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Cualquiera puede ser estrella.com

Con la masificación de las webcams, muchos cibernautas decidieron transmitir escenas de su vida cotidiana a través de Internet. Basta con una cámara y una conexión a la red para intentar ser famoso. Y, en los mejores casos, ganar el favor de algún auspiciante
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19 de marzo de 2000  

Hay una esquina totalmente olvidable con árboles secos, gente marchita y humo gris. A pocos segundos de distancia, una estudiante de Texas muestra postales perfectas de su cuerpo y jura que con una gota de tu credit card, honeybee, podrás ver todo lo que quieras. Hay también una familia muy normal abriendo las fauces de su heladera inmensa, y hay un surfista con piel California clavado en las olas como un dardo de neoprene.

Hay de todo, todito, en la viña de Internet. Y con la llegada de las webcams, ojos bien abiertos en la noche virtual, la cosmopista ha puesto su carne en la ventana. Estos aparatos son cámaras filmadoras que transmiten en vivo y se ubican donde mejor calcen o sobre el monitor de la PC.

Nadie sabe cuánta gente ha encastrado esta lente en su rutina. En algunas consultoras aseguran que es un tema muy poco relevante como para hacer un estudio pormenorizado. Otras empresas, en cambio, justifican la falta de datos en el crecimiento vertiginoso y permanente que tiene la mayoría de los accesorios relacionados con la informática. "No hay números porque la cantidad de ventas se mide en dinero y ésa es información confidencial -aclara Alberto Luque, gerente de comunicaciones de la representación argentina de Intel, la multinacional encargada de fabricar cerca del 80% de los microprocesadores que se venden en todo el mundo-. No obstante, es cierto que desde 1999 hubo un crecimiento muy fuerte, superior al 160%. Hay más conocimiento, la gente ve con menos miedo a Internet. Muchos la adoptan para conectarse con familiares que están lejos. Tenemos modelos que se venden para que el público los pueda tomar de la góndola e instalar sin abrir la máquina." Gracias a estos artefactos, muchos internautas que antes navegaban en las sombras hoy tienen una lente que los muestra en tiempo real. Ahí están: golpeando su teclado, rascándose un grano o hablando por teléfono. Ahí están, simplemente estando, porque no hay que hacer show para salir al aire. Y es que las webcams han creado una ilusión -otra más- en el mundo virtual: que la fama puede democratizarse. Que si Andy Warhol habló de quince minutos de celebridad, las webcams nos ofrecen una vida entera. Que no hay que ser político, cantante o actor para meterse en la pupila de miles de personas. Que usted, en fin, también puede ser una top star y saludar al pueblo desde un sillón del living.

"No cambiamos de actitud cuando estamos con la cámara prendida ni tenemos conciencia de que nos está mirando un montón de gente. Jamás pensamos en el estrellato." Las que hablan no son las Spice Girls ni las hermanas Pons. Son, simplemente, Anabella y Jessica Parmigiano: dos chicas normales con trabajos normales y una casa en Caballito. Desde la calle, un paredón grueso frustra las miradas indiscretas. Pero basta con pararse frente a la puerta para ver, rendijas mediante, los inmensos ventanales del living.

Una rendija similar es la que diariamente observan unas ocho mil personas cuando entran al sitio de las Parmigiano. Hace cuatro años y medio que están en la red, pero el chiche llegó hace tres. "En un principio, lo habíamos comprado para contactarnos con familiares que viven en el exterior. Acá no existían páginas con webcam, el boom fue hace un año. Nosotras fuimos las primeras", dice Anabella, anchísima, mientras un ojo de vidrio nos enfoca para enviar la imagen al espacio.

Se acerca una nena muy rubia. Entra en cuadro, tal vez sin saberlo. O sabiéndolo, pero a quién le importa. Se llama Abigail, no sonríe tal vez por vergüenza y debe cruzar el living para ir a un cumpleaños. Es hija de Anabella. A los 7 años, tiene su página en la web y una columna en la tele por cable. "Desde que era un bebée yo le daba la mamadera con una mano mientras que con la otra manejaba el mouse. Al año, Abigail ya escribía Mickey en la compu -cuenta la mamá, tan feliz-. Si te acercás a tocar su página de Pokémon te mata. Ya la contrataron para un segmento de informática del programa del Teto Medina. Pero nosotras con esto no ganamos un centavo. Hay gente que pone en su casa como diez cámaras y consigue auspiciantes y levanta no sé cuánta plata. Nosotras no. Tenemos tres cámaras: una en esta casa, una en lo de Jessica y una en lo de nuestros viejos, que es la mejor porque funciona con cablemódem." Cablemódem. El Concorde de los cielos virtuales. Cablemódem -caro, pero el mejor- significa dos cosas: no hay que usar la línea de teléfono para estar conectado y la imagen se renueva con mayor rapidez. Ocurre que la tecnología aún no permite que la imagen sea fluida. En los peores casos, se actualiza cada veinte minutos y la figura en pantalla avanza al paso de una tortuga cansada. En mejores oportunidades, la imagen se modifica cada dos minutos. Y si hay cablemódem se renueva a los cinco segundos.

Fue a través de esta flecha veloz que la familia Parmigiano compartió fiesta, Navidad y champagne con varios cibernautas del planeta. "El 24 dejamos prendida la cámara en lo de mis viejos -cuenta Jessica-. Hay tanta gente sola que si les podés hacer compañía al menos a la distancia... Es increíble, pero durante esa noche muchos nos escribieron de países que ni siquiera sabíamos que existían. Nos la pasamos respondiendo mails, que es mucho mejor que tener que escuchar a la familia."

Se ríe Jessica. Y cuenta que esa noche los mensajes fueron muy navideños: que cómo con tanto frío la familia estaba en margas cortas, que dónde está el pavo o acaso es que no comen pavo para Navidad en la Argentina, que por favor levanten un papel con mi nombre escrito, que salud y buenos deseos. Pero hay otros días, menos emotivos, en los que las preguntas dejan de ser tan ñoñas. "Hay muchos yankis que piden que nos desnudemos, pero con mucha educación. Por favor, quisiera saber a qué hora te desnudás, preguntan. Por suerte, la privacidad empieza cuando decidís apagar la cámara. Ya nos hartamos de decir que no nos desnudamos. Aunque la verdad -bromea Anabella-, si pudiéramos ganar 45 millones de dólares al año como Jenni... habría que pensarlo".

Un aplauso para Jenni. Y quince pesitos, si quieren verla. La pantalla muestra un ángel rubio que empina las cejas con dudosa ternura. Al pie de la imagen, una frase da comienzo a la maratón por la mansión Jenni. "¿Podés mantener un secreto?" pregunta, buenita. Y luego nos invita a escarbar en su alma. Podemos saber todo sobre ella: su primer amor, sus gustos musicales, sus libros preferidos, su bebida favorita y hasta sus sueños (literalmente: el tedioso y confuso paso a paso de las historias que la asaltan mientras duerme). Hasta aquí, la información es gratuita. Quienes no suelten un centavo sólo tendrán acceso a una imagen que se actualiza cada 20 minutos. Dinero mediante -quince dólares anuales-, hay pase libre para las seis cámaras que sueltan su retina por todos los rincones de la casa, habitación y baño incluidos. En estos casos, la imagen se actualiza cada 30 segundos. Allí está Jenni: de 23 años y buenas curvas criando ratones en miles de pantallas ajenas. Y es que no hay segundo censurado en este hogar: se puede ser testigo de cómo Jenni muerde un sándwich, juega con el gato o ama con todas las manos a su novio. Gracias a estas perlitas, es uno de los personajes mas célebres de Estados Unidos. No hay programa de televisión que no la haya tenido de invitada. "Quizás Internet me esté chupando la vida -se ufana-, pero ¡qué buena forma de morir!"

Cuatro millones y medio de personas presencian su agonía diariamente, y en los primeros tiempos -cuando no había tanta competencia y se cobraba 15 dólares al mes- dejaron en su chanchito aportes a la causa por más de 40 millones de dólares anuales. "No es una página de desnudos, sino de vida real", explica en su sitio. Y, sin saberlo, recrea una de las principales contradicciones de Internet: que cualquiera puede ser famoso. Ella, que ahora es más célebre que Monica Lewinsky, ya no es cualquiera. O, por lo pronto, es la única que prefiere no participar de esta nota. Y sus engreídos gatos -tienen su propia webpage y dirección de mail- directamente no contestaron. Los animales tienen buen rating en la web.

"Hay dos cosas que a la gente le gusta mirar: personas trabajando y mascotas." La frase -que ha omitido la silenciosa adicción internacional por los desnudos- llega de los dedos de Mark Sturdevant, un ejecutivo de 48 años que empapeló con cámaras un negocio de acicalamiento de mascotas. Allí se puede ver a los bichitos en pleno servicio de coiffeur, bajo la ducha o sufriendo una manicure. No son tan sensuales como Jenni, pero captaron la atención de varios auspician-te y cibernautas, incluido un equipo coreano de producción televisiva que viajó hasta los Estados Unidos para hacerles una nota.

"Las cámaras parecen ser una tendencia en ascenso en mi país y en el mundo -admite Sturdevant-. Están en la calle observando el tráfico, en negocios mirando clientes y ahora las ponemos sobre nuestras computadoras para mostrarnos y ver a otros. Afrontémoslo: a la gente le gusta mirar." Mark Nash lo sabe. El dice que no hay diario, panfleto o altavoz que supere la contundencia de una sola imagen. Y es así como su Fundación de Halcones Canadienses instaló webcams en el centro de Toronto y en otras cinco ciudades más, para seguir paso a paso la construcción del nido de las aves.

"Hacemos esto por amor a los halcones. Tienen 4000 años de historia y fueron barridos de Norteamérica por la aparición de los pesticidas. La idea de la cámara es para ver si otras personas también se ocupan de este tema. Las imágenes dicen más que mil palabras y tienen mayor impacto que un millón de artículos. Nuestro sitio pasó de 900 visitas mensuales a 300.000, gracias a las cámaras. El único problema es que mantener los costos es complicado y estamos buscando avisadores que nos ayuden a mantener el sitio.

Los Essen lo hicieron. Los Essen, una familia muy normal con cuatro hijos, gato y una casa en las afueras de Estocolmo, lograron cumplir el sueño del cibernauta: su única cámara tiene un auspiciante de primera línea. Un acertijo para los lectores: primer acto, daddy Tom saca un cantimpalo; segundo acto, el pequeño Essen saca un yogurcito; tercer acto, mamá Essen saca una cabeza de ajo. ¿Cómo se llama la obra? "Electrolux auspicia a los Essen." "La idea de poner una cámara adentro de la heladera vino de la misma compañía -explica María, la hija de 19 años-. Mi padre trabajaba allí en ese momento y leyó sobre la iniciativa en la revista de la empresa. Estaban buscando una familia y nos eligieron."

-¿Cuánto dinero les reporta?

-Lamento no poder dar esa información. De todos modos, estamos abiertos a cualquier nuevo auspiciante que nos permita tener nuevas cámaras en la casa. ¡Cerca de un millón de personas pasó por nuestra página! ¡La heladera ha resultado una oportunidad increíble!

Digámoslo: el sitio no es particularmente excitante. La recepción, en el living, está a cargo de daddy Tom: un dibujito con cara circular, pipa y bigotes finitos que en vez de decir "Hola", "Bienvenido" o "Cómo estás", prefiere ir directo al grano: "Andá a ver la aspiradora". Un click sobre este o cualquier electrodoméstico permite conocer la interesantísima historia del artefacto en cuestión. La frutilla de la torta es la webcam: ahí se puede ver a un Essen abriendo la heladera de su casa con la marca del producto en primer plano. Si a usted no le resulta suficiente con una sola apertura, puede ir a fechas anteriores y ver a cualquier miembro del clan sacando, por ejemplo, un huevito.

Dicen que el Big Brother está tomando forma de cámara. Si así fuera, las webcams familiares serían responsables: en este caso, la indiscreción crece hasta donde lo permiten sus dueños. Aun así, el voyeurismo digital tiene una complicidad extraña: los observados saben que están siendo mirados, pero viven y se proyectan como si las cámaras no existieran. A veces por costumbre, otras por histrionismo.

Lo cierto es que varios internautas se han unido para levantar una pancarta gremial: "No somos Truman", vociferan con mayúsculas con referencia al film de Peter Weir. El pobre Truman toda su vida había sido la estrella involuntaria de la telenovela más popular de la historia. Sus amigos y familia eran actores profesionales, y el café que tomaba a la mañana era un chivo de primera calidad. Hasta el cielo era un decorado.

"No veo demasiada relación entre Truman y nosotros. El era una víctima, yo soy un voluntario." Nerdman hace su descargo. El tiene en su página catorce cámaras en vivo y muchas funcionan 24 horas. Dice: "El nombre, The Nerdman Show, se debe a la intención de parodiar lo del Truman Show". Nerdman (seudónimo que significa algo así como tarado) es un diseñador de videogames. Desde hace más de un año, muestra panorámicas de la cocina, el estudio, el living y hasta del plato y las piedritas del gato. Para ver esta y otras instantáneas, unas 1600 personas entran al sitio diariamente.

Texto: Josefina Licitra - Ilustraciones: Martín Kovensky "Lo hice porque pensé en ganar algún anunciante. A mis amigos les gusta. Mi esposa no está tan entusiasmada, pero lo soporta. Creo que le gustaría más si pudiéramos comenzar a ganar algún dinero." Avisadores del mundo, Nerdman los está esperando. Y sus gatos están dispuestos a comer galletas marca Pupi. A cambio, permitirán mostrar sus bostezos en primer plano.

La Edad Media digital

Por Víctor Bronstein

A través de la historia, las innovaciones tecnológicas han ido generando nuevas prácticas sociales. Sin embargo, hoy nos encontramos en una encrucijada donde el mundo digital parece introducirnos en una nueva Edad Media. Hay por lo menos dos componentes que caracterizaron aquella época y que se repiten. Por un lado, está el misticismo: los tecnopredicadores como Nicholas Negroponte y Bill Gates se arrogan la capacidad de diseñar el futuro de la humanidad a partir del avance de las tecnologías digitales y el desarrollo de Internet. El saber como verdad revelada, que en la Edad Media estaba en los conventos, hoy parecería ubicarse en el Media Lab del MIT y en Microsoft.

Un segundo componente es el de un pensamiento único asociado a la globalización, donde las utopías sociales -libertad, justicia, igualdad, solidaridad- son reemplazadas por el correo electrónico para todos, la supuesta democracia virtual donde cualquiera puede ser famoso con una página web y el aumento del ancho de banda. El discurso dominante sobre Internet y las tecnologías digitales se centra exclusivamente en su impacto benéfico. La informática se presenta como una herramienta que privilegia y amplifica las capacidades humanas. Esta imagen positiva está fuertemente influida por los intereses de los sectores industriales, técnicos y políticos comprometidos con todo este despliegue. Se pretende provocar la admiración y fe ciega en Internet y su desarrollo. Ya no se habla del futuro de las tecnologías, sino del futuro de la sociedad. En este contexto, no tiene sentido discutir el impacto de las webcams. La importancia de un desarrollo tecnológico no está en el dispositivo, sino en las nuevas prácticas sociales que instala. Lo seductor de las tecnologías digitales es que permiten controlar la complejidad y hacerla predecible. Sin embargo, no siempre se puede: es posible digitalizar la visión, pero no la mirada. Se puede digitalizar el tacto, pero no la caricia. Mal que les pese a los tecnopredicadores, el curso que siempre ha seguido y seguirá la historia es el de las emociones y deseos. No el de las tecnologías.

Taxi multimedia

Nada de zapatillas colgando del retrovisor. El último grito de la moda es el taxi multimedia. Cualquier pasajero que estire su brazo en Aspen, Colorado, podrá subir a esta máquina high tech a cargo de Mr. Jon: un hombre de 40 años que decidió equipar su rodado con luces láser, tambores digitales, una bola disco-dance, un piano electrónico, efectos de niebla, un increíble sistema de audio y -como no podía faltar- una webcam y una PC conectadas a Internet mediante un teléfono celular. "Lo hago para que mi trabajo sea más interesante y para que la gente quiera volver a viajar conmigo. Actualizo mi webpage entre pasajero y pasajero, y envío imágenes con continuidad. Me gusta que las fotos aparezcan en la pantalla en el acto, porque entonces puedo sacar una copia para mis clientes." Taxistas cholulos, agenden el dato: gracias a este Silicon Valley ambulante, Jon recorrió infinitos programas de televisión, fue entrevistado por The New York Times y conoció a Michael Douglas y a Melanie Griffith.

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