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Descartado por su madre y salvado por un perro, un pichón de cotorra desafió un brutal diagnóstico: “Muerto va a estar mejor”

Mientras paseaba, un perro encontró a un pichón de cotorra caído del nido; el diagnóstico de un veterinario fue devastador pero el ave no estaba dispuesta a bajar las alas

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“Mirá lo que encontró Bingo”, decía el mensaje que esa tarde de enero le envió su hermana y que acompañó con la foto de un pichón de cotorra argentina. “Está medio muerto”, aclaraba con pocas esperanzas de poder hacer algo. Con diez días de vida, sin plumaje ni los ojos abiertos, había sido casi un milagro que Bingo, el perro de la familia, detectara que el pequeño corazón del ave aún latía.

“Bueno, pero si está medio muerto, también está medio vivo”, respondió Valentina Acevedo y de inmediato salió para encontrarse con su hermana y ayudar al pichón. “No sé por qué, pero tuve el impulso inmediato de ir a buscarlo. Fui, lo levanté y me lo traje a casa”, recuerda.

Las crías de cotorra salen del huevo sin estar completamente desarrolladas. Por eso nacen sin plumas.
Las crías de cotorra salen del huevo sin estar completamente desarrolladas. Por eso nacen sin plumas.

Lo primero que hizo fue ponerlo en un recipiente plástico con servilletas de papel para que estuviera cómodo. Según detalla la página de la Asociación Civil Pájaros Caídos -que tiene por objeto defender los derechos de las aves, proteger y ayudar a aquellas en situación de vulnerabilidad y promover y acompañar su proceso de rescate, rehabilitación y reinserción- los pichones no soportan el frío y necesitan mantener estable su temperatura corporal.

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Cuando se rescata, aclaran desde la asociación, lo ideal es armar una especie de nido, con trapitos (sin hilachas) y servilletas de papel (para que sea de fácil limpieza). Además, es importante verificar la temperatura corporal del animal (que normalmente es mayor que la del ser humano), su pico y patitas no deben estar fríos.

Los psitácidos, dentro de los que se encuentran las cotorras, por su facilidad para imitar el habla humana, han sido buscados para tener como mascotas, siendo víctimas de terribles cacerías.
Los psitácidos, dentro de los que se encuentran las cotorras, por su facilidad para imitar el habla humana, han sido buscados para tener como mascotas, siendo víctimas de terribles cacerías.

Como primera medida, Valentina intentó darle agua al pichón pero pronto comprendió que había cometido un error. “Cuando son tan chiquitos, todavía no tienen desarrollado el mecanismo para tragar. Apenas le di una gotita la devolvió enseguida”.

Las primeras 24 horas fueron muy difíciles porque no sabía qué darle de comer ni si iba a sobrevivir la noche. “Me descargué ChatGPT Pro y estuve todo el tiempo investigando, preguntando y aprendiendo qué hacer para ayudarlo”.

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Bingo, Valentina y Chiqui.
Bingo, Valentina y Chiqui.

Valentina no tenía experiencia previa con aves. De hecho, confiesa que “le daban un poco de impresión”. Sin embargo, siempre tuvo una conexión especial con los pájaros. Hacía tiempo que pensaba en lo fascinante que era la idea de la libertad que representan. “Son animales libres, pero al mismo tiempo viven en comunidad, en parvadas. Hay algo de eso que siempre me conmovió. Además, hacía tiempo había soñado que adoptaba un pájaro. Cuando apareció Chiqui, mi hermana pensó en mí por esa curiosidad que se había despertado en mi interior”, rememora.

Superada la primera noche, lo llevó a una primera consulta en una veterinaria especializada en animales exóticos. Allí le explicaron cómo alimentarlo con embuche y cómo acondicionar el espacio para mantenerlo limpio. En ese momento ya notaron que tenía problemas en las patas. “Los primeros días comió, durmió e hizo mucha caca”, dice Valentina entre risas.

Chiqui Mc Polluelo cuenta qué come en un día
Chiqui Mc Polluelo cuenta qué come en un día
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“Cuando se rescata un pichón de cotorra, hay que darle cuidado, alimentación y estimulación de la manera más parecida a lo que harían sus padres”, explica Clara Correa, fundadora y presidenta de la Asociación Civil Pájaros Caídos.

“Primero, como hizo Valentina con Chiqui, hay que ofrecer papilla y luego, de a poco, ir sumando semillas variadas. A este tipo de cotorras - el ave más solicitada cuando se trata de adopciones- le encanta la comida que comen los humanos. Por eso hay que tener mucho cuidado de no darles chocolates u otros alimentos que pueden llegar a dañarlos seriamente”, detalla Correa, que tiene más de 18 años de experiencia en proteger, rescatar, rehabilitar y reinsertar todo tipo de aves.

“Muerto va a estar mejor”

Después, Valentina consultó con otros profesionales y finalmente le hicieron radiografías. El diagnóstico fue devastador: tenía las dos tibias fracturadas. “Probablemente había nacido con algún tipo de malformación y su madre lo había empujado del nido”, dice la joven.

La radiografía de Chiqui.
La radiografía de Chiqui.
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El veterinario al que Valentina llevó las placas dijo que la situación era muy complicada. Podía intentar inmovilizar las patas, pero él recomendaba la eutanasia. Según su experiencia, nunca iba a poder volar porque no tenía fuerza ni estabilidad en las patas para poder aterrizar. “Muerto va a estar mejor”, sentenció con frialdad.

Fue un baldazo de agua fría. “Hacía apenas unos días que Chiqui vivía conmigo, pero ya estaba completamente encariñada. Además, lo veía con unas ganas enormes de vivir. Comía con entusiasmo, se movía todo el tiempo, estaba atento a todo. Había algo en él que me decía que todavía quería pelearla. Y creo que eso fue lo que me hizo seguir adelante”.

“Desde el primer día tuvo energía”

La vida de Valentina se reorganizó en función de los horarios y las necesidades de Chiqui. Al principio, el pichón comía cada cuatro horas, incluso durante la noche. La joven aprendió a controlar el buche del pájaro, esa bolsita que tienen en el cuello donde almacenan la comida antes de digerirla. Esperaba que se llenara y respetaba sus tiempos.

Chiqui Mc es una cotorra argentina (Myiopsitta monachus), las famosas “catitas”.
Chiqui Mc es una cotorra argentina (Myiopsitta monachus), las famosas “catitas”.

En cuanto a la limpieza, era bastante artesanal: levantaba las caquitas, limpiaba sus mantitas y acomodaba constantemente su espacio. Su camita estaba hecha de telas, polar y pedazos de pijamas de Valentina. Aunque era verano, habían tocado unos días frescos; Chiqui dormía completamente rodeado de abrigo. “Sigue durmiendo así porque le resulta más cómodo para sus patitas”.

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Valentina jamás vio decaído a Chiqui. “Desde el primer día tuvo energía”. De la mano de una profesional veterinaria mucho más empática y optimista -que incluso fabricó una suerte de botitas para el ave-, las mejoras fueron apareciendo de a poco.

Chiqui empezó a comunicarse más, a balbucear sonidos y a interactuar con Valentina de formas cada vez más claras. “Una vez incluso dijo mamá. Nunca más lo repitió, pero me dejó impactada".

Valentina y Chiqui cantan juntos
Valentina y Chiqui cantan juntos

Cinco meses después del rescate, Chiqui muestra -cada vez con más entusiasmo- sus ganas de volar, de explorar y de recibir cariño. Busca besos y compañía, pero también tiene sus momentos de independencia, picoteando ramitas y castañitas que su humana le lleva de la calle.

Ya hizo sus primeros vuelos desde y hacia las manos de Valentina. “Vuela como un boomerang porque creo que todavía tiene un poquito de miedo de no saber dónde y cómo aterrizar”.

“Va conmigo a casi todos lados. Trabajo mucho desde casa, así que eso ayuda, pero también lo llevo a la casa de mis padres, a visitar amigos o a cualquier lugar donde pueda estar tranquilo y seguro. Intento no dejarlo solo por períodos largos. Generalmente no más de cuatro horas”.

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Valentina dice que aprendió “muchísimo” sobre las cotorras. “Me sorprendió el nivel de vínculo que generan. Hay algo muy humano en el apego que construyen. También aprendí cómo funciona el buche, que pueden llegar a hablar, que son extremadamente sensibles al estrés y que necesitan estabilidad. Les hace muy bien el contacto con elementos naturales: ramas, hojas, palitos, paseos al aire libre. Por eso muchas veces lo llevo conmigo al río. Se acomoda en mi cuello de polar y salimos a caminar juntos”.

A Chiqui le encanta que lo masajeen con un cepillito.
A Chiqui le encanta que lo masajeen con un cepillito.

El sexo de Chiqui todavía es un interrogante. “Existe la posibilidad de hacer estudios para determinarlo, pero sinceramente siento que ya pasó por demasiados controles veterinarios. Con el crecimiento suelen aparecer algunas señales físicas que orientan un poco, pero por ahora sigue siendo un misterio”.

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Actualmente la cotorra está haciendo fisioterapia y acupuntura. El objetivo es recuperar todo lo posible la patita que todavía tiene potencial de mejora. Lo que buscan los veterinarios es que pueda apoyarse mejor, proteger su columna y tener la mejor calidad de vida posible.

Chiqui me cambió la vida. Me obliga a estar en el presente. Algo que parece simple, pero que es muy difícil. Cuando le doy de comer no pienso en otra cosa. Es un momento de atención total. También me hizo entender el amor desde un lugar mucho más concreto. No desde las palabras, sino desde los actos cotidianos: cuidar, acompañar, estar. A veces siento que yo lo salvé a él. Pero si soy sincera, creo que Chiqui también me salvó a mí”.

Más información: se puede seguir la evolución de Chiqui en su cuenta de Instagram @chiquimcpolluelo

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