Dante Gebel: los inicios junto al pastor Giménez, su familia llena de predicadores y un fenómeno que factura millones
Tiene su propio estadio en los Estados Unidos, protagoniza un show que llena salas en todo el continente y tiene millones de seguidores en redes sociales
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Todavía no definió si va a ser candidato. Sin embargo, ya lo presentan como el nuevo outsider de la política argentina. Lo han medido, dicen que tiene gran proyección, que la comunidad evangelista lo sigue de manera incondicional. Lo apoyan (y promueven) comunicadores tradicionales, como Mario Pergolini. Hace días, un agrupación política hizo un acto, con bombos y banderas, para impulsar su candidatura a presidente. Y los alrededores del Congreso aparecieron empapelados con su rostro. Él dice que no sabe, que no lo descarta, que puede ser. Entre sus seguidores más destacados, los que ya confesaron su devoción, hay sindicalistas, peronistas, libertarios y también algún kirchnerista.
Sin embargo, fuera del mundo evangelista, poco se sabe sobre este argentino, nacido en San Martín, que conquistó millones con su prédica, tiene un estadio propio en los Estados Unidos, lleva vida de una estrella del espectáculo, factura millones y es una de las personas más influyentes en Latinoamérica.
El milagro de mamá
“Por tu culpa mamá se va a morir de cáncer”. Esa fue la frase que escuchó de su padre Dante Gebel cuando tenía cinco años.
La escena ocurrió en una casa humilde de Billinghurst, en el partido de San Martín. Su madre estaba enferma, el clima familiar era inestable y su padre atravesaba una depresión que derivaría en alcoholismo. En ese contexto, su infancia estuvo marcada por el miedo, la fragilidad y una sensación persistente de desamparo.


A los seis años, su madre comenzó a prepararlo para una posible despedida. “Tu mamá tiene que hacer un viaje muy largo y el que te va a cuidar es tu hermano mayor”, le repetía. Fue su hermano Diego, de once años, quien lo acompañó incluso en el primer día de clases.
En ese mismo período, su hermano mayor, Sergio Gebel (76) —quien habló con LA NACION— reconstruye que fue él quien inició el acercamiento de la familia a la vida “espiritual”, un proceso que, según su relato, también marcaría el futuro de Dante.
“Yo fui el primero en convertirme. En ese momento mi mamá estaba grave, ya desahuciada, y la llevé a una campaña al aire libre. Oraron por ella y se sanó”, recuerda. A partir de ese episodio, sostiene, comenzó una transformación familiar progresiva: “Eso llevó a toda mi familia a acercarse a Dios. De a poco fueron viniendo: mi padre, mis hermanos, primos, tíos, cuñados”.
La fe también alcanzó a su abuela, a quien describe como una curandera reconocida en Florencio Varela: “Se convirtió. Dejó todo eso y también fue testigo de los milagros”.

La recuperación de su madre fue vivida como un punto de quiebre en la familia Gebel. Sergio la llevó en moto a una campaña en Grand Bourg. Juntos pidieron un milagro. Poco después, los médicos confirmaron la desaparición del cáncer de intestino. Creer o reventar.
Corría 1975. A partir de entonces, su padre, Federico, dejó de beber y el núcleo familiar quedó fuertemente ligado a la fe. Prácticamente todos se convirtieron en pastores.
Sin embargo, la relación de Dante Gebel hoy con su familia de origen es prácticamente inexistente. Su hermano mayor, Sergio, sostiene que no mantienen contacto desde hace años.

“Yo era un chico de ojos tristes”
Dante Gebel (57) creció en Billinghurst, en el conurbano bonaerense, en una familia de origen inglés por parte de su madre, Nelly Stokle, y alemán por su padre, Federico Gebel.
Fue el menor de cuatro hermanos. El mayor, Sergio, fue quien abrió el camino al evangelismo. Lo sigue Daniel Marcelo, que fue predicador pero cayó en el alcoholismo y abandonó la iglesia. Falleció de un infarto en 2013. El tercero fue Diego, fue un reconocido líder evangélico que enfocaba su misión pastoral en personas marginadas, incluyendo trabajadoras sexuales. Solía llevar su prédica al escenario de Cocodrilo, uno de los cabarets más conocidos de Buenos Aires. Falleció en 2010 a los 47 años tras una complicación cardíaca.
Durante su infancia y adolescencia fue un chico introvertido, con tartamudez, que encontró en el dibujo su primera forma de expresión. Más tarde, tras abandonar el colegio técnico, trabajó en la carpintería junto a su padre hasta que un accidente lo obligó a cambiar de rumbo. Ese quiebre —sin saberlo entonces— lo empujó en otra dirección. Años más tarde, al recordar esa etapa, escribiría: “Yo fui un niño de ojos tristes, profundos y melancólicos. No he logrado encontrar una sola foto mía de pequeño riendo”.
Ya de adulto, Dante ha contado que tiene síndrome de Asperger, una condición dentro del espectro autista asociada a dificultades en la interacción social y a una marcada capacidad de concentración en áreas de interés.



Su primer trabajo y el amor de su vida
En la adolescencia, en una época sin internet, enviaba por correo sus tiras cómicas a distintos diarios de alcance nacional. Fue Diario Popular el que lo incorporó a un suplemento infantil, La Galera. Tenía 16 años cuando consiguió su primer trabajo, como caricaturista.
Después sumó distintas experiencias en el mundo gráfico, en tiempos en que el diseño se hacía de manera manual, con reglas T y originales que llegaban desde imprenta para ser intervenidos.

En 1990 se casó con Liliana Moyano. Tenían 21 años, compartían la fe y una idea clara: formar una familia. Ella era hija de pastores, él había crecido en ese entorno desde los siete años. No por casualidad se conocieron, a los 15, en una campaña evangelística de Carlos Annacondia.
Dante ya era predicador. Había dado sus primeros pasos dentro de un circuito juvenil vinculado a su hermano Sergio. “En esa época yo hacía evangelismo con un equipo y organizábamos campañas para otros pastores. Dante era mi coordinador de plataforma: dirigía las reuniones, los coros, las alabanzas, y después yo daba el mensaje. Trabajó mucho conmigo en su juventud, cuando tenía 15 o 16 años”, recuerda Sergio Gebel. Allí, de a poco, frente a grupos reducidos, empezó a predicar.
Un año después de su boda, Dante y Liliana comenzaron su ministerio con un objetivo inicial: reunir a cien jóvenes. Ese fue el punto de partida para todo lo que vendría después. Trabajaron en la iglesia de la familia de Liliana, enfocados en la expansión del mensaje hacia ese público.
Liliana, que adoptó el apellido de su marido, hoy ofrece el servicio de “Consejería 360 Integral”. Dice que trabaja “mente, espíritu y cuerpo”. El valor de una sesión, de acuerdo a su página web, es de 75 dólares. Y ofece un combo de tres sesiones (siemrpe online) por 150 dólares.
Dante y Liliana son padres de Brian, Kevin, Jason y Megan. Los hijos mayores ya trabajan con su padre en Arena Church.

El primer gran escenario: Héctor Giménez y la oportunidad
Hubo otro punto de inflexión en la carrera de Dante Gebel como predicador: el encuentro con Héctor Giménez, que entonces era el pastor más mediático de la Argentina, quien lo incorporó a su equipo y le dio sus primeras oportunidades de predicar ante grandes audiencias, tras una formación previa en su entorno familiar.

En charla con LA NACION, el pastor Giménez recuerda aquellos tiempos.
—¿Cuándo conoció a Dante Gebel?
—Lo conocí cuando él tenía 17 años y enseguida vi su capacidad. Hacía una revista, tenía un trabajo de dibujo y periodístico muy bueno. Me sorprendía su lucidez para hablarle a chicos, jóvenes y adultos.
—¿Cómo fue ese primer vínculo?
—Yo quería hacer una revista moderna, que llegara a todos. Ahí lo conocí y lo contraté por primera vez. Después descubrí que era una persona de fe a la que no le habían dado oportunidades por ser joven.
—¿Cuándo le dio su primera gran oportunidad?
—A los 18 años lo hice predicar en el Roca, en un teatro, ante 2000 personas. Era la primera vez que enfrentaba un público así y que daba un mensaje de más de 30 minutos. No se achicó. Me dijo: “Pastor, siento que me está desafiando Dios”. Y fue imparable desde ahí.
—¿Cómo fue su formación en esos años?
—Se fogueó mucho. Teníamos una carpa en Liniers para unas 3000 personas: dirigía reuniones, predicaba. También me acompañó en campañas, en estadios y en televisión. Parecía un muchachito insignificante, pero estaba absorbiendo todo.
—¿Qué veía en él en ese momento?
—Tenía un talento muy especial. Todo lo que hacía, lo hacía bien: cumplía y superaba las expectativas.
—¿Cómo evolucionó después?
—Empezó a predicar ante 5000 o 7000 personas. Ahí empezó a soñar. En los estadios me decía: “Yo voy a hacer algo mejor que lo que vos estás haciendo”. Y eso, para un padre espiritual, es lo mejor.
—Dante aparece luego, en 1992, en la iglesia Rey de Reyes de Belgrano.
—Y él fue para ese lado. Su esposa pertenecía a las Asambleas de Dios. Como dice el Martín Fierro: “Donde está tu amor, ahí estás vos”. Tenía alas para volar y aprovechó su oportunidad.
—¿Qué pasó cuando tomó su propio camino?
—Creció con Freidzon y después explotó solo. Lo que aprendió conmigo lo multiplicó. Siempre fue un soñador.

—¿Usted confió en él desde el principio?
—Sí. Yo pasé por no tener oportunidades, así que decidí darlas cuando pudiera. No quise que él sufriera lo mismo. Por eso lo apoyé desde el inicio. Y, bueno, hoy estamos haciendo fuerza hasta que llegue a ser presidente.
—Si se postula ¿lo va a votar?
—Sí. No solo lo voy a apoyar, lo vamos a apoyar. Hay profecías que dicen que va a haber un presidente en la Argentina temeroso de Dios. Oramos para que sea Dante.
La construcción de una voz pública
En sintonía con el movimiento evangélico, Dante se volcó a los medios de comunicación. Tenía carisma, el don de la palabra y sabía cómo impactar con su mensaje. Había aprendido de los mejores, entre ellos el pastor Giménez.
Inició su recorrido a principios de los 90 en una radio cristiana de Munro, en la provincia de Buenos Aires. Eran programas de trasnoche, como “Línea Abierta”, que se emitía a la una de la madrugada.
Durante el día, con saco y corbata, trabajaba como gerente del local de Promúsica en el shopping Alto Palermo.

En la radio empezó a delinear un estilo propio, que combinaba prédica, humor y relato, que más tarde trasladaría a otros formatos.
De Munro saltó a emisoras de alcance nacional, entre ellas CNN Radio, Vorterix y Radio 10.

Su debut en la pantalla chica ocurrió en 1997 y fue promovido por José Luis Rodríguez, El Puma, el cantante venezolano, quien hizo gestiones ante el entonces presidente Carlos Menem y consiguió un espacio para Dante en ATC (actual TV Pública).
Desde entonces participó en distintos formatos. En sus propuestas se desdibujaban los límites entre lo religioso y el espectáculo. Entrevistó a las figuras más importantes de la Argentina. Artistas, deportistas y políticos.
Incontenible, a comienzos de los 2000 expandió su figura hacia los Estados Unidos a través de señales como Mega TV, CNN en Español, América TV Miami y Telemundo. En México, trabajó con TV Azteca.

En 2022 debutó en Canal 9 con La divina noche, un clásico late night show, con monólogo y banda de música en vivo. Fue su primer programa sin prédica, fuera del evangelismo. Hoy se emite por El Trece y ninguna figura se le resiste. Uno de los motivos es la propuesta: para la entrevista, en vivo, que se graba en Los Ángeles, Dante propone a sus invitados un viaje “cinco estrellas” con todo los gastos pagos.

El “regalo” de Palito Ortega
En 1993, a través de la radio, invitó a su oyentes a un encuentro en el Teatro Astral. Fue una prueba de su fuego, su primera gran convocatoria. Desde entonces, su popularidad no paró de crecer.
El 16 de diciembre de 1996, en el estadio de Vélez Sarsfield, durante el primer Superclásico de la Juventud (nombre que luego adoptó para sus reuniones en todo el país), apareció sin anuncio previo Ramón Palito Ortega. Cantó Yo tengo fe. Ese acto lo sacó de las revistas religiosas, donde ya era una figura central, y lo llevó a la primera plana de los diarios.

Llevó su prédica (y su show) a todas las canchas, incluidas las de River y Boca. También llenó el Obelisco. En 2000 recorrió el país a bordo de una combi, el “Gebelmóvil”.
Cuando su crecimiento se volvió evidente, surgieron cuestionamientos dentro del mundo evangélico. Los sectores conservadores lo consideraron “un fenómeno pasajero”.
Recuerda Gebel: “Mis colegas decían: ‘es un payaso’, ‘Dios nunca lo utilizará’, ‘es un artista’, ‘es un showman y los showman no están en la Biblia’. ¡Cómo me afectaba! Si habré llorado en la intimidad… decía: por qué no me respetan como siervo de Dios, por qué no me respetan como a los otros”.
Con el tiempo, sostiene, encontró una explicación: “Dios me dijo: es que vos no sos como los otros, sos anormal, eres distinto”.


De Argentina al mundo
De pronto, la Argentina le quedó chica. Tenía 40 años y había conseguido todo lo que se había propuesto. No había estadio más grande por llenar.
En 2008, Gebel se radicó en Estados Unidos y asumió un nuevo desafío: quedó a cargo del área latina de la Catedral de Cristal, la iglesia cristiana más famosa de los Estados Unidos en los años 80. En los 90 se calculaba que 6 millones de personas miraban su programa de televisión.


Sin embargo, poco después de la llegada de Dante, la Catedral de Cristal se declaró en bancarrota (con una deuda superior a los 50 millones de dólares) y vendió su edificio, una verdadera obra de arte, a la Iglesia Católica.
Dante Gebel, que había hecho crecer exponencialmente la cantidad de fieles hispanos, fundó su propia congragación: River Church. Durante algún tiempo predicó “de prestado” en distintas salas, hasta que compró el Celebrity Theatre de Anaheim, un teatro circular (con escenario central de 360°) con capacidad para 3000 asistentes. En 2014, tras una ardua remodelación, Dante Gebel inauguró el River Arena, su propio estadio, con la última tecnología, un café y una tienda de souvenirs.


Allí predica todos los fines de semana. Su mensaje es transmitido a todo el mundo través de su página web, Facebook Live y su canal de Youtube, donde tiene 3,3 millones de seguidores. Las reuniones repiten rituales e imágenes clásicos de los encuentros evangelistas. Pero al estilo Gebel y en “modo 6G″, acorde a estos tiempos. Y en el mismo lugar graba cada semana su programa, “La divina noche”.
En las entrevistas sostiene que gana su dinero en la actividad privada, fuera de la iglesia. Porque, como se presenta en su perfil de Instagram, además de pastor es conductor, actor, escritor, influencer y conferencista.
Su último espectáculo, PresiDante (antes había hecho Auténtico), fue un éxito en toda América. Y facturó fortunas. Esta semana, por caso, se estrenará, también “a sala llena”, en Lausanne, Suiza. A los que cuestionan que cobre entrada, Gebel los llama “evangeloides” y les dedicó un ocurrente posteo en Facebook. Allí se pregunta y se responde:
-¿De verdad que hay que pagar?
-De verdad. Nos encantaría decirte que te mandamos a buscar a tu casa con un auto, te esperamos con un choripán, te pagamos el viático, te volvemos a llevar a tu casa, incluimos la cena y luego te damos un subsidio mensual por un año; pero lamentablemente, esto es un espectáculo y no una propuesta socialista.
-¿Jesús cobraba?
-No. La producción te está cobrando la entrada; que sepamos, Jesús no cobraba nada.
-No me imagino a Jesús cobrando entrada.
-Nosotros tampoco; pero Dante no es Jesús.
¿Dante presidente?
PresiDante, desde su título, instaló la idea de que Dante Gebel en cualquier momento puede volcarse a la política. Uno de sus amigos es Nayib Bukele, presidente de El Salvador. Estuvo en sus dos ceremonias de investiduras como presidente y, en ambas ocasiones, realizó una oración de bendición para el país.
Si bien todavía no definió su futuro, el 19 de marzo un espacio llamado Consolidación Argentina (integrado por exlibertarios, sindicalistas y deportistas) hizo un acto en Lanús para impulsar su candidatura presidencial. Dante Gebel, que estaba de gira por Latinoamérica, no asistió al encuentro. Pero las autoridades del acto confirmaron que habilitó el uso de su imagen para el armado.
En su última visita al programa de Mario Pergolini, Gebel habló de su posible candidatura a presidente de la Argentina: “Estoy muy cómodo allá (por Estados Unidos). Financieramente, estable, puedo ayudar, puedo hacer los programas desde allá. No iría ni por el cobre, el dinero, ni por el bronce, el reconocimiento. Si me lo preguntabas hace dos años te hubiese dicho que no. Pero como dijo Martin Luther King: ‘El problema no es lo que hace la gente mala, si no la omisión de la gente buena. Si los que nos creemos medianamente honestos, mirá lo que te voy a decir, tendríamos que decir totalmente honestos... pero si los que creemos que somos íntegros no hacemos nada, siempre la política va a estar en manos de corruptos. Hay que levantarse y hacer algo”.
-Pero... ¿Te presentarías para ser presidente de la nación?, quiso saber Mario.
-No lo descarto, respondió Dante.
Uno de los mayores orgullos de Gebel es la obra social que realiza a través de la Fundación River Church, con acciones en distintos lugares del mundo, que apareció en la escena nacional durante las inundaciones en Bahía Blanca de 2025.
Según Gebel, ya equipó más de 2.500 hogares y canalizó entre 47 y 48 millones de dólares en ayuda humanitaria. “Necesitamos construir casas, levantar hospitales, y siempre estamos allí”, sostiene.

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