Cohen Agrest: "Los jueces, no la Ley Blumberg, hicieron que creciera el delito"

Diego Sehinkman
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20 de octubre de 2019  

Diana Cohen Agrest es doctora en filosofía, directora del área de Bioética de la Universidad Isalud y fundadora y presidenta de la Asociación Civil Usina de Justicia. Desde el dolor por el asesinato de su hijo Ezequiel, en 2011, esta filósofa especializada en bioética reflexiona sobre delito, penas, el rol de la Justicia y la posible reforma del Código Penal.

-Sos muy conocida por tu trabajo en Usina de Justicia y por tus libros y artículos sobre filosofía y bioética. ¿Cómo fue tu recorrido profesional y vocacional?

-Yo quería ser rabina hasta que me dijeron que las mujeres no podían serlo. Y me resigné. Una noche, observando un cielo estrellado en compañía de una prima mía -yo tenía 13 años-, empecé a preguntarme sobre el ser, el infinito y la nada. Entonces, le dije a mi prima: "Yo quiero estudiar todo esto". Y "esto" se llamaba filosofía. Ahí decidí mi carrera. Como no podía ser rabina, esa vocación me vino como anillo al dedo porque, en última instancia, los interrogantes de la religión y de la filosofía están muy próximos. Hoy siento que la filosofía te da respuestas que no te da la religión. Si bien la religión te da otras respuestas que no te da la filosofía, yo prefiero no esperar respuestas de ese orden y enfrentar las cosas filosófica y no religiosamente.

-¿Cuándo te empezaste a interesar por temas de bioética?

-Cuando mi mamá se enfermó de Alzheimer. Ahí me pregunté qué sentido tiene la vida cuando la vida perdió todo sentido. Un día la fui a ver y me dijo "Diana. ¿Quién es Diana?". Ahí me di media vuelta y me fui llorando. Entonces empecé a trabajar en bioética, me formé bastante y después hice la maestría en Australia. Realmente cambió mi vida. Hegel decía que la filosofía es como el Búho de Minerva, que levanta el vuelo al atardecer. Es decir, la filosofía siempre analiza lo acontecido. Yo creo que con la ética práctica, sobre todo con la bioética, vos estás analizando lo que todavía no aconteció. Un ejemplo entre cientos: ¿qué nos parece elegir el sexo de un hijo a través de una selección de embriones? Lo que te permite la bioética es pensar las categorías éticas con las cuales uno debería guiar esa práctica y, por lo tanto, contribuir a la sociedad en la que deseamos vivir. Construye la ética del futuro.

-En 2011 asesinaron a tu hijo Ezequiel. Hay un concepto que vos enunciás, el de "ausencia perpetua", en relación con la pérdida de un ser querido y en un juego de palabras que remite a la cadena perpetua. ¿Pensás que el que produjo la ausencia perpetua merece cadena perpetua?

-Absolutamente. Y acá hay dos cosas: te aclaro que el asesino de Ezequiel había cometido nueve delitos previos. Uno de los delitos era de robo con portación de arma de guerra. ¡Con arma de guerra! Y los jueces de Morón lo liberaron, a pesar de que tenía ese prontuario. Al mes lo mató a Ezequiel. Yo siempre digo: ojalá pudiera tener a mi hijo en una cárcel e ir a verlo y que él pueda tener un hijo, que pueda estudiar, que pueda trabajar y que pueda hacer una vida vivible.

-¿Dónde está hoy el asesino de tu hijo?

-Preso. Le dieron 18 años más 5 por la condena que tendría que haber cumplido. Yo tengo un lema personal, que no es de Usina de Justicia: "Asesino o violador encerrado, es violador o asesino que no delinque extramuros". Es muy simple. La cárcel cumple varias funciones al mismo tiempo. Es ejemplificadora, es disuasiva y también es retributiva, porque el que delinque está pagando un costo simbólico por el delito que cometió.

-¿Qué les responderías a los que objetan que, con la Ley Blumberg, que en teoría endurece las penas, el delito no bajó?

-Esa es una chicana, porque la Ley Blumberg no se cumplió. Las penas tienen que ser proporcionales. Blumberg logró subir las penas para ciertos delitos, y no subieron las penas para los otros delitos. Entonces, cuando se tenía que aplicar la Ley Blumberg, no la aplicaban porque decían que era desproporcionada. Un círculo vicioso, viciado por los propios jueces. Fueron los jueces, no la Ley Blumberg, los que produjeron que creciera el delito.

-¿Qué pensás de la reforma del Código Penal?

-Esta reforma, como está planteada, es irracional. ¿Cómo puede ser que una persona que mata, a los cuatro años, término medio, esté en la casa? ¿Dónde está la proporcionalidad? Lo que está haciendo este Código es privatizar la pena. Trata de transmutar la pena en una multa.

-En Twitter escribiste que la mirada de tu hijo Ezequiel orienta tu vida y tus actos. ¿Qué podés decir de esa mirada?

-Los que perdimos un hijo no somos ni mejores ni peores, a los sumo nos partimos en dos: así como en Occidente dividimos el tiempo histórico en antes y después de Cristo, nosotros dividimos nuestra temporalidad en antes y después de la muerte de un hijo o una hija. Uno lucha por darle un sentido a aquello que no tiene sentido. Por más que yo no crea en otra vida, esos ojos me miran. Los tengo yo internamente. Yo puedo equivocarme, como cualquiera, pero lucho para que la muerte de Ezequiel tenga un sentido para los demás. Sé que con este movimiento, impulsado con otra gente, estoy salvando muchas vidas. Esas otras vidas son las que de alguna manera le dan sentido a la muerte de mi hijo. Uno no elige siempre lo que a uno le pasa. Pero puede elegir qué hacer con aquello que le pasa.

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