
El humor y la economía se encuentran en The New Yorker
Un libro recopila 400 chistes gráficos sobre dinero y finanzas, publicados en la prestigiosa revista durante los últimos 85 años
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En febrero de 1925, cuando The New Yorker hizo su debut en los quioscos de revistas, era una publicación de humor. Su fundador, Harold Ross, había trabajado para Judge, otro semanario satírico muy exitoso, y quería replicar la experiencia con un tono más sofisticado. "Fue uno de esos raros momentos del siglo XX en el cual los escritores humorísticos eran muy respetados por la sociedad -escribe Ben Yagoda en About Town , la historia de The New Yorker-. Los neoyorquinos estaban ávidos de cultura, y de alejarse de la solemnidad del siglo anterior; el humor era por entonces un grito de rebelión y también una válvula de escape."
Con el tiempo, The New Yorker se transformó en lo que es hoy: una publicación de ensayos periodísticos, de ficción y de crítica, con artículos de primerísimo nivel y columnistas prestigiosos. El humor resiste en sus famosas viñetas y en la ironía de sus textos. "¿Qué diablos pasa por la cabeza de The New Yorker a la hora de hablar de dinero? La respuesta inmediata es: bromear sobre el asunto", escribe el autor de best sellers de no ficción Malcolm Gladwell -y redactor de la revista en cuestión- en El dinero en The New Yorker , un libro que recopila 400 chistes gráficos sobre economía y finanzas, publicados en la revista en los últimos 85 años.
La selección de piezas de un centenar de artistas fue hecha por Robert Mankoff, dibujante y editor de la sección de historietas.
El humor y la economía son dos terrenos con pocas fronteras en común. Un chiste que aparece en la página web de Finlandia JokEc, el mejor sitio de bromas sobre la profesión de Adam Smith y John Maynard Keynes, cuenta que la receta imbatible para arruinar una fiesta, volviéndola aburrida, es invitar a más de un 30% de economistas. "Una de las ventajas que tenemos los economistas a la hora de contar chistes es que las expectativas que hay sobre nosotros son tan bajas que no nos cuesta demasiado sorprender", contó recientemente a LA NACION el profesor de Economía y comediante de stand up estadounidense Yoram Bauman.
En
El dinero en The New Yorker
llama la atención ver cómo los temas de 85 años atrás tienen vigencia en la actualidad y se van repitiendo a lo largo de las décadas: las burbujas, la inflación, el desempleo, la desigualdad. Los operadores de Wall Street que hacen comentarios mientras se tiran al vacío desde los rascacielos tienen los mismos trajes en la depresión del 30, en las debacles del 80, del 90 y de la última década.
Así, las 400 viñetas van repasando la historia económica reciente, y la caída de los 30 da lugar más tarde a la expansión de la posguerra. En una viñeta, una mujer le dice a su marido, en coma en la cama de un hospital: "Harold, ¿me oyes? Las industriales al alza, los ferrocarriles al alza, el cobre al alza...". En otra, un esposo moribundo le advierte desde la cama: "Si pasara algo, Bárbara, no vendas Xerox".
Ya en los años 70 aparecen los petrodólares, la inflación, la ecología y la depreciación de la moneda de EE.UU. Un mendigo le dice a otro: "Me alegra muchísimo que el dólar esté fuera de peligro, porque si el dólar estuviera en peligro, imaginate las monedas de diez centavos".
El "reinado de los economistas", a partir de los 80, llegó con su colección de bromas sobre las pifiadas en los pronósticos. Dos técnicos llegan a un alto despacho oficial y le explican al funcionario: "Estas previsiones son producto de nuestra imaginación. Esperamos que sean de su agrado".
Una década más tarde entran en escena los japoneses, los cursos de MBA, Alan Greenspan, las fusiones, las stock options , las quiebras. Al final, un ejecutivo se toma un martini seco en la barra de un bar y dice, con tristeza: "Quiero que me devuelvan mi burbuja".
Con un público cosmopolita, The New Yorker supo ganarse fama de excelencia en sus textos de ficción y no ficción. Gladwell, el autor del prólogo, es en la actualidad el más exitoso de los autores del género smart-thinking , pero sus millones, sus charlas y su éxito no lo alejaron de su lugar de referencia: las páginas de la revista. Los artículos de esta publicación son muy largos: para darse una idea, El gran estancamiento , de Tyler Cowen, el libro de economía más vendido de 2012, tiene una extensión equivalente a apenas dos notas "feature" de The New Yorker. Es una de las pocas publicaciones que aún cuenta con un departamento para un segundo chequeo sobre cada dato de las piezas editadas. Y su sección de humor gráfico no es menos prestigiosa. Por allí pasaron, entre otras, las plumas de Charles Addams, George Booth, Leo Cullum, Edward Koren, Charles Saxon o Richard Taylor... "The New Yorker es una ´cápsula del tiempo', donde cualquiera podrá ver en un futuro lo que era el humor y la ilustración en los siglos XX y XXI", dice el ilustrador argentino Augusto Constanzo, que publicó allí.
El dinero en The New Yorker muestra un humor inteligente, que no despierta carcajadas, sino que más bien llama a la complicidad de una sonrisa ante un comentario irónico y sutil. Tal vez porque detrás de cada chiste subyacen los desajustes más dramáticos de la economía en el último siglo. Como dice Woody Allen: "Comedia es igual a tragedia más tiempo". Y así desfilan los ejecutivos suicidas, o los CEO patéticos, como uno que reúne a los empleados de su multinacional para arengarlos: "Seguimos siendo la misma gran compañía que siempre hemos sido. Sólo que hemos dejado de existir".
Recién llegado a la Argentina
- El dinero en The New Yorker
Publicado por la editorial española Libros del Asteroide
Ya se consigue en librerías a $185
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