El símbolo de la paz, acusado
Las palomas pueden transmitir graves enfermedades y causar daños económicos. Algunos las consideran el ave-plaga más problemática, mientras que otros las incluyen entre las especies de la fauna urbana por ser protegidas
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Caminan por las plazas como dueñas y señoras, corretean entre los autos en calles y avenidas, entretienen a grandes y chicos, inspiran los versos más románticos... Las lindas palomitas se han convertido en compañeras inseparables del hombre de la ciudad.
Hace veinte años era necesario ir a Plaza de Mayo o a la plaza del Congreso, en la ciudad de Buenos Aires, para apreciar el bonito cuadro de tantas palomas que levantaban vuelo ante el menor movimiento. Hoy, es el mismo transeúnte quien les da paso a ellas y evita patear a alguna que, indiferente y hasta algo molesta por tanta circulación humana, picotea las miguitas que un niño le alcanza.
El símbolo universal de la paz y del amor eterno, uno de los objetos de culto de la India y figura de la mitología incaica, es acusado de transmitir graves enfermedades al hombre y de causar importantes daños económicos.
Palomas eran las de antes. A partir de su origen en Oriente, la paloma fue uno de los primeros animales domesticados por el hombre -3000 años antes de Cristo- y trasladado por éste a todo el planeta. Fueron criadas y adiestradas en Egipto, China, Grecia y Roma para ser mensajeras por su especial resistencia para cubrir largas distancias en vuelo sostenido, y su desarrollado sentido de orientación que les permitía regresar a su punto de partida, el lugar donde habían nacido. La paloma que recibe el nuevo milenio en plazas, parques, balcones y fábricas no es la de antaño. Al dar prioridad a la supervivencia ha perdido sus mejores habilidades: la rapidez de vuelo y el instinto de orientación. Hoy son atropelladas por los automóviles y no saben volver al nido si las trasladan a más de 200 kilómetros. Refugiada en los cálidos rincones de la ciudad ganó en reproductividad y desarrolló otra habilidad: la adaptación. "Para describir rápidamente su comportamiento es suficiente una sola palabra: oportunismo", afirma el mendocino Dardo Mur, ingeniero agrónomo especializado en control de plagas. Ella sabe apreciar cualquier alimento -excepto la carne-, desde la más mínima miguita de pan, el más pequeño de los insectos o de los frutos del jardín hasta las grandes acumulaciones de basura. Tiene una dieta variadísima y encuentra agua fácilmente en fuentes, charcos, pérdidas de tanques en techos y terrazas.
Estando libre, la paloma procrea continuamente. Una vez que se establece la pareja -por lo general se mantiene unida durante toda la vida-, en una semana o 10 días ponen dos huevitos cuyos pichones ven la luz luego de 17 o 18 días de incubación y a los que los padres alimentan durante 25 o 30 días. Luego se ven obligados a arreglárselas solos porque los padres ya tienen otros dos pichones, en otro nido, a quienes alimentar. Esos pichones podrán formar su propia pareja a un año de vida. En el término de un año, cada yunta puede tener 5 posturas de dos pichones por vez. ¿Cuántas parejas hay en Plaza de Mayo? "No creo que alguien conozca el número. Si bien se reproducen en cantidad, no viven muchos porque el viento tira los nidos que pueden estar con huevos en una cornisa o, si muere alguno de los padres, no los siguen cuidando", afirma el doctor Guillermo Panetieri.
Por su parte, el presidente de la Federación Colombófila Argentina, Juan Carlos Hiriburu, supone que si son mil parejas las que rondan la zona de Plaza de Mayo, "al reproducirse indiscriminadamente, en un año hay 10.000 palomas nuevas. Y después, siguen reproduciéndose".
La palomita de nuestros balcones es conocida por los naturalistas con el nombre de Columba livia, tiene plumaje generalmente gris pizarra -aunque cubre toda la gama del negro al blanco-, su cuello es verde con reflejos tornasolados, sus alas tienen una doble banda negra y se suele confundir con la tórtola común (Columba turtur) y la tórtola de collar (Columba risoria).
¿Cuándo hay un problema-paloma? Cuando un casal hace su nido sobre el aire acondicionado bajo la ventana de un dormitorio se convierte rápidamente en despertador natural y puede molestar al vecino con horarios distintos a los suyos. Si este vecino se entera de que los excrementos de las simpáticas aves pueden estar introduciendo hongos, bacterias y parásitos a través del aire que respira puede querer ahuyentar a la dulce pareja. Si una colonia de palomas se asienta en las oquedades del viejo depósito de un supermercado y, además de los ruidos, comienzan a molestar los olores y la posibilidad de infección de los alimentos, es muy probable que los empresarios intenten encontrar una solución. Los gastos de limpieza y mantenimiento pueden ascender a cifras tan altas que impulse en sus responsables a tomar una decisión. Es decir, cuando el resultado de la presencia del ave genera una situación de conflicto con las actividades del hombre se la considera una plaga.
Riesgo sanitario, daños económicos y deterioro de la calidad de vida son las tres graves acusaciones que recaen sobre las palomas. "Contaminan con sus excretas (orina y materia fecal) el agua potable y los alimentos, y contribuyen a la diseminación en el ambiente humano de bacterias que producen graves infecciones intestinales, como la salmonelosis. Contribuyen también a la transmisión de hongos patógenos para el hombre, como el aspergilus, cryptococcus e histoplasma. Las aves son portadoras, actúan como operadores que no se enferman, pero se infectan y transmiten", dice el informe sobre riesgos sanitarios asociados con palomas urbanas, producido por la doctora Cristina Wisnivesky, profesora asociada de Parasitología de la UBA e investigadora principal del Conicet.
"El problema de las palomas es que culturalmente no son reconocidas como una plaga. Es común ver señoras dándoles de comer cuando jamás se ve a alguien dar de comer a las ratas. Hay peligros ocultos que la gente ignora", dice el licenciado Héctor Coto, director de la revista Control de Plagas.
"No son ocultos. Son peligros reales -afirma el doctor Ricardo Negroni, jefe del servicio de Micología del hospital Muñiz, entre cuyos pacientes la cryptococosis es la segunda causa de muerte después de la tuberculosis-. Hay que valorar cómo influiría el exterminio de las palomas. Esto es lo que yo no sé y para eso existen los ecologistas. Es necesario andar con cuidado, porque puede ser que las consecuencias sean peores que las que uno se imagina. La superpoblación indudablemente es peligrosa porque sabemos la cantidad de enfermedades infecciosas que puede acarrear, la mayoría de las cuales son muy importantes en pacientes inmunocomprometidos."
¿Quién es un inmunocomprometido, es decir, un candidato posible a las infecciones mencionadas? "Una persona que esté haciendo un tratamiento crónico con corticosteroides u otro inmunodepresor, que tenga una insuficiencia renal, que haya sido trasplantado o, sobre todo, que esté infectado con HIV. El embarazo es una causa de inmunodeficiencia fisiológica y hemos tenido embarazadas que se han enfermado de cryptococosis", responde Negroni.
La directora del Hospital de Niños Sor María Ludovica, de La Plata, doctora Herminia Itarte, explica que el riesgo existe también, por ejemplo, para el bebe prematuro que no tiene su sistema inmunológico completamente desarrollado.
Las personas con inmunodeficiencias pueden infectarse al inhalar el aire que contiene los hongos originados en el suelo donde se ha acumulado el guano (excremento) de palomas. El mayor riesgo lo corren quienes, por su trabajo, están en contacto directo con estos excrementos, que contienen esporas. Quien trabaja en saneamiento ambiental y debe retirar el guano tiene formación técnica y usa protectores nasales y oculares, pero normalmente esta información no la tienen los obreros de la construcción -que deben hacer una demolición y retirar el guano seco a pala- o los empleados de limpieza de las instituciones.
¿Quién defiende a las palomas? ¿Yo, señor? No, señor. En varias ciudades europeas se están tomando distintas medidas para ahuyentarlas o disminuir su número. "En los Estados Unidos, las palomas son una especie de plaga y no están protegidas por la legislación de 1918 o por otras leyes más recientes que protegen a las especies de aves nativas", afirmó el doctor Ted Granovsky, conocido entomólogo norteamericano.
En nuestro país la única norma que podría amparar a las palomas es la ley nacional de protección de los animales contra actos de crueldad (14.346), que no contempla situaciones en las que la actividad animal perjudique al ser humano, sino que, justamente, trata de evitar lo contrario. La flamante Constitución de la Ciudad de Buenos Aires (Cap. 4, Art. 27) promueve "la protección de la fauna urbana y el respeto por su vida". ¿Se considera a la paloma una especie de la fauna urbana? No está claro en la ley y es un tema de discusión, porque "por definición, la fauna está integrada por los animales que en una determinada región tienen un nicho ecológico propio. ¡Y la ciudad es el nicho ecológico del ser humano!", dice el doctor Juan Beoaudoin, asesor de la dirección del Instituto Pasteur.
En la Legislatura porteña se están analizando tres proyectos de prevención y control de plagas urbanas, presentados, en su momento, por el actual presidente, Fernando de la Rúa, y por los diputados Gustavo Beliz y Eduardo Jozami. La paloma no figura en lista de plagas, pero se propone que cuando la Columba livia "signifique un riesgo sanitario, daño económico o deterioro del patrimonio artístico, sea ahuyentada exclusivamente mediante métodos disuasivos no cruentos, que preserven la integridad física de los ejemplares".
El médico veterinario y asesor de la Dirección General de Política y Control Ambiental del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, doctor Eduardo Rodríguez, considera que la "presión afectiva" que existe con relación a la paloma tuvo mucho peso en la discusión de estos anteproyectos de ley.
En cuanto a las provincias, Mendoza tomó la delantera. Durante 1998, la Dirección Provincial de Recursos Naturales estableció que cuando la paloma, por su cantidad o actividad, genere situaciones de conflicto con las actividades del hombre, pueda ser controlada mediante estrategias de exclusión, ahuyentamiento y captura. Distintos organismos de Bahía Blanca, La Plata, Córdoba, San Juan y Buenos Aires han solicitado información al respecto a la legislatura mendocina.
"Si se quiere hacer algo contra las palomas por considerarlas una plaga, quien puede reclamar es la Sociedad Protectora de Animales, no nosotros -dice el presidente de la Federación Colombófila Argentina, Juan Carlos Hiriburu-. Nosotros no nos ocupamos de las palomas comunes."
Desde la Sociedad Argentina Protectora de los Animales (SAPA), se aconseja implantar "la educación de la protección para solucionar este tipo de problemas". Su secretario, Andrés Vannelli, dice que "la protección genuina no puede funcionar en el país porque funciona la protección comercial, que sólo va en busca del peso y no del bienestar, ni del animal, ni del humano".
Por su parte, el presidente del Movimiento de Ayuda para la Protección del Animal (MAPA), Mario Meele, considera que las palomas alegran la vida y no hacen mal a nadie. "Están en todas las ciudades del mundo; hay muchísimas en Venecia, París, Roma... Sólo aquí se hace tanto problema." Meele observa una evolución en el trato que se le da a los animales, y especialmente a las palomas, y recuerda que durante la intendencia de Cacciatore "se mandaba gente con látigo para ahuyentar a las palomas de las plazas". Propone, como única medida, "no pelear contra las palomas, sino implementar la limpieza de muchos lugares que dan vergüenza".
Cuando se intenta persuadir a las aves de su intención de quedarse donde no las quieren, las soluciones propuestas varían según las características de cada lugar. Las más usadas son las técnicas de exclusión y disuasión que anulan o hacen inestable los sitios de asentamiento, nidificación o acceso y que consisten, según el caso, en modificaciones estructurales (hacer los repechos de las ventanas con una pendiente de 45º, por ejemplo), instalación de elementos que impidan el asentamiento y que, cuando están elaborados con los materiales adecuados, no dañan al animal, pero le ocasionan una incomodidad física que alcanza para persuadirlo. Se han intentado también estrategias de todo tipo que tienen éxito por un plazo muy breve, como ruidos, ultrasonido, imágenes, colores, papelitos brillantes...
Trabajos muy importantes para el control de este nuevo fenómeno se están realizando en instituciones como el Banco de la Nación Argentina (de cuya central se sacaron 200 bolsas con excremento luego de 20 años de acumulación), el Congreso de la Nación (las púas están a la vista, en las cornisas), la Casa de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, la embajada de Estados Unidos, entre otras.
Con las medidas de exclusión y disuasión se logra ahuyentar a las palomas sin mortificarlas; pero se traslada el problema al balcón del vecino. El doctor Guillermo Panetieri, médico veterinario especializado en palomas mensajeras, miembro de la Federación Colombófila Argentina y referente de la Sociedad Argentina Protectora de Animales, considera que "en el lugar donde las palomas molestan habría que tratar, con algún medio que no sea cruento, de sacarlas y llevarlas al campo, a zonas alejadas. Sé que en algunas empresas -conozco un caso en San Nicolás- las atrapan y las largan a 200 o 300 kilómetros, para asegurarse de que no vuelvan".
"Este no es un tema nuevo. Las palomas hace años que están. Es un problema de conciencia", afirma la doctora Wisnivesky. Por el contrario, el secretario de la Sociedad Protectora de Animales, Andrés Vanelli, considera que "el tema de las palomas es nuevo. Es cuestión de que los especialistas estudien cuál es la solución, pero no la van a alcanzar nunca si la paloma se está reproduciendo en una forma alarmante y se deja pasar mucho tiempo".
La inquietud por los riesgos sanitarios crece a medida que se concretan investigaciones al respecto.
"Se equivocó la paloma, se equivocaba. Por ir al norte fue al sur, creyó que el trigo era el agua. Creyó que el mar era el cielo, que la noche la mañana..." escribe el poeta Rafael Alberti y canta Serrat. Pero, parafraseando a los artistas, ¿es la paloma la que se está equivocando?
Una nodriza del Chagas
A partir de un trabajo de investigación realizado en San Juan se demostró una fuerte coexistencia en áreas urbanas entre palomas y Triatoma infestans, para los amigos: vinchuca. Se trata de un estudio que, para el Conicet, la Universidad Nacional de San Juan y la UBA realizaron los doctores Silvana Vallvé, Héctor Rojo y Cristina Wisnivesky, en un barrio de la capital sanjuanina de 768 departamentos distribuidos en edificios de 3 a 7 pisos que rodean una bodega abandonada. Se capturaron 329 vinchucas que se alimentaban en un altísimo porcentaje sólo de sangre de ave y se refugiaban en el excremento de palomas acumulado. Esto no significa que la paloma transmita la enfermedad de Chagas, porque en las aves no se desarrolla la patología ni tampoco actúan como reservorios, pero sí lo hacen como nodrizas de las vinchucas. La doctora Vallvé sugiere rociar y eliminar los refugios para que no se desarrollen los triatomas y poner luego púas, alambrados y membranas impermeabilizantes que disminuyan la posibilidad de que aniden las palomas. Es lo que se hizo en los edificios y en la Bodega Central, del Barrio San Martín en San Juan, donde se realizó el estudio mencionado, y las palomas emigraron. La investigadora sanjuanina está convencida -a partir de los estudios existentes- de que la relación vinchuca- paloma puede ser un signo de alerta para la aparición del Chagas en zonas tradicionalmente no endémicas, como Buenos Aires.
Búhos y halcones platenses
La Plata, una de las ciudades preferidas por las palomas, atraídas por los edificios antiguos y por sus calles amplias y arboladas. En el Hospital de Niños Sor María Ludovica de esa ciudad, las palomas tienen una historia tan larga como la del propio establecimiento (110 años). Desde hace un año y medio, los directivos del hospital están analizando cómo reducir las colonias. Las sospechas sobre las palomas comenzaron hace tres o cuatro años, cuando se hicieron controles del ingreso del aire, filtrado y a presión, para la habilitación del sector de inmunodeprimidos -luego el área de trasplante de médula- que requiere aire estéril, es decir, un 100% de pureza. En estos estudios se aisló el hongo cryptococus que transmiten las palomas, "con lo que se comprobó que el contaminante estaba entre nosotros y que debíamos hacer algo", afirma la doctora Herminia Itarte, directora del hospital.
Desde hace tres meses, los niños del área de cirugía cardiovascular se distraen con un buhíto de peluche que, con su sola presencia (colgado en una de las ventanas) ahuyenta a las lindas palomitas que todavía no descubrieron el truco. Otra medida, que no llegó a concretarse, tuvo repercusión en la prensa nacional en los primeros meses de 1999. Se trató de un llamado a licitación para contratar a una empresa que proveyera halcones amaestrados que sobrevolarían la zona dos veces por semana durante una hora. "Nos lo sugirió un profesional según una experiencia en la cervecera de Hudson -explica Gasparini-. No se concretó a cabo porque no se presentó a licitación la empresa que se suponía lo haría. Según nos comentaron los especialistas, el halcón marca un territorio y erradica a las palomas, pero no las mata, las ahuyenta con su sola presencia del mismo modo que actúan los espantapájaros. De ahí nació la idea del buhíto de peluche."
Purasangres y percherones
Quien conoce a las palomas sabe diferenciar rápidamente una mensajera de su prima lejana, la Columba livia casera. La primera es todo músculo -es como ver a un atleta y un flaquito-, su carúncula sobre el pico es de color blanco puro y bien desarrollada, tiene un brillo en el plumaje diferente, una alta velocidad de vuelo y un gran sentido de orientación.
En la Federación Colombófila Argentina, la AFA de la palomas, dicen no tener "nada que ver con las que andan sueltas por las plazas". Su presidente, Juan Carlos Hiriburu, aclara: "Sufrimos la desinformación de la gente que nos llama por problemas -de salud o molestias por suciedad, por ejemplo- ocasionados por las palomas comunes, no por las de nuestros palomares. Muchas veces tenemos que intervenir ante funcionarios de distintos municipios que, por queja de vecinos, quieren levantar algún palomar. En estos casos hacemos valer la ley que protege a la paloma mensajera. Nosotros no ocasionamos daño a nadie." La actividad colombófila es un deporte en el que se invierte mucho dinero y esfuerzo (una paloma campeona puede costar US$ 200.000). Por eso, las criadas en los palomares cuentan con el mayor confort posible, granos de comida seleccionados, atención veterinaria continua. "Se suele decir que la paloma mensajera es Columba livia, pero es lo mismo que decir que el perro de raza es perro también; el caballo sangrepura es caballo y el percherón también es caballo", sostiene Hiriburu.
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