El sabor amargo de no ser abanderado ni recibir premios

Maritchu Seitún
Maritchu Seitún PARA LA NACION
Crédito: Shurterstock
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2 de diciembre de 2019  • 11:31

Se acerca fin de año y la entrega de diplomas y premios en los colegios. Suelen ser muy pocos los chicos que los reciben y muchos los que salen con cierto sabor amargo de ese encuentro, ya sea porque se esforzaron y no lograron ninguno de esos reconocimientos, porque sintieron que se confirma que son los "burros" de la familia a diferencia de sus hermanos o hermanas, o porque les resultó injusto el reparto de distinciones. Algunos pocos logran que no les importe -en realidad logran no darse cuenta de que sí les importa- a fuerza de no conectar con su mundo interno y derrochar energía en negar y reprimir.

Sólo un alumno puede portar la bandera, los escoltas también son pocos, con los premios ocurre lo mismo, es la realidad de la vida escolar. No podemos exigir a la institución que tenga la postura que queremos en este tema, son tantas las variables al elegir un colegio que quizás ni preguntamos por el sistema que tiene de premios y distinciones, o se convirtió en un mal menor entre otras muchas cuestiones que sí nos agradan y por las que lo elegimos para nuestros hijos. Los padres tenemos que tener en cuenta algunas situaciones:

  • - al subir a las redes o declarar en la familia como "héroe nacional" al premiado lo presionamos para que siga por ese camino de buscar reconocimiento, en lugar de fortalecer el camino de aprender, saber y divertirse haciéndolo; y le mostramos a los hermanos que eso es lo que querríamos de ellos también;
  • - en el caso de los que no reciben premiso o distinciones los primeros que tenemos que tolerar el dolor de que nuestro hijo no haya sido elegido somos los padres, sólo así podremos acompañar a nuestros chicos a transitar su desilusión, enojo, frustración, o el esfuerzo que hacen por no darse cuenta de que les duele;
  • - el colegio se lleva muchas horas de l día de nuestros hijos y es la única zona que lleva boletín y notas pero de ninguna manera es lo único ni lo principal de su valor personal;
  • - a veces el éxito o fracaso depende de que el "cableado cerebral" que le haya tocado en suerte sea compatible con el estilo educativo de su colegio, del sistema escolar o del colegio que los padres hayamos elegido: hay chicos muy inteligentes que no brillan ni se lucen en lo académico, otros que lo logran a puro esfuerzo, o que no lo logran pese a sus esfuerzos, y otros más que con poco esfuerzo se llevan todas las distinciones.

Los chicos van aprendiendo a sentirse capaces, valiosos en las muchas experiencias de su vida, en las interacciones familiares, en el juego, en el estudio, con los amigos, en el deporte. Cada uno tiene fortalezas y flaquezas, es la ley de la vida, lo mismo nos pasa a los adultos.

Más allá de lo que haga el colegio revisemos la manera en que preparamos a nuestros hijos para recibir un premio, o para tolerar no recibirlo, qué valor le damos nosotros a ese premio, porque podemos tener una hija que es muy inteligente y tiene muy buena memoria y brilla sin esfuerzo y otra que se esfuerza un montón pero le cuesta pasar de año, y eso no habla de su valor como personas.

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