
El cine de la desmesura
1 minuto de lectura'
Algunas películas pasaron a la historia del cine no sólo por sus cualidades artísticas, sino también porque fueron encaradas como arriesgados proyectos personales. Tal es el caso de los tres títulos que presentamos hoy: a cargo de Francis Ford Coppola una de ellas y de Werner Herzog las dos restantes, significaron audaces propuestas que, por su desmesura, parecían imposibles de realizar. Sin duda no es casual que las historias que relatan estén protagonizadas por individuos que se proponen ir más allá de sus propios límites, tanto simbólicos como físicos. Filmadas en plena selva, implicaron esforzadas (y hasta riesgosas) tareas de realización, así como dificultades financieras que llegaron a amenazar con la interrupción de los rodajes. Todas tienen en su haber un nutrido anecdotario, sostenido fundamentalmente en los tormentosos conflictos que, en semejantes condiciones de trabajo, enfrentaron a los realizadores con el equipo técnico y los actores. Pero, más allá de las historias tejidas a su alrededor, lo cierto es que dieron lugar a intensas experiencias visuales y narrativas, dignas de ser disfrutadas.
- Aguirre, la ira de Dios (Werner Herzog, 1972): en una visión nada idílica de lo que fueron las primeras avanzadas españolas en América, Herzog sigue los derroteros de Aguirre, un conquistador que decide traicionar a sus superiores y emprender la búsqueda del mítico El Dorado por su cuenta. La acción transcurre en la selva peruana y tanto los actores como los indígenas que participaron en la filmación debieron atravesar efectivamente esa exuberante e inhóspita región. A cargo del rol protagónico está Klaus Kinski, un actor con la suficiente personalidad como para insuflar vida al desmedido, mesiánico y, con todo, fascinante aventurero español (AVF, 20 pesos).
- Fitzcarraldo (Werner Herzog, 1982): otro hito en la obsesión del director alemán por llevar las cámaras allí donde la naturaleza resulta más hostil al hombre. En este caso se trata del Amazonas. Las imágenes que abren la película son de una belleza abrumadora, que reclama la visión en pantalla grande. Pero aun en video conservan su potencia, así como el relato al que dan lugar: con un peregrino interés comercial, John Fitzgerald (otra vez el enorme Kinski), un irlandés que vive en Iquitos, debe subir un barco a una montaña. Y, literalmente, lo hace, mientras las cámaras registran el esfuerzo real de un puñado de hombres arrastrando la nave en medio de la selva (SP, 20 pesos).
- Apocalipse Now (Francis Ford Coppola, 1979): a partir de una adaptación de El corazón de las tinieblas, novela escrita por Joseph Conrad en 1899, Coppola concibió esta película ambientada en la Guerra de Vietnam. Pero, más allá de las vertiginosas secuencias bélicas (por ejemplo, el ataque a una aldea vietnamita al ritmo de La cabalgata de las walkirias), lo que se propone es el ingreso en una zona de mayor inquietud. Se trata de una suerte de descenso a los infiernos, que primero toman cuerpo en las entrañas de la selva, pero luego se convierten en una sospecha más oscura: la de que, en definitiva, siempre formaron parte de nosotros mismos. Quien pone sobre el tapete semejante idea es Marlon Brando, en una memorable y breve aparición en los tramos finales del film (AVH, 18,90 pesos).





