
El sexo según el Doctor K.
El doctor Juan Carlos Kusnetzoff se empeña en difundir los secretos de la sexualidad humana, ahora con la publicación de dos libros sobre este tema que ya agotaron varias ediciones
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Todo empezó en Brasil. El doctor Juan Carlos Kusnetzoff era médico clínico, psicoanalista especializado en adolescentes, padre de dos hijos -Diego y Andy, el conocido conductor de radio y TV- cuando transcurrían en la Argentina años oscuros.
Era 1977, y doctor y familia tuvieron que exiliarse en Brasil.
-Ahí tomé contacto con la realidad latinoamericana, penosa, difícil, y con un tipo de sexualidad del que no tenía noción. Entonces busqué especializarme en eso.
Dice el doctor en su consultorio, un sitio fresco, blanco, floreado, casi naïf, con libros del propio doctor en venta en la mesita de la sala de espera y una biblioteca que grita en varios volúmenes de sexo, medicina y psicoanálisis a espaldas del paciente, pero de cara a la imponente silla de cuero del doctor Kusnetzoff, autor de varios libros, en español y portugués, y médico de planta honorario y profesor en el Hospital de Clínicas. Y desde que su hijo Andy hace el programa Tarde de perros en la radio, el doctor es también el Doctor K., alguien que todos los miércoles responde, en ese programa, cuestiones sexuales que plantean los oyentes. Allí, el Doctor K. enarbola el estilo que, sabe, todos esperan de él: una calma chicha, una sana indiferencia aplicada a un tema que viene quitándole el sueño a media humanidad. Ese aire de indiferencia es, probablemente, producto de un empacho pornográfico.
-En 1978 hice un curso en California. Uno llegaba y lo metían en un salón con almohadones en el piso. Eramos unos cuantos y estábamos rodeados por docenas de televisores. En todos pasaban simultáneamente fragmentos pornográficos muy intensos, a todo volumen. Todos dijimos: "Qué estupendo". Fueron tres horas de eso. En media hora todos queríamos huir. A las tres horas, aparecieron los directores del curso y nos dijeron: "Vayan a descansar, mañana empieza el curso". Me pareció formidable.
-¿Por qué?
-Porque es necesario saturar la curiosidad de alguien que va a hacer sexología.
-Aunque se supone que ustedes no se acercan al tema por simple curiosidad.
-Suponés mal. Muy mal.
Después de aquella sesión à la Naranja Mecánica que sació su curiosidad de ser humano, el doctor K. estaba listo para ser doctor y aprender, todo y sobretodo, de sexo.
-El profesional de la salud es el que más ignora sobre la sexualidad humana. Sale de la Facultad de Medicina armado con un bagaje teórico importante sobre el cáncer, la gripe, el sarampión. Pero que no se le cruce una persona que le diga doctor, mi marido no me toca o tengo problemas con la erección, porque el médico se pregunta ¿dónde estudié eso? La medicina se ocupa del dolor. Ahora, me querés decir qué es el placer para un profesional médico. No sabe. Los profesionales estamos preparados para ver el cáncer, las anemias, pero no para los problemas del placer. El ginecólogo nunca le pregunta a la señora qué hace con ese conducto llamado vagina, porque si la mujer le llega a contar algo, el tipo piensa y ahora qué hago, dónde aprendí eso... bah, no tiene un tumor, no me preocupa.
A pesar de que el sexo es, a diferencia de las enfermedades, un tema que toca a todos -hasta por omisión-, asegura el doctor K. que las ignorancias son muchas y que la humanidad es un enorme niño preguntando siempre lo mismo.
-Los chicos siguen preguntando si la masturbación los va a dejar estériles y las mujeres si son frígidas por tener un solo orgasmo, cuando enorme cantidad de mujeres del mundo son orgásmicas de un solo orgasmo.
Quizá por eso, porque en temas de educación sexual la humanidad funciona a fuerza de repetición, es que el doctor ha reeditado dos de sus libros en editorial Granica, publicados por primera vez hace más de diez años, que ya han agotado cuatro o cinco ediciones, y que llevan por título El hombre sexualmente feliz y La mujer sexualmente feliz. Cualquier mortal que se siente a leerlos con el fin de encontrar en ellos una suerte de manual de ayuda quedará desorientado. Funcionan como manuales de difusión más que como libros de consejos para ser felices, y los temas, para cualquier humano más o menos enterado, pueden sonar a difusión de la más elemental.
-¿Hay respuesta a la inquietud que plantea el título de sus libros?
-No, eso es un título anzuelo para vender el libro. Lo mismo que vas a poner vos para promocionar esta nota. Si no, cómo lo vendo.
-El lector esperaría encontrar una suerte de recetario.
-Claro. Es que nada de esto se puede enseñar. Pero todavía hay una enorme cantidad de muchachos y chicas que dice doctor, enseñemé cómo hago para volverlo loco a mi compañero o a mi compañera. Yo les respondo que eso es lo mismo que me pidan que les enseñe a comer mondongo. No se puede. O me preguntan por el sexo tántrico. Me dicen veo esos programas de la televisión donde dicen que tienen orgasmos de 4 horas; dígame, cómo hago con el sexo tántrico. Y yo les digo: Mirá, tenés que haber nacido en Tailandia.
El doctor da una vueltita divertida a bordo de su silla de cuero y se queda mirando con la sonrisa clavada en la cara. Dice que tiene la certeza de que, sexualmente, vivimos en la Edad Media. Que su profesión es desconocida y nada reconocida entre sus colegas. Que qué se puede esperar de la educación sexual en un país donde el ministro de Salud no puede imponer una ley de salud reproductiva para salvar a miles de mujeres de morir por abortos mal realizados. En el prólogo de la actual edición de El hombre sexualmente feliz, el doctor dice además que ha tratado de difundir estos temas con objeto de que algún día sus nietos y los hijos de sus nietos "no necesiten estos libros, que quedarán en la historia científica de un tiempo pleno de carencias en materia de educación sexual".
-¿Lo harta que le hagan siempre las mismas preguntas?
-Sí, me canso. La sexualidad humana, la verdad, me rompe la paciencia.
- Para saber más: Web: www.e-sexologia.com.ar ;e-mail: juanck@ciudad.com.ar
La libido y la crisis
"Me preguntan si la crisis económica perjudica la respuesta sexual de quienes la padecen.
La sexualidad es un delicado fusible, muy fácil de deteriorar por preocupaciones o ansiedades. Por cierto, la falta de dinero, las dudas acerca de si se podrá conservar -o conseguir- un empleo, se encuentran entre las razones principales de la ausencia de deseo. Las alteraciones en esta primera etapa de la respuesta sexual se incluyen bajo el nombre de deseo sexual inhibido. Yo prefiero llamarlas default sexual. Cuando todas las energías se concentran en cualquier clase de problema, los individuos contraen una deuda con su banco interno, que les presta las fuerzas para continuar atendiendo otros aspectos de su vida. Dado que, tarde o temprano, esta deuda tiene que pagarse, el incumplimiento del compromiso se convierte en estrés y con frecuencia en trastornos de la líbido."
(Fragmento de La mujer sexualmente feliz, del doctor Kusnetzoff, editado por Granica)






