El “ovnipuerto” de Cachi. La historia de su creador, el enigmático suizo que vivía bajo tierra y decía hablar con extraterrestres
Terry Werner Jaisli tardó cuatro años en construir las 12 estrellas de piedra que hoy forman el “ovnipuerto” de Cachi; hoy su obra es uno de los principales atractivos turísticos del pueblo salteño
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El suizo Terry Werner Jaisli llegó a Salta en 2008, con 60 años. En Cachi, donde se instaló, los vecinos lo apodaron Bernard. A las afueras del casco histórico, a 2400 metros de altura, empezó a construir ese año una base de aterrizaje para ovnis, al cual los puebleros bautizaron como “ovnipuerto”. Al principio trabajaba por su cuenta, después contrató a otras tres personas para que lo ayudaran.

Con los años, a medida que tomaba forma, su obra empezó a ganar visibilidad. Fue entonces que los medios locales y nacionales comenzaron a interesarse en su creador. Los periodistas querían saber principalmente de dónde había surgido la idea de emprender semejante proyecto. En una ocasión, mientras lo entrevistaban en la puerta de su casa -básicamente una cueva con paredes de adobe que construyó debajo de su obra- dijo:
“En la noche del 24 noviembre del año 2008, tuve el primer contacto con dos objetos que volaban sobre mí y me iluminaban”. Este encuentro con las “naves de seres cósmicos”, detalló en otra entrevista, había ocurrido en la icónica Piedra del Molino, el punto más alto de la Cuesta del Obispo, a 3348 metros de altura sobre el nivel del mar. Básicamente, vio dos esferas blancas suspendidas en el aire.

“Yo recibí un mensaje mental: tenía que hacer una señal sobre la tierra. No sabía nada, no sabía qué. Lo único que había aquí eran piedras, así que lo hice con piedras. Había docenas de viudas negras bajo las piedras, y yo levantaba tantas. Pero bueno, estaba protegido. Recibí todo de ellos [los “seres cósmicos”]. Ellos usaban mis manos”, declaró. Años más tarde diría que durante sus años viviendo en Argentina experimentó un aproximado de 200 avistamientos.
Terry pasó cuatro años construyendo el “ovnipuerto”. Según sus cálculos, usó más de 30 toneladas de piedras para dibujar 12 estrellas en el suelo. Para diseñarlas no usó plano alguno, solo piolas que extendía para medir las distancias. La estrella de mayor tamaño, de 48 metros de diámetro, tiene 36 puntas, cada una ubicada a 10 grados de la otra. Terry la pintó con cal y la llamó Estrella de la Esperanza. Su color blanco, que contrasta con el marrón que predomina en el paisaje serrano, hace que su visión satelital sea más clara. La idea, explicó Terry en su momento, era que los seres cósmicos pudieran distinguirla desde el espacio.

Pero una vez terminada la obra, el 13 de diciembre de 2013, cuando faltaba un mes para su cumpleaños número 65, Terry desapareció. Dejó atrás su casa, su taller, sus vecinos amigos... y el “ovnipuerto”. Y entonces surgieron las primeras teorías sobre su abducción extraterrestre. Ningún pueblero supo de él por años, hasta que finalmente volvió, pero con un aspecto renovado. Ya no parecía un clásico turista europeo que viene al país a hacer turismo aventura, sino que tenía una barba blanca larga, vestía túnicas negras y collares largos y caminaba con un bastón de madera.
¿Por qué desapareció? Este es el punto en que las dos versiones de esta historia se dividen. Por un lado, está la explicación de Terry, quien afirmó al volver, durante una entrevista: “Estuve en Suiza, volví a mi patria porque aquí se daban cosas que yo no podía más. Me sentí en peligro. Por eso tenía que irme de aquí. Y no podía saludar a nadie del pueblo, a ninguna persona que yo quería y que me quería a mí. Tenía que escaparme”. El notero del Tribuno de Salta que lo entrevistaba no le preguntó a qué se refería cuando decía que se sintió en peligro.

La segunda versión, la de sus vecinos, es menos enigmática. “En verdad, vinieron sus hijos a buscarlo y se lo llevaron de nuevo a su casa, en Suiza”, explicó uno de ellos, quien lo conoció de cerca, a LA NACION. Sus tres hijos son argentinos. Según contó Terry en una ocasión, estuvo casado con una salteña, a quien conoció en 1973. Ella es la madre de sus hijos. “Argentina para mí siempre fue el país de mis sueños”, solía decir el suizo.
La faceta poco conocida del autor del “ovnipuerto”
Uno de los mayores interrogantes en torno a este misterioso personaje es de qué vivía, cómo sustentaba sus gastos del día a día y cómo financió la construcción del “ovnipuerto”.
Según sus vecinos, quienes le tenían gran estima, además de la construcción del “ovnipuerto”, durante esos cuatro años también se dedicó a hacer cuchillos. Traía las cuchillas de Suiza y en su taller confeccionaba los mangos de madera. Sin embargo, en vez de venderlos, la mayoría de las veces los regalaba. Vivía de los ahorros que había logrado recolectar tras una vida profesionalmente exitosa en el viejo continente. “Era un gran artista, poseedor de un talento inigualable. Él preparaba los stands de los predios feriales más importantes de Europa, continente en el que obtuvo muchos reconocimientos por su labor. Fue un enamorado de Salta y su lugar en el mundo lo encontró en Cachi», recordó Carlos Figueroa, un amigo del suizo, durante una entrevista con un medio local.

Tras su regreso a Cachi, Terry pasó menos de un año en su “casa-cueva”. Luego regresó a su tierra natal. Según un vecino consultado, sus hijos nuevamente vinieron a buscarlo. A fines del año pasado falleció en Suiza. Al enterarse de la noticia, sus vecinos de Cachi, hicieron una misa en su honor. Incluso quienes no creían en sus avistamientos de ovnis -la mayoría, de acuerdo a una simple encuesta en el pueblo- Terry era una persona muy querida dentro de la comunidad de Cachi. En septiembre de 2020, la Cámara de Diputados de la Provincia declaró al “ovnipuerto” espacio de interés público.
Hoy la obra que dejó es uno de los principales atractivos turísticos de Cachi. La municipalidad es quien se ocupa del mantenimiento del predio. A su vez, otro vecino de Cachi actualmente organiza “turismo ovni”: básicamente, por las noches organiza encuentros con turistas sobre la Estrella de la Esperanza y, junto a ellos, pasa horas mirando el cielo en busca de ovnis.

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