
El hombre inhallable
No cabe duda de que la figura del Indio Solari, "la estampita" de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, es una de las más emblemáticas, fascinantes y enigmáticas en la historia de nuestro rock. Mucho, muchísimo se ha escrito sobre la banda, esa trilogía que conformaron Solari (la poética), Skay Beilinson (la instrumentación) y la Negra Poli (todo lo demás). Tanto, que la estatura de mito alcanzada por la banda permite que no todo lo que se dice de ella sea verdad, pero tampoco falso. Y no importa demasiado. Ese juego en los márgenes (y en los extremos) que siempre propuso Patricio Rey es el que aún hoy, cuando está claro que el Indio se encerró en su búnker y cortó relaciones con casi todos (pocos) los que conformaron "su" mundo, sigue alimentando el mito.
El trabajo de Gloria Guerrero, "Indio Solari. El hombre ilustrado", viene a confirmar justamente eso: la estatura del mito. Pero un mito construido minuciosamente, paralelamente al fenómeno del grupo en sí, y del cual hay sobrada documentación: más de dos décadas de carrera y diez álbumes notables. Para eso se remonta a la protohistoria, a los años de La Cofradía de la Flor Solar y la fuerte movida contracultural que se vivió en La Plata en los años 60 y 70, y resulta lo más interesante de la historia porque habla, justamente, de la etapa menos conocida de la historia (no sólo de los Redondos, sino del rock).
Fenton, El Mufercho, Isa Portugheis (compañero del Indio en la escuela primaria), Claudio Kleiman, Alfredo Rosso, Pupeto... todos hablan de cómo fue su contacto con Solari, pero ninguno -tal vez la confirmación del mito- termina de dar un acabado perfil del cantante. Son sólo breves señales.
Y también está la palabra del Indio, pero en distintos tiempos de los Redondos, a través de reportajes dados a distintos medios (incluso a Guerrero). Más que de una biografía, se trata más bien del perfil de una de las bandas que consiguió cumplir el sueño del movimiento rockero: mantenerse en los márgenes, y que allí la prioridad fuera la obra.







