
El perro y uno
Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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La perra labrador ya no podía con su panza y trataba de hacer nido en los lugares más tranquilos de la casa. ¿Tienen las hembras caninas comportamiento maternal? Podríamos decir que sí, pero no exactamente igual al del ser humano.
Después del parto, las perras sufren modificaciones en su comportamiento. Como toda madre, en la mayoría de los casos se dedican al cuidado y educación de sus pequeños. Su comportamiento maternal está condicionado por la memoria genética, que actúa a partir del cambio hormonal desatado por la preñez.
Algunos estudiosos de los mamíferos superiores cuestionan parcialmente la definición que acabamos de dar, ya que sostienen que la maternidad es producto del aprendizaje.
Sin entrar a discutir si eso es correcto o no, digamos que, al menos en el mundo de los perros de pedigree (en el que los cachorros son comercializados generalmente a los 45 días), poco es lo que pueden aprender de sus antecesoras. Sin embargo, las perras de esa categoría suelen demostrar ser tan buenas madres como las que han permanecido en jauría.
Pero volvamos a lo planteado en el comienzo de la nota. Cuando se acerca el parto, la hembra preñada generalmente da muestras de gran excitación. La búsqueda de un lugar donde hacer nido (término vulgar que designa el cubil) es normal, como también lo es que el lugar seleccionado sea el más incómodo para sus dueños, los que deben tener ya acondicionado un sitio tranquilo y, de ser posible, no muy iluminado. ¿Por qué decimos un lugar tranquilo y en penumbras? Porque en libertad las parturientas suelen alejarse de la jauría para tener su descendencia y se vuelven agresivas con sus congéneres. Esa conducta, que también puede darse con sus amos, está directamente ligada al proceso hormonal, que le indica preservar la seguridad de su lechigada.
En cuanto comienzan a nacer los cachorros se desencadena el comportamiento maternal. No debe extrañar que la madre, primeriza o no, degluta a alguno de sus hijos si ha nacido con algún defecto, tal vez imperceptible para sus dueños. Es que, si a la memoria genética nos referimos, sólo deben sobrevivir los más fuertes.
En cuanto los cachorros tienen su sistema neuronal lo suficientemente desarrollado (cosa que ocurre a partir de los 21 días) es frecuente que acompañen a su mamá fuera del cubil.
El vínculo materno filial es muy fuerte, aunque es diferente con las hembras que con los machos.
Si los perritos permaneciesen junto a su progenitora, podríamos observar que se muestra agresiva con ellos a partir de los 50 días. No ocurre otro tanto con las hembras; esto se debe a que son las encargadas de perpetuar la especie.
Esa tolerancia no va más allá del año: cuando sus hijas se conviertan en rivales ante los machos de la jauría, competirá agresivamente con ellas.
Aunque no lo parezca, el conjunto de las conductas descriptas es absolutamente necesario para el normal desarrollo psicofísico de las crías. Del comportamiento de la madre dependerá buena parte de su estabilidad emocional.
Si respondemos a la pregunta que dio origen a este artículo, podemos decir que existe un comportamiento maternal en las hembras caninas.





