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Los seres humanos necesitan alimentarse de manera correcta para atravesar el día a día de la mejor manera. A pesar de que en algunos momentos puedan existir los llamados “permitidos”, lo ideal es mantener un equilibrio entre la ingesta de proteínas, carbohidratos, frutas y verduras, entre otros elementos que forman parte de una dieta saludable.
Al existir un sinfín de variantes de alimentos que se pueden cocinar de distintas maneras y formas, las personas deberán ajustar su ingesta diaria de acuerdo a sus necesidades. Uno de los productos exóticos que tiene lugar en la gastronomía de varios países es el ñame. Aunque de oído no resulte familiar, ni tampoco uno pueda imaginarse su forma, este tubérculo que crece debajo de la tierra, como las zanahorias y el jengibre, entre otros, tiene la extrañeza de que solo 12 de sus 600 especies son comestibles.

Similar a la forma de una batata -incluso en México se conoce al ñame de esa forma-, este tubérculo se clasifica en diferentes tipos: la dioscorea rotundata (ñame de color blanco), la dioscorea cayenensis (ñame amarillo) y dioscorea alat o ñame morado son los más reconocidos en todo el mundo.
Cultivado principalmente en las zonas áridas de África del Norte y las cadenas montañosas de Colombia, empezó a ser popular por sus numerosos beneficios, su adaptabilidad en recetas de pastelería y, sobre todo, por su conservación: puede durar hasta seis meses en la heladera sin mostrar ningún signo de deterioro.

A la hora de manipular el ñame, hay que tener en cuenta que puede consumirse al vapor, hervido, en el horno o frito, lo que le da una versatilidad única dentro de la familia de los tubérculos. A su vez, puede utilizarse como complemento de una carne roja o en la preparación de tortas.

