Él quería casarse, ella tenía metas que seguir; años después una película cambió todo
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Por aquellos años Valeria sentía que Javier era un loco, uno lindo y al que amaba, pero un loco al fin. Todavía eran muy jóvenes, adolescentes, y ya desde entonces él le pedía que se casaran. ¿Por qué apurarse?, pensaba Vale, más aún, ¿era siquiera necesario formalizar con papeles? Ellos eran felices y tenían mucho por descubrir y aprender. Pero Javier era un romántico sin remedio al que no le cabía la racionalidad. "En cambio yo tenía muchos sueños, sentía que era mi gran amor, pero tenía muchas metas que deseaba cumplir, que trascendían nuestra relación de pareja, aunque tal vez me costaba expresárselo", recuerda ella hoy.
Su amor adolescente tenía otras dificultades, concretaban sus citas casi a escondidas de los padres estrictos de Valeria y se veían en la casa de una amiga en común y en los parques, en donde compartían tardes de risas, caricias y diversión. A pesar de los anhelos opuestos su relación se sentía eterna, ¿por qué algo debía cambiar?, los días transcurrían bellos y colmados de nuevos descubrimientos de a dos.
Pero un año más tarde, a causa de ciertas dificultades familiares, ella inesperadamente tuvo que trasladarse a otra ciudad. Javier, por otro lado, tuvo que cumplir con el servicio militar. Esa distancia, dolorosa para ambos, los terminó por separar.
Otros rumbos
Algunos años pasaron, fueron tiempos extraños en donde ninguno en el fondo pudo olvidarse, pero en donde ambos decidieron imaginar que tal vez aquel tipo de emoción adolescente correspondía únicamente a aquella época y que estaba bien que allí quedara, como un tesoro digno de rememorar. Él, que siempre había querido formar una familia, conoció a una mujer con la que creyó que podría concretar su proyecto del amor, un romance maduro, sin escondites ni efusividades. Ella, se abocó al trabajo incansablemente, a estudiar hasta obtener sus diplomas, dispuesta a crecer en su profesión.

Un día, Javier la contactó y le contó que iba a contraer matrimonio, para Valeria fue un golpe duro y, sin embargo, calló. "Sentía que él finalmente había comenzado a tener una estabilidad emocional y yo no sabía si era el tipo de persona que Javier necesitaba. Quería que fuera feliz, entonces dejé que se casara y, a su vez, dejé de hablarle, ya que su mujer le hizo prometer que cortaríamos todo contacto", cuenta Valeria con una sonrisa algo nostálgica.
La unión de Javier duró tres años, por más que quisiera una familia, comprendió que debía ser fiel a su ideal del amor, que definitivamente no era ese. Allí, perdido en quién era y hacia dónde seguir en su camino de vida, el joven aprovechó una oportunidad laboral en el exterior y decidió que era tiempo de viajar. "Un viaje que duró muchos más años de los esperados".
Valeria también había conocido a alguien, un hombre que en un comienzo le atrajo y que creyó que la había enamorado. "Pensé que me casaría con él, pero el tiempo nos demostró que no estábamos destinados y finalmente cada uno siguió su camino, aun así, creía que a Javier lo había olvidado. Supongo que, a partir de allí, comencé también mi propio viaje, uno hacia mi interior".
La película y el tiempo
Catorce años transcurrieron en tierras lejanas hasta el día en que para Javier fue tiempo de volver. En lo profundo de su alma para él regresar significaba una sola cosa: Valeria, aunque se lo negaba. La contactó en un anochecer de melancolía y esperanza, quería saber cómo estaba y qué había sucedido en su ausencia, quería saber todo de ella. Hablaron mucho, pero ese día no tomó coraje, temía su rechazo y se dejó vencer por el miedo, hasta que llegó aquella otra ocasión en la que se animó y le dijo que quería verla con un "¿te puedo invitar a salir?", tan similar a aquel de su adolescencia.
Conversaron, más que nada acerca de temas sin demasiada importancia, o tal vez sí, sin embargo, lo único certero era que en el aire se respiraba una tensión extraña, desprendida de la lógica del tiempo. Entonces a Javier no le quedó otra opción que robarle un beso apasionado. "Y me dejé llevar por esa pasión", evoca ella conmovida. Necesitaron tan solo de aquel instante para comprender que su amor jamás había muerto.

"De pronto, esa mujer cargada de mandatos y metas que había sido comenzó a derrumbarse", dice ella con voz suave, "Y terminé de dejar que caigan mis muros una noche, cuando me insistió en ver la película Diario de una pasión (The Notebook), cuya historia tiene un sentido similar a la nuestra y a través de la cual, de pronto, pude comprender que el tiempo para poder estar juntos no iba a ser eterno, que se acaba, y que justo allí, cuando creemos que estamos haciendo lo correcto, a veces estamos dejando que se nos vaya de nuestras manos lo más importante de la vida".
Javier y Valeria hoy están juntos. Una de las cosas que siguen aprendiendo día a día es a no dejar de decirse lo que sienten en el momento adecuado, una falla que los había distanciado en el pasado, y que no quieren que les vuelva a coartar el amor hoy.
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