
El ocaso de los gnomos
Destino de olvido para los enanitos de jardín. Mediciones hechas en Inglaterra indican que estos adornos han perdido un 68% de credibilidad
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Este año, cuando la cadena de supermercados inglesa Tesco empezó a vender equipamiento de jardines, se esperaba que los enanos de jardín, un artículo básico del césped británico durante más de 100 años, estuvieran entre los artículos más populares.
Pero la empresa se sorprendió grandemente: "Nuestros abastecedores nos avisaron que no debíamos preocuparnos por los gnomos, porque ya no tenían mercado", explicó Simon Soffe, de Tesco. De hecho, una investigación realizada por la empresa reveló que las ventas de los antes populares gnomos de jardín habían caído un 68 por ciento, y que sólo había tres millones de personas que poseían esos adornos, contra cinco millones en 1990.
Rosemary Ward, gerente de servicios de la revista Gardening Which, atribuyó esa caída al creciente esnobismo de las tendencias de la jardinería, estimulado por el ascenso de los programas televisivos sobre el tema y las revistas de decoración.
"Por supuesto, depende de lo que cada uno quiera de su jardín", expresó Ward, a quien personalmente no le gustan los gnomos (tiene, en cambio, una liebre de cerámica), pero respeta el gusto ajeno por los enanitos. "Tener objetos coloridos en el jardín es una excentricidad inofensiva -agregó-. Hay muchas cosas peores en el mundo."
¿Ha llegado entonces el ocaso de estos clásicos duendecillos de los jardines ingleses? Esa posibilidad sin duda entristecería a sir Charles Isham, el espiritual aristócrata que compró gnomos de porcelana en Alemania para llevarlos a Inglaterra en la década de 1860, y los colocó entre las cuevas y los árboles bonsái del jardín de piedras que construyó en su propiedad de Northamptonshire.
Sir Isham creía que los gnomos y las hadas existían verdaderamente. También creía que cada gnomo de su jardín tenía un amigo invisible a su lado, y describió sus experiencias con los gnomos en un libro, Notes on Gnomes. En aquél afirmaba: "Ver y oír a los gnomos no es una perturbación de los sentidos, sino una ampliación de las facultades humanas".
Los ingleses victorianos estaban fascinados por el mundo feérico, y muy pronto los gnomos aparecieron en los más elegantes jardines de Inglaterra. Quedaron fuera de moda cuando ganaron popularidad los jardines naturalistas, a principios de la década de 1900, pero revivieron cuando empezaron a aparecer versiones en plástico en los jardines suburbanos. Sin embargo, ya no eran esas criaturas desenfrenadas y salvajes de la época victoriana. Blancanieves y los siete enanitos, la película de Disney, había creado un nuevo ideal: el gnomo simpático y regordete, enfundado en una chaqueta verde y tocado con un gorro rojo.
Tal vez esa misma sensiblería haya sido su condena. En cualquier caso, para la Sociedad Hortícola Real, hay pocas cosas tan despreciables como los gnomos, salvo tal vez las plantas de plástico. Ambas cosas son consideradas como las peores cursilerías, y se les exige a los exhibidores que las retiren de los jardines en todas las competencias.
Sin embargo, a los dueños de la Reserva de Gnomos y Jardines Silvestres, del norte de Devon, no les interesa que los gnomos sean de plástico, terracota o cemento: su colección incluye más de 1000 gnomos y duendecillos.
"Tenemos algunos de plástico barato, pero los gnomos no tienen la culpa del material con el que han sido construidos, y todos conviven muy felices en el jardín", explicó Ann Atkin, que fundó esta reserva hace más de 20 años. "Pinto paisajes -añadió- y de repente se me ocurrió que los paisajes necesitaban tener algún gnomo en ellos." Pero los nuevos tiempos exigen otros gnomos. En la empresa Tesco, planean construir gnomos con teléfonos celulares y laptops. Y en Londres, Heather Forrester, productora de televisión, hace gnomos con la apariencia de los miembros del gobierno. El más popular, dijo, es el primer ministro Tony Blair, el gnomo del pueblo. Se lo ve "sonriendo al público", y lleva "una pala por si le toman fotos". El que le sigue en popularidad es Robin Cook, el ex secretario de Exterior, que, con su pelo rojo y barba, parece un verdadero gnomo, aun vestido de traje.
"Los gnomos son esencialmente criaturas ingenuas que adornan un jardín -añadió Forrester-. Pero éstos son los gnomos del nuevo milenio."





