
Colin Farrel: Bad boy 2003
El indómito irlandés que se enfrenta con Ben Affleck en Daredevil conjuga una carrera meteórica (en poco tiempo compartió cartel con Bruce Willis, Tom Cruise y ahora con Al Pacino) con la figura del chico rebelde y divertido que le asegura un lugar destacado entre las nuevas estrellas de Hollywood
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Embriagador como una botella de Jack Daniel«s, así es Colin Farrell, el irlandés de 26 años, el nuevo bad boy de Hollywood al que muchos acusan de poseer un carisma infeccioso, como si se tratara de un conjuro mágico e irresistible. Nada ni nadie parecen intimidarlo. "Es un auténtico irlandés callejero", dijo Joel Schumacher cuando lo dirigió en la experimental Tigerland, la producción que le abrió las puertas de los Estados Unidos y que lo impulsó al ascenso con títulos taquilleros como Minority Report (Sentencia previa), Daredevil y El discípulo, que llegará a la Argentina el próximo 3 de abril.
De lengua suelta al mejor estilo The Osbournes y con un prontuario que lo muestra como mujeriego (su matrimonio con la actriz Amelia Warner sólo duró cuatro meses), a favor del sexo casual ("soy lo que ellas quieren y ellas son lo que yo quiero", es su declaración de principios), fumador y bebedor empedernido, Colin ya vive a la sombra de los repetidos James Dean. "No sé realmente qué significa ser un bad boy -dice irónicamente desde Londres, del otro lado de la línea-. Sin duda, yo no lo soy, al contrario, soy un gran muchacho que sabe cómo divertirse y que disfruta de buenas compañías." Por sus brazos ya pasaron nada menos que Naomi Campbell, Demi Moore, la playmate Nicole Narain y Britney Spears. Ahora está pensando en conocer a Nicole Kidman.
Le gusta autodefinirse como un chico típicamente irlandés, con lo que justifica sus dos cervezas Carlsberg en el desayuno, "la dosis necesaria para empezar bien el día, es mi leche materna". Tiene en claro que si no fuese por el alcohol, los irlandeses ya estarían en la cima del mundo,"pero no nos interesa, estamos felices con lo que hacemos y con lo que somos."
Creció en Castleknock, un suburbio de Dublín, Irlanda, bajo la influencia de Steve McQueen, Marlon Brando, Montgomery Clift y Ernest Borgnine; el erotismo de Marilyn Monroe, que asegura haber sido la primera mujer a la que amó, y las producciones de Steven Spielberg. "Jamás imaginé que iba a ser parte de Hollywood", confiesa. No hace mucho había dado sus primeros pasos como jugador de fútbol, algo inevitable siendo hijo de Eamon Farrell, destacado futbolista irlandés. "Hace tiempo que le dije adiós -dice de la pelota-, pero cuando veo una no puedo resistirme y algo peloteo."
Para alguien con su carisma y su energía no fue fácil crecer en un lugar como Castleknock, donde la diversión, además de las peleas en la escuela, pasaba por robar latas de gaseosas, cervezas, cigarrillos, mezclar el cointreau con whisky y ginebra y de tanto en tanto, fumar heroína. "No me gusta analizar mi vida demasiado, sino vivirla -aclara-. En casa siempre procuramos tener una mirada simple de las cosas. No creo en eso de dividir las aguas en buenas y malas."
En plena promoción de El discípulo, la película en la que comparte cartel con Al Pacino, Colin se hace tiempo para recorrer los pubs londinenses. "Disfruto al máximo el estar con mis amigos y mi familia", reconoce. A pesar de su fama , le gusta tener cerca a personas de confianza. De hecho, su hermana Claudine trabajó como su asistente en su nuevo film. "Todo lo que tengo lo logré trabajando duro y dando lo mejor de mí; no se trata sólo de una imagen que venden de vos -dispara-. Las imágenes prefabricadas se deshacen rápidamente."
Su carrera se fue armando a fuerza de trabajo, de estar en el momento adecuado en el lugar correcto, aunque ello significara ser la segunda opción de los directores de Hollywood. Reemplazó a Edward Norton en En defensa del honor; a Matt Damon y luego a Javier Bardem en Minority Report ( Sentencia previa ), y a Jim Carrey en Enlace mortal, película que demoró su estreno en los Estados Unidos por la similitud con el asesino francotirador que aterrorizó por varios días a Washington y que llegará a los cines locales el 5 de junio. "No tengo problemas en ser la otra opción, lo que importa es lo que se ve, lo que sale, no lo que pudo haber sido -aclara-. Tampoco me importa que me digan que sólo protagonizo grandes producciones de Hollywood. Soy afortunado por poder trabajar con los grandes, con un Al Pacino. ¿Sabés lo que significó para mí toparme con Scarface, con Michael Corleone? Fue un curso intensivo, en el que compartía el día a día con un maestro de la actuación que me marcaba las escenas -confiesa con relación a su trabajo en El discípulo -. Fue una de las experiencias más excitantes de mi vida. Pacino es un verdadero reclutador."
A pesar de haber compartido cartel con monstruos como Bruce Willis, Tom Cruise y recientemente con Samuel L. Jackson en la adapatación de la serie de TV S.W.A.T, Colin asegura que, a la hora de elegir los proyectos, lo que más pesa son los guiones. "Todo tiene que estar en un perfecto equilibrio entre el director, los actores y el guión -sostiene-; en definitiva, la historia es la columna vertebral de cualquier film."
Con un cachet que ya supera los 8 millones de dólares por película ("jamás imaginé ganar tanto"), Colin espera el que será, sin duda, uno de sus mayores desafíos, Alexander. La película que dirigirá Oliver Stone lo pondrá en la piel del rey de Macedonia y luego deberá enfrentar al otro Alejandro Magno, Leonardo DiCaprio, en la versión que Baz Luhrmann ( Moulin Rouge ) hará de su vida en Alexander the Great. " Tenemos pautados tres meses de preparación -anticipa sobre la producción de Stone-. Va a ser una dura tarea, habrá mucho trabajo, actividades físicas, peleas y cabalgatas."
Sabe que es uno de los chicos más buscados en Hollywood y su rebeldía un juego que le permite estar donde está. "El domingo me pongo el smoking y voy a los Oscar." Colin será uno de los presentadores y espera (tras su desliz en los Globo de Oro, donde soltó una mala palabra en vivo) solamente pasar un buen momento.
A la fama por asalto
- Antes, mucho antes de su aplaudido papel como Bullseye, el asesino psicótico y despiadado en Daredevil, el exitoso film basado en el cómic de la Marvel que se estrenó ayer en los cines locales, en donde rivaliza en todo sentido (algunos aseguran que hasta se roba la película) con el héroe interpretado por Ben Afflek, fue bailarín y participó en una gira con un grupo de danza por Irlanda y Australia. De regreso en Dublín se inscribió en una escuela de artes dramáticas y al poco tiempo dio sus primeros pasos en la TV británica con Ballykissangel (1996) y Falling for a Dancer (1998). Al cine llegó con la opera prima de Tim Roth, The War Zone (1999), a la que le siguió la película de gángster irlandeses Ordinary Decent Criminal (2000), de Thaddeus O«Sullivan, coprotagonizada por Kevin Spacey. Fue el papel de Boz, un recluta alborotador en la antibélica Tigerland (2000), de Joel Schumacher, el que le abrió las puertas a Hollywood.
Ni lerdo ni perezoso, hizo de Jesse James en la no muy afortunada Renegados americanos (2001), de Les Mayfield, y compartió cartel con Bruce Willis en el drama bélico En defensa del honor (2001), de Gregory Hoblit. De allí su carrera siguió en alza con Minority Report, de Steven Spielberg, al lado de Tom Cruise. Luego siguió la postergada Enlace mortal, que lo volvió a unir a Schumacher, con quien además trabajó en Veronica Guerin (2003), drama que recrea el asesinato de la periodista irlandesa asesinada por narcotraficantes. El discípulo lo unió a Al Pacino, en este thriller dirigido por Roger Donaldson que se sumerge en el mundo del reclutamiento de jóvenes aspirantes de la CIA y que en sus primeros tres días de exhibición en los Estados Unidos recaudó 16,5 millones de dólares. Pronto lo veremos en S.W.A.T., junto a Samuel L. Jackson en la adaptación de la clásica serie de TV; (con suerte) en Intermission, producción independiente irlandesa, dirigida por John Crowley III y Mark O«Rowe; y en la ambiciosa Alexander, de Oliver Stone. Hay quienes ya lo postulan como el Superman de las nuevas generaciones.
Los herederos del trono
James Dean . Vivió rápido y murió joven. Se convirtió en el icono del actor rebelde.
Marlon Brando . Con Nido de ratas (1954) se consagró como nuevo referente.
Peter Fonda . Protagonizó Busco mi destino (1969), film emblemático de los años 60.
River Phoenix. El Dean de los 80. Murió a los 23 años de una sobredosis.
Johnny Depp. Con Cry-baby, de John Waters, se aseguró un lugar en los 90.
Christian Slater. Un actor demasiado conflictuado para el sistema.
Robert Downey Jr. La última gran víctima de la meca del cine.






