
El quipao
Historias del furor por el estilo chino, pero con algunos matices
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Luego de la chinoserie tan variopinta como bizarra que desfiló por la Gala del Metropolitan Museum en ocasión de la apertura de la muestra China trough the Looking Glass, se instauraron debates sobre modos de representación del estilo chino en la moda. Así como de Yves Saint Laurent a John Galliano homenajearon a China desde la alta costura, el ready to wear de 1990 lo trasladó a las túnicas de Vivienne Tam con multicolores prints del rostro de Mao Tse Tung y los diseños de Anna Sui que reformularon motivos de su colección de porcelana, un gesto recuperado por la diseñadora Mary Katrantzou con faldas que simulaban jarrones.
Otro indicador del nuevo furor oriental remite a los ardides del marketing de las firmas del mercado del lujo para trasladar las presentaciones de sus colecciones crucero a Shanghai. Una bitácora de los trajes tradicionales se detiene en el quipao, más conocido como cheongsam –su denominación en cantonés–, y sus representaciones. Considerado el traje chino por excelencia, devino una prenda venerada por las adoradoras del exotismo desde que en 1920 las estudiantes de Shanghai divulgaron su uso. Porque al incorporar el cheongsam se despojaron de antiguos atuendos de tres piezas compuestos de una chaqueta de mangas amplias apodadas ao, una falda con tablas plisadas denominada quu y un pantalón holgado llamado Kuu y –en un gesto muy Chanel cuando indagó en los ropajes de tweed de Boy Capel– se apoderaron de ropas masculinas que consistían en largas batas de seda.
Con apariencia de una camisa larga con mangas cortas y tajos al costado, la morfología del cheongsam admite una fórmula con matices del estilo chino, del manchú y el occidental. Mientras que Audrey Hepburn simboliza el vestidito negro signée Hubert de Givenchy, una ficticia estampita del quipao podría replicar un fotograma del film El mundo de Suzie Wong (Richard Quinn, 1960), inspirado en la novela homónima de Richard Mason: allí y para emular a una prostituta del distrito de Wan Chi la actriz Nancy Kwan vistió los modelos diseñados a su medida por la vestuarista inglesa Phyllis Dalton. El cheongsam representó la modernización de la vestimenta china, y el nuevo atuendo de las mujeres de clase media.
Pero fue Maggie Cheung quien lo santificó en cada uno de los modelos que lució en el film In the mood for love (Wong Kar Wai, 2000) y cuyas telas fueron compradas en Buenos Aires y en el barrio del Once en pausas de la filmación del film Happy Together. Entre uno y otro film icónico, en 1930 Anna May Wong, la sex symbol oriental en Occidente, lució extravagantes batas chinas bordadas con oropeles según los bocetos del vestuarista Travis Banton.
En Buenos Aires y en la escena cotidiana de los supermercados, las cajeras dictan cátedra de cómo llevar réplicas de marcas de lujo de Occidente con fulgores made in China. La estilista Lyla Peng, dueña de la tienda Bling Bling que desde el Barrio Chino replica modismos ornamentales predicados por el hip hop, dice: "De niña usaba quipaos en casa, pero no me atrevía a llevarlos en público por las barreras culturales". Instaurada como cultora del estilo chino, su tienda exhibe tanto prendas maximalistas en adornos como trajes tradicionales que suelen vestir integrantes de la Asociación China en la Argentina. Tiene quipaos de seda que le traen desde China las amigas de su madre y anhela comenzar a realizarlos a medida.
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