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Grandes Esperanzas

Componer melodías y fútbol para superar la muerte de su mamá y otras adversidades

Alejandro Gorenstein
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30 de noviembre de 2018  • 00:55

"No te enojes si te toca perder / A partir de los errores/ Vas a aprender. / Cuando ganes primero agradece/ No te olvides de tu gente/ Los que te ayudan a crecer./ Y si fallamos pero lo intentamos/ No te lamentes, nada fue en vano./ Que en el juego/ Como en la vida/ Será un campeón/ Quien pueda vencer/ Tristezas con alegrías".

Estas estrofas del tema "Campeón" que Nazarena González (25) compuso, resumen casi a la perfección lo que fueron estos últimos años de su vida en los que tuvo que sobreponerse en varias circunstancias a situaciones dolorosas que la fueron marcando y, principalmente, transformando positivamente.

"Tenés que hacer todo para ser feliz"

El primer gran golpe fue en el año 2012. Una mañana en la que aún estaba durmiendo en su casa junto a una de sus hermanas, su mamá la fue a despertar pero no se podía expresar. Naza pensaba que la estaba cargando porque hablaba trabado. Sin embargo, lo llamó a su papá y de inmediato la trasladaron a un hospital donde le diagnosticaron un ACV. Quedó internada y le hicieron estudios complementarios que arrojaron que tenía cáncer en el pulmón y metástasis en varias partes del cuerpo.

"Hizo quimioterapia, la peleó hasta el último momento, pero iba de mal en peor. Lo más fuerte para mí era convivir con una persona que sabíamos que estaba en sus últimos días pero tratábamos de darle lo mejor. Yo tenía que estar convencida de que ella podía seguir viviendo, le daba mensajes de aliento, trataba de hacerla reír, con mis hermanos le escribíamos carteles para motivarla en su habitación, la colocábamos música, siempre tratando de estar de buen humor para mostrarle otra realidad", recuerda Naza.

Sin embargo, esa realidad sacudió a toda su familia cuando su mamá falleció aquel 13 de febrero del 2013.

A medida que Naza fue procesando el dolor por esa pérdida, comenzó a transitar por un período de transformación personal. "Aprendí que un día estás y al otro día no, que cada segundo de tu vida cuenta y que tenés que hacer todo para ser feliz. Yo no iba a hacer cosas que no me interesaran y que no me hicieran feliz por el simple hecho de tener una obligación. Lo que vale es el tiempo: yo quiero disfrutar la vida y cuando me toque no estar, poder decir que el tiempo que viví pude hacer todo lo que me hacía feliz sin reprocharme nada", se decía a sí misma en aquel entonces.

Hasta ese momento ella estudiaba para ser maestra jardinera que si bien era algo que le gustaba, no era lo que realmente la apasionaba. Entonces, dejó esa carrera, arrancó con el profesorado de Educación Física y comenzó a involucrarse más con el fútbol, deporte que practicaba desde los 13 años (en cancha de 11) y desde los 18 (en futsal), siempre en Huracán, el club de sus amores. Además, empezó a trabajar como profesora de fútbol con chicos de 4 a 13 años, realizó un curso de preparadora físico y otro de técnico y formadora infantil.

Resiliencia

A pesar de toda esa transformación y crecimiento personal que Naza venía transitando, el 2016 fue un año bisagra en su vida: estaba muy triste porque se había separada de su novio y había perdido el vínculo con su familia. Como ella misma dice, estaba inmersa en un círculo de situaciones negativas. En ese momento de soledad y de desesperanza se acordó que en una de las clases de Nivel Inicial un profesor les había entregado una fotocopia que explicaba el significado de la palabra resiliencia, la capacidad de superar situaciones traumáticas y salir fortalecidos. A Naza le había quedado resonando esa palabra, se sentía identificada y decidió tatuársela en su brazo izquierdo. "Si bien en ese momento estaba de mal en peor, nunca perdí esas ganas de mejorar mi vida. Tenía claro que para que me fuera bien, yo tenía que estar bien. Si estaba mal iba a seguir atrayendo cosas negativas a mi vida, en el fondo sentía que tenía esa fuerza motora de creer que todo iba a estar bien, por más que todo estuviera mal . Sabía que era una prueba más, tenía que meterle para adelante y el tatuaje fue como un símbolo para que siempre tuviera presente esta palabra".

"Hacé lo imposible por lograr tus metas y no renuncies en el intento"

Naza venía jugando al futsal en la Primera de Huracán hasta que en marzo del 2017 se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha. Además, por aquel momento se quedó sin trabajo. Estaba de mal en peor. No podía hacer lo que más amaba en el mundo y seguía distanciada de sus seres queridos.

Una noche fue a buscar un libro a su biblioteca y no bien lo abrió se cayó al piso una carta que le había escrito la mamá cuando se había ido de viaje de egresados en el año 2010 y que ella no recordaba que aún la conversaba. "Hacé lo imposible por lograr tus metas y no renuncies en el intento. Seguí siempre tus sueños, aunque a veces sea difícil porque después de todo, es esa la vida. Mamá".

Ese mismo día juntó a su papá y a sus hermanos, les leyó la carta, tuvieron una charla y de a poquito comenzaron a recuperar ese hermoso vínculo que siempre habían tenido. "Esa carta fue un disparador para decir ´hasta acá llegamos, empecemos a levantar´".

Unos días antes de lesionarse, Naza se había comprado una guitarra pero no se había percatado que en la funda traía una cinta de papel donde se leía "AMA". Cuando regresó a su casa la noche en que se había lesionado prestó atención a esas siglas y lo tomó como un aviso. "Sentía que como iba a estar mucho tiempo sin jugar debía hacerme amiga de la guitarra y tenía una señal clara que decía amá que era lo que yo en ese momento no estaba haciendo. Era lo que tenía que hacer: amar a la vida, a cada uno de mis vínculos, a mi trabajo, dar lo mejor de mi sin importar lo que me daba el otro".

Como debió permanecer mucho tiempo sin estar adentro de una cancha, aprovechó para tocar la guitarra y esa inspiración le permitió componer letras que la fueron ayudando a seguir adelante. "El fútbol y la música en mi vida los veo como medios a partir de los cuales puedo transmitir muchas cosas, entre ellas a no darme por vencida, a creer, a disfrutar y a vivir la vida al tope".

Y a una de sus canciones la título "Resiliencia".

"Historias de un tiempo atrás / Que se hicieron recuerdo/ / Me caí, me perdí, me rompí/ Pero volví al juego./ Transformé el dolor en amor/ Eliminé el sufrimiento/ Me dijeron que no podía/ Y volví a hacerlo./ Y hoy acá estoy/ Andaba medio roto/ Me extrañaba un poco/ Pero volví a ser yo".

La esperada vuelta

Mientras estaba en plena recuperación Naza canalizó toda la ansiedad para acompañar y alentar a sus compañeras. Junto a las otras chicas que no podían jugar formó un grupo en donde juntaban papelitos, globos, carteles y armaban canciones y videos motivacionales. De alguna manera no quería quedarse afuera.

El 25 de marzo de este año, justo cuando se cumplía exactamente un año de la lesión, volvió a las canchas en un partido contra Ferro, en la segunda fecha del campeonato. Sentía adrenalina, ansiedad y miedo. Todas esas sensaciones juntas, pero tenía claro que lo tenía que disfrutar porque había estado un año esperando ese momento. "Siempre traté de dar lo mejor, no solo adentro de la cancha, sino desde el vínculo con las chicas. Creo que lo que ellas más valoran de mi tiene que ver con la motivación, con hacer creer, con la esperanza, me identifico y trato de contagiar todo eso", dice Naza, que lleva el número 11 en su camiseta y el globo a la altura de su corazón.

El grupo, cuenta, fue de menor a mayor, creciendo durante todo el año, atravesando diferentes adversidades. "Hoy en día considero a cada una de ellas mis amigas, nos vemos casi todos los días, comemos juntas, hay que ir a bancar a una compañera y vamos todas. Una de las promesas que hicimos es pasar año nuevo juntas. Y todo esto fue fundamental para poder llegar a la final de la Copa Argentina".

Actualmente, Naza estudia el profesorado de Educación Física y trabaja en una escuela de baby futbol y en un polideportivo dando clases a chicos de 4 a 16 años. También hace entrenamientos personalizados. "Me encanta trabajar con los chicos, cada edad tiene algo especial, les podés brindar algo distinto, yo trato siempre de que entiendan que más allá de ganar o de perder hay otras cosas, la idea es formarlos para que puedan salir a pelear la vida, para que sepan afrontar la derrota y puedan disfrutar de las victorias".

A diferencia de otras chicas que anhelan con jugar en el exterior o ser convocadas a la selección, su sueño es salir campeón con Huracán. A nivel profesional, desea poder recibirse y seguir creciendo en el deporte para poder transmitir sus conocimientos, pero fundamentalmente su pasión.

"La carta de mi mamá fue el disparador, la tengo siempre presente, hoy en día estoy plena, estoy feliz y creo que fui cumpliendo con lo que ella me dijo y es el día de hoy que lo sigo haciendo".

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