
Dalí atómico
¿Qué hubo antes y después de las fotografías que marcaron época? una serie para develar el misterio
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La hoja de contacto fue el instrumento a través del cual el fotógrafo podía ver, de una manera rápida y económica, la totalidad de los fotogramas expuestos en un rollo de película. El procedimiento era muy simple. Consistía en cortar el rollo de película revelada en 6 tiras con 6 fotogramas cada una (si se trataba de película de 35 mm). Se disponían sobre una hoja de papel sensible y se imprimían por contacto bajo la acción de una fuente de luz blanca. Luego del revelado y fijado del papel, con la ayuda de una lupa se podía tener una idea de los resultados de las tomas y así elegir las mejores. La hoja de contacto es inherente a la fotografía analógica. Hoy, los sistemas de edición digital reproducen la misma idea, pero con la posibilidad de alterar el orden de la secuencia de las imágenes y variar los tamaños de la previsualización de cada una de ellas en solo un clic.
Magnum, Hojas de Contacto es una investigación casi arqueológica de la hoja de contacto como instrumento para la edición, clasificación y archivado de la producción de los fotógrafos miembros de esta célebre agencia. LNR inicia hoy una serie de publicaciones de una parte de este libro, editado por Kristen Lubben, curadora del ICP de Nueva York (Centro Internacional de Fotografía).
Richard Avedon les decía a sus discípulos: "Nunca tiren sus hojas de contacto. En los fallos de ayer puede estar la simiente de las grandes fotos del mañana." Lo cierto es que, recorriendo las 508 hojas de este libro, el lector puede asistir a un aspecto de la fotografía que siempre ha resultado, por lo menos, inquietante: ¿Qué pasó antes y después de una toma genial? ¿Por qué la elegida y no otra similar? La fama de los fotógrafos de Magnum no hace más que acrecentar la curiosidad. Robert Capa, Marc Riboud, Inge Morath, René Burri, Thomas Hoepker, Josef Koudelka, Cristina García Rodero, Henri Cartier-Bresson, Martin Parr, entre otros, muestran cómo las imágenes inolvidables no son producto de la casualidad, sino más bien del recorrido empecinado y urgente de un ojo ávido de belleza y drama.
1948 Philippe Halsman
Halsman se hizo famoso en los años cuarenta por su jumping style que consistía en retratar a la gente en el instante en que daba un salto. De esta manera, pensaba el autor, los personajes aparecían de un modo más natural, despojados de cualquier máscara que pudiera desviar la esencia del retratado.
Halsman fotografió a casi todos los grandes protagonistas del mundo del espectáculo, el deporte y la política de aquellos tiempos bajo la impronta de esta curiosa idea.
Dalí Atómico, de 1948, es, tal vez, la más compleja y mejor lograda de la inmensa serie de estas fotografías.
La idea del fotógrafo era rendir tributo al cuadro Leda atómica, en el que el pintor catalán hacía referencia al estado de suspensión constante creado por la repulsión entre protones y electrones.
Para la toma se mantuvieron los objetos fijos (sillas, caballetes y cuadros) suspendidos por delgados hilos desde el techo. Mientras, el agua y los gatos (que volaban de un extremo a otro de la escena) eran arrojados por la esposa del Halsman y tres asistentes. Luego de cada toma, la placa se revelaba de inmediato para ver los resultados obtenidos. En ese contexto, Dalí lo único que tuvo que hacer fue saltar y saltar durante más de seis horas, hasta que el fotógrafo quedó conforme con la imagen que finalmente fue seleccionada.






