serie]. En los medios ingleses les gusta destacar que Benedict proviene de una familia de alta sociedad: bisnieto de Henry Arnold Cumberbatch, cónsul británico en Turquía y nieto de Henry Carlton Cumberbatch, un oficial de submarinos condecorado en las dos guerras mundiales.
Hiperactivo, ansioso y malhumorado, de niño concurrió a Harrow School, un internado carísimo del que se hizo cargo una de sus abuelas. En esta prestigiosa escuela del noroeste de Londres recibió una educación de élite con una férrea disciplina y un empuje hacia el universo creativo.
Antes de decidirse por la actuación, llegó a imaginarse como abogado criminalista. “No era raro que lo pensara, de hecho tiene mucho de actuación, hay toda una puesta en escena – reconoce–, pero seguí mi camino, el mismo que una vez decidieron tomar mis padres.” Estudió drama en la Universidad de Manchester y luego en la Academia de Música y Artes Dramáticas de Londres, donde se graduó tras escribir una tesis sobre el director Stanley Kubrick, su realizador favorito.
“Es como ver a un gimnasta olímpico en movimiento –dijo J. J. Abrams luego de dirigir a Cumberbatch en Star Trek: En la oscuridad–. Es uno de los mejores actores vivos. Imaginaba que iba a ser bueno en cualquier cosa, pero lo elevó todo.” Las palabras de Abrams se repiten en cada uno de los directores que trabajaron con el actor. El propio Steven Spielberg, quien lo convocó para su película War Horse, se deshizo en elogios y considera que el Sherlock de Cumberbatch es el mejor que haya visto. “Benedict seguirá adelante haciendo cosas magníficas, pero la gente siempre lo recordará como Sherlock Holmes”, aseguró Steven Moffat, uno de los dos creadores y escritores de la serie. “Fue un casting glorioso, uno de esos momentos irrepetibles, como cuando Sean Connery interpretó a James Bond por primera vez. Sherlock es el rol que hizo sexy a Benedict y al mismo Holmes.”
De formación shakesperiana con un importante recorrido teatral que reafirmó con la miniserie The Hollow Crown, donde interpreta al villano Ricardo III, y con la puesta en 2015 de Hamlet, con una celebrada actuación con todas las entradas vendidas un año antes del estreno, Cumberbatch no reniega de que lo señalen como el heredero de Laurence Olivier, pero le quita peso al mandato y explora todas las vertientes que ofrece la actuación, ser la voz del dragón de El hobbit, dándose el gusto de soñar con poner el cuerpo, en un futuro, a Elvis Presley, o divertirse en el enfrentamiento animado con John Malkovich en Los Pingüinos de Madagascar. “Cada papel requiere de una energía diferente. Siempre intento ponerme en los zapatos de cada personaje, busco entenderlos, no juzgarlos –explica–, me gusta indagar en historias bien diferentes, como es el caso de este cirujano egocéntrico. Para mostrar su esencia, su formación, su manera de pensar, su egocentrismo, leí un muy buen libro de Henry Marsh [uno de los neurocirujanos más conocidos del mundo; controvertido y mediático, por sus manos han pasado más de 15.000 pacientes y formó a un centenar de especialistas internacionales] lo que me permitió meterme en la cabeza de un hombre capaz de salvar vidas. Disfruté mucho de este aspecto del personaje y el cambio tan radical que luego transita.”
Con su cabeza rapada, Tilda Swinton apura a Benedict. “Es hora de tu entrenamiento”, le dice ya metida en su rol y para sorpresa del actor. Se deja llevar dispuesto a develar las artes místicas y así transformarse en “el brujo principal en la Tierra –según sus palabras–, el defensor de nuestro reino frente a las amenazas de otras dimensiones”. A los pocos minutos se lo ve en la cima de las montañas del Himalaya junto al Ancestral. Un ventilador gigante sopla y simula los aires de aquel inhóspito lugar. Benedict sonríe ante la cámara y se despide de quienes fuimos testigos de lo que es capaz de generar la magia del cine.

1976
Nace el 19 de julio, en Inglaterra. Sus padres: los actores Timothy Carlton y Wanda Ventham
2000
Debuta como actor en la serie Heartbeat. Al año siguiente comienza su carrera teatral
2010
El 25 de julio, a las 21, la BBC pone en el aire el primer episodio de Sherlock, la serie que cambiaría para siempre su vida
2015
Es nominado al premio Oscar al mejor actor por El código enigma; finalmente lo gana Eddie Redmayne
2016
Casado con la actriz y directora Sophie Hunter, en el estreno de Dr. Strange anunció que esperan a su segundo hijo
El futuro
En enero próximo estrenará la nueva temporada de Sherlock. En 2017 rodará The Current War, donde interpretará a Thomas Adison. Pondrá la voz a Shere Kan en la nueva versión de El libro de la selva y volverá a ser un héroe en Avengers: Infinity War



