
El club donde se cocina como en Hungría
Club Hungaria. Pasaje Juncal 4250, Martínez; 4799-8437. Abre de martes a sábados de noche; sábados y domingos, mediodía. No aceptan tarjetas de crédito.
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Es un restaurante de club, ubicado a metros de Santa Fe y Paraná, en Martínez. El salón, con patio al fondo, está precedido por un mostrador sobre el que se exhiben tortas y postres. El restaurante en sí es un salón amplio, con revestimiento de madera, un piano que suena en las mejores noches, escudos de las regiones húngaras dando el toque de color, y dos vitrinas que lucen artesanías y objetos. Ambiente tranquilo durante la semana, pero al finalizar ésta abundan las mesas grandes y se escucha el idioma del terruño.
La cocina húngara aportó a la culinaria mundial dos preparaciones: el gulash y la torta Dovos. La primera es aporte de la cocina paisana o rústica, y la otra de la aristocrática, más influida por la pastelería austríaca. Esta cocina tiene como ingredientes preferidos el cerdo (finalmente, los embutidos eran la mejor manera de conservar la carne, antaño), repollo fermentado (por iguales razones), legumbres, todo enriquecido por la ardiente páprika. La cocina de cacerola es ideal para combatir el frío, y éste, una buena excusa para saborearla. La carta abre con gelatina de cerdo ($ 5), sopa de porotos con carne ahumada, muy recomendable (3,50), langos (parecidas a figazas fritas, 2). También, turos teszta (fideos cortados y hervidos con ricotta y chicharrón) y rico chucrut gratinado al horno con carne de cerdo (5,40). Es de notar que el chucrut magiar es menos fuerte que al que estamos acostumbrados, lleva mucha cebolla y se condimenta con páprika.
La insignia de la casa es el gulash (4,20) , de vaca o de cerdo y siempre acompañado con spätzel, diminutos ñoquis de masa moldeados al pasarse por el colador (5). Riquísimo el repollo relleno con cerdo, res y arroz (5,40) y, dentro de la onda rústica, salchichas húngaras con raíz picante (3) y costillas de cerdo ahumadas. También, lomo Strogonof, a la Budapest y algunos platos como milanesa a la napolitana con fritas (4,50) y palmitos con salsa golf (3). Todos los postres, recomendables: strudel de guindas (3), manzana, ricotta, kremes (crema pastelera entre capas de hojaldre), torta Dovos, Rigo (torta de chocolate) o pastel de nuez (2,50).
El restaurante está a cargo del señor Giménez y su familia. Un integrante de la colectividad provee los embutidos típicos y una señora, a la que deseamos larga vida, los postres. Las porciones son interminables y la atención, muy amateur los fines de semana. No espere paqueterías, sino comida rica y abundante en un clima distendido y familiar. Reservas, imprescindibles.





