
De monos & hombres
Desde mayo, en el Zoológico de La Plata habitan dos parejas de chimpancés, en jaula de lujo y como experiencia de comportamiento en la que también participa el Zoológico de Basilea, Suiza
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Hace 30 años, Tommy llegó al Zoo de La Plata. Había sido abandonado por un circo bajo cargos de mala conducta. Hay que tener en cuenta que Tommy tenía entonces la rebelde energía de la juventud.
Judy llegó al mismo Zoo un año atrás. Había sido comprada en 1984, en una transacción ilegal, por un ingeniero argentino de paso por Sierra Leona, Africa.
Los chimpancés solitarios fueron reunidos en jaula de lujo y los responsables de la institución brindaron por la nueva pareja. Creían que, al fin, la historia de Judy y Tommy llegaba a un final feliz. Pero no. Los monos se miraron, se midieron, y se despreciaron.
Es que Tommy no se parecía en nada a los miembros de la familia humana en la que había vivido Judy por nueve años. Con ellos la mona se sentaba a la mesa, utilizaba vasos y cubiertos, iba al baño como una persona, jugaba y dormía en una cama con los chicos y hasta dibujaba con crayones sobre una hoja de papel.
Ni siquiera se parecía Tommy al nuevo dueño que tuvo Judy cuando se la llevaron a Formosa. Allí, en los buenos tiempos, miraba televisión y fumaba cigarrillos. Pero cuando su nuevo amigo envejeció, la suerte humana de la mona cambio bruscamente. Terminó encadenada a un árbol, a la intemperie, alimentada por lo que los vecinos atinaban a tirarle desde lejos. Así es como llegó a La Plata.
Por su parte, Tommy no encontraba en Judy ni trazas del cariño que le dispensaba Martín Davids, el padre adoptivo que lo recibió en el Zoológico tres décadas atrás.
Davids cuenta hoy que, en su afán de ganarse al joven chimpancé, empezó a desplegar toda clase de artilugios animales para desempeñar mejor su papel. Más cerca de un falso actor que de un auténtico técnico naturalista, el cuidador aprendió a jugar sobre el pasto, a buscarle los piojos en la espalda (grooming), aprovechando su propia barba para intercambiar pilosos mimos, y hasta a besarlo en la boca. “Eso sí, nunca pude correr en cuatro patas”, admite.
Así las cosas, mono y mona, hasta algunas semanas atrás se daban la espalda. Hasta que llegó la ayuda del Zoo de Basilea para conformar un nuevo grupo.
Fauna global
Una práctica mundial en materia de zoológicos es que, cuando hay un exceso de natalidad entre los animales en cautiverio, se les busca un nuevo hogar dentro de otras instituciones oficiales.
Así que, seis meses después de la complicada reunión de Tommy y Judy, llegó de Basilea la noticia de que allí había un excedente de chimpancés y estaban disponibles. El director del Zoo municipal de La Plata, Carlos Galliari, se comunicó con ellos y comenzó un nuevo capítulo en la jaula de los monos. Por primera vez, en sus casi cien años, el parque platense recibió una donación de animales.
El acuerdo con Basilea resultó tan completo que los suizos, además de enviar a Punia y a Pweke, pagaron los gastos del entrenamiento del cuidador argentino en Europa. Y hasta enviaron un cuidador propio para seguir de cerca el proceso de introducción de los huérfanos locales en los secretos de la vida comunitaria animal.
Primero hubo que adaptar el recinto –que había sido creado para un gorila–, para albergar a los chimpancés con todas sus comodidades. Se abrieron 30 puertas nuevas, uno de los cuidadores donó la pintura que recrea el ambiente de la selva y la sabana a la perfección y, en el espacio exterior, se armaron juegos, se colgaron sogas y se colocaron termiteros para incentivarlos al uso de herramientas y mantenerlos casi tan entretenidos como lo hacen en su hábitat natural. Los resultados del encuentro sorprendieron a todos por su efectividad. Tommy y Judy aprendieron y comenzaron a imitar las actitudes animales de Punia y Pweke. Y todos juntos demostraron que pese a los ribetes insólitos de los huérfanos humanizados pudieron conformar un sistema cooperativo característico de su especie.
Como un espejo
Los primates han revelado tanto sobre los hombres como sobre ellos mismos. Tan cercano es su parentesco, por genética y comportamiento, que son los preferidos de la ciencia para pruebas en el campo de la medicina y la psicología humana. Sin ellos no hubiera sido posible el desarrollo de las primeras vacunas contra la hepatitis B. En ellos están las raíces de características tan humanas como la amistad, el amor, las caricias, el trabajo comunitario y el lenguaje. Lloran, ríen, se abrazan, besan, comen carne, usan las plantas como medicamentos y se reconocen por sus voces. A falta de almohada, se acomodan el nido para dormir, intimidan a sus enemigos con piedras y palos... y fabrican herramientas con el ingenio de los primitivos homínidos. En los laboratorios del mundo aprendieron a utilizar computadoras y a hablar con el lenguaje de los sordomudos.
Los estudios con chimpancés de Jane Goodall, en Africa, demuestran que cada chimpancé tiene un carácter único, moldeado por herencia genética, experiencia, vida familiar y momento histórico de nacimiento: “Como los humanos, tienen su propia historia –dice–; epidemias de polio o neumonía han causado estragos en la comunidad. Y hasta hubo luchas de poder tan dramáticas en sus detalles como las que rodean las sucesiones de reyes y dictadores humanos”.
Pero en La Plata, todavía, el ingreso al mundo animal de Tommy y Judy les deparó la paz.
Jane Goodall: futuro y presente en el Zoológico de La Plata
Hacia 1960, Jane Goodall apenas pasaba los 25 años cuando llegó a Tanzania, Africa. A lo largo de sus 42 años de investigación, fue nombrada doctora honoris causa por numerosas universidades y merecedora de varios premios como científica. Es una de los ocho exploradores residentes de la National Geographic Society y ha sido condecorada por la reina Isabel II de Inglaterra como Commander of the Order of the British Empire. Actualmente vive rodeada por los chimpancés silvestres en su campamento del Parque Nacional de Gombe, en Tanzania. Reacia a las entrevistas, opinó, sin embargo, sobre esta singular experiencia:
–Los chimpancés muestran señales de alegría, tristeza, miedo, sentido del humor y reconocimiento de su individualidad. Dan cuenta de muchas habilidades intelectuales que considerábamos únicas de los humanos. No podemos trazar una línea clara que nos separe. No somos, después de todo, los únicos seres con personalidad, mente y emociones.
–¿Sería exagerado pensar en su evolución tal como lo refleja en la ficción El planeta de los simios?
–Me gusta pensar que si el chimpancé evolucionara, desarrollaría más el lado derecho del cerebro, el intuitivo. Creo que harían una sociedad más pacífica, aunque serían igual de combativos. No serían más humanos, sino más chimpancés.
–¿Qué posibilidades de éxito podría tener la experiencia del Zoológico de La Plata?
–Si las presentaciones se hacen cuidadosamente con alguien que sepa cómo hacerlas, esto podría ser un éxito. Es una tarea difícil, pero muy buena idea.





