
El universo de Clowns para el mundo
Todo payaso es cultor de un arte muy noble y antiguo, que hace reír, asombra y enternece como el primer día. Un grupo de jóvenes utiliza este arte con fines solidarios
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Los payasos tienen peluca de rulos de colores, zapatones enormes, pantalones cuya cintura deberá bailar de un lado para el otro, sombreros, moños que echan chorros de agua, tiradores de diseño aparatoso. Cualquier payaso es el cultor de un arte muy noble y antiguo, que hace reír, asombra y enternece como el primer día. Un grupo de jóvenes actores y actrices reconocidos en diversas tareas fundaron una entidad con fines solidarios a la que llamaron Clowns para el Mundo. En esta charla, realizada en el taller-estudio de Marcelo Katz, en el barrio de Villa Crespo, algunos de sus principales integrantes -Enrique Federman, Marcos Gómez, Claudio da Passano, Natacha Córdoba, Marcelo Katz y Tony Lestingui- reflexionan sobre este entrañable arte teatral, que mezcla lo cómico y lo absurdo. Todos son payasos de alma y aquí lo demuestran.
-Supongo que cada uno tendrá una definición de clown, como técnica y en lo personal. ¿Qué es ser un clown?
Tony Lestingui: -Más allá de la técnica, hacer clown es poder reírse de uno mismo, poder mostrar, con un poco (o bastante) de amor y de humor, el espacio de tu propio fracaso. Vivimos en una sociedad que no perdona la falta de éxito. Los payasos son una persona-fracaso. Es emocionante comprobar cómo con el clown chicos de vida dura y mirada adulta son capaces de restablecer una expresión mucho menos contaminada. Y también pasa algo parecido con los adultos.
Marcelo Katz: -El clown es una técnica de comunicación con los demás. Mezclando realidades de una persona con su mundo fantástico se arma un personaje para llegar al público. Básicamente, esa técnica tiende al humor, pero no necesariamente el humor es lo único: tiene mucho que ver con poder mostrar los vacíos existenciales y, como decía Tony, con poder mostrar los fracasos. Vivimos tiempos en que estamos muy entrenados para ponernos caretas y mostrarnos lindos, interesantes e inteligentes. El trabajo del payaso muestra todo, porque el payaso muestra y acepta lo que sucede. Entiendo al clown no tanto como una rutina de circo, sino como una expresión teatral, como un trabajo de actor y una técnica teatral completa. Hacer clown no es adscribirse a una rutina, grotesca, fulera, relacionada a los tropezones, o a cualquier otro arquetipo del ridículo universal, sino a lo que uno le pasa por adentro.
Natacha Córdoba: -Para mí es acercarme a una nueva técnica, que me da mucho placer y que toca al público de una manera diferente en un lugar de ternura. He aprendido mucho viendo trabajar a los payasos.
Claudio Da Passano: -Lo fantástico del clown es que lo que pasa va más allá de lo que ocurre en la convención común entre actor y espectador. Cada vez que lo hago, me doy cuenta de que la gente lo agradece y lo necesita.
Marcos Gómez: -El clown da placer porque se maneja desde el amor y la ternura. Si alguien no puede manejar esos sentimientos, mejor que se olvide de hacer clown, porque son indispensables para alcanzar complicidad con el público.
Enrique Federman: -Todo lo que mencionaron los compañeros es muy completo, pero quisiera agregar que el clown, es uno de los tantos personajes que un actor puede componer. Cuando uno hace un clown elige comunicarse desde el cariño, desde la ternura, desde la complicidad que te dan un montón de cosas como, por ejemplo, la máscara, el maquillaje, la nariz. Cualquiera que pruebe ir por la calle vestido de payaso se dará cuenta de que, a lo mejor, recibe alguna que otra agresión, pero que se le permitirán más cosas que a cualquiera.
T.L.: -De todos modos, nosotros no empezamos a hacer clown con el circo argentino, sino que aprendimos la técnica que en Francia había redescubierto un tal Lecocq.
-Perdón, ¿quién es Lecocq?
T.L.: -Un redescubridor de los géneros en su totalidad. En la década del 60 imperaba en el teatro el realismo como única verdad en todos sus aspectos: todo, tragedia, melodrama eran naturalistas. Y Lecocq redefine, con nuevas propuestas estéticas, cada género. La tragedia pasa a ser la protesta de los dioses; el bufón es la protesta social; el clown es el lenguaje del amor. La que trajo a la Argentina estos conceptos fue la directora argentina Cristina Moreira que los aprendió allá. Conocerlos aquí me cambió la vida, me aportó placer y me dio ideas para aplicar en Clowns para el mundo.
-¿Qué es Clowns para el mundo?
T.L.: -Nació por la necesidad de hacer algo frente a la falta de esperanza y de futuro, que si en nosotros es evidente, ni hablar de lo que les pasa a los que viven en zonas necesitadas. ¿Cuáles son sus expectativas?; muy posiblemente matar o que los maten. Nuestra idea fue hacer algo frente a esto; llegar hasta ellos con deseos de ayudarlos y sin fines políticos. La iniciativa fue de Marcelo Katz.
M.K.: -Yo venía haciendo esporádicas salidas a villas y comedores, y también lo hacían otros amigos. Entonces pensé: ¿por qué no juntarnos, por qué no ir más seguido? Sentía que estábamos vacunados contra todo, que nada nos sensibilizaba. Y frente a eso, nos hicimos la preguntita del millón: ¿se podría hacer algo? Sobre los presupuestos de educación, de cultura, de arte, no tenemos ninguna influencia. Lo que podemos hacer es lo que estamos haciendo y lo que sabemos: trabajar con el público, hacer reír. Yo he llegado a la conclusión de que la risa debería formar parte de la canasta familiar, como el pan. Y como panaderos no somos y en cambio sí somos payasos, decidimos llevar la risa adonde podemos.
E.F.: -Hace poco, viendo un do- cumental sobre animales carroñeros en el Discovery Channel, me di cuenta de que nos habíamos convertido en un país, simplemente por un instinto de conservación, que se pelea por las sobras. ¿Sabés qué es lo opuesto a la carroña? la solidaridad.
M.K.: -Algún día llegaremos lejos, aunque hace poco ni a Córdoba llegamos; hasta el momento abrimos una sede en Mar del Plata, con nuestro amigo Guillermo Castiñeira al frente. Nuestras inversiones, por el momento, están limitadas a la nafta, los peajes, los globos y los sándwiches.
T.L.: -Está claro que no tenemos resuelto el tema económico. No queremos tener ningún tipo de subsidio que nos implique compromiso o presión; también somos temerosos de poder ser manejados. Lo que decimos es: sigamos andando, algo va a salir o alguien aparecerá sin pedirnos nada y que aprenda a sacar el mismo provecho que nosotros.
-¿Avanzaron en la información científica acerca de los efectos de la risa como terapia?
M.K.: -Y, un poco leímos... por ejemplo, yo me puse en contacto con unos estudios endocrinológicos muy interesantes que vinculan la acción de reírse con la liberación de ciertas endorfinas que tienen que ver con el bienestar... ¡Huy!, me parece que es un poco trucho como lo estoy explicando, ¿no querés que te dé el teléfono de mi papá que es médico? Seguro que él te lo explica mejor. No, en serio, esto es así: en hospitales de Suiza y de los Estados Unidos hay salas dedicadas a hacer reír a los enfermos porque se considera que la curación de ciertas dolencias se concreta mejor si el paciente recibe la terapia de la risa.
C.d.P.: -Hace poco leí sobre unos talleres de la risa que se dan en empresas de Alemania y de Japón para aquellos ejecutivos que llevan una vida muy tensa, monótona, exigente, tremendamente ocupada: ahí va un señor que les cuenta chistes y con la risa comprobaron que les va mucho mejor, en la vida y en el trabajo.
E.F.: -Sí, es cierto. Y no sólo les cuentan chistes, también les enseñan a reírse, de a poquito, hasta alcanzar la carcajada, que contagia a todos.
T.L.: -En los países escandinavos, se juntan grupos de 200 personas en la plaza y hay un tipo que los hace reír. Termina todo como en una fiesta, tirados por el suelo de la risa (risas).
-Pero insisto con la pregunta, ¿pudieron ustedes verificar mínimamente las propiedades terapéuticas de la risa?
C.d.P.: -No sé si las tiene, yo me la pasé riendo toda la vida y así estoy...
T.L.: -Estás muy bien. Ya cumpliste 76 años y parecés de 46.
C.d.P.: -Lo que sí puedo asegurar es que la risa es una poderosa manera de comunicación, de hablarse de corazón a corazón. Si dos personas se ríen, prácticamente no hace falta nada más, porque la relación que se produjo es muy profunda y sanadora.
M.K.: -Nosotros no somos científicos como para decir si la risa cura, pero sí se puede asegurar que una buena risotada cambia el ánimo y levanta las defensas.
-Sospecho que ustedes llegan a actuar a lugares en los que, por diversas razones -por salud, por condiciones sociales-, la gente se ríe poco...
E.F.: -No sé si se ríen poco. Creo que se ríen a su manera o de otras cosas de las que nosotros nos reímos...
M.G.: -En todos los lugares hay humor, hasta en los velorios, lugares trágicos si los hay, uno va y un montón de gente cuenta chistes. Hasta las películas de Chaplin hicieron reír con temas que no eran nada pasatistas: la pobreza, la guerra.
-¿Qué es de lo peor, o de lo más doloroso, que llegaron a reírse?
T.L.: -Hay varias típicas, como ir por la calle, ver que alguien se resbala y se cae y matarse de la risa. ¿Cabría la risa en ese instante? Supuestamente no, pero igual nos reímos. Por eso cuando yo mismo me voy al suelo, la paso horrible, por la situación, por el golpe y, en especial, porque imagino que todo el mundo se está riendo a carcajadas.
E.F.: -Todo dependerá de cuál sea el nivel de tolerancia al humor negro de cada uno. Mi nivel, por ejemplo, es alto. Hace un tiempo actué en un festival en Canadá, hice subir a un chico al escenario; tenía que inflar un globo, no sé cómo se fue para atrás, se golpeó la cabeza y se desmayó. Ver a la madre, angustiadísima, preguntándole al chico si estaba bien, me dio risa. Yo sabía que era algo lindante con lo trágico, pero me daba gracia.
M.G.: -Eso que contás me hace acordar a una situación del circo muy común. Que cuando se venía abajo un trapecista, la orden inmediata era: Vamos, vamos, que entren los payasos. Y a lo mejor, alguno de los payasos era íntimo amigo o pariente del tipo que se acababa de caer.
-¿Cuál es la diferencia, según ustedes, que existe entre ser payaso y hacerse el payaso?
E.F.: -Yo lo relaciono con la diferencia que hay entre un gag y una broma. El gag sería algo más profundo, que requiere de más elaboración, intelecto y emoción y, en cambio, la broma es algo momentáneo, pasatista.
-Ustedes son actores. ¿Cómo llegaron al circo, al payaso?
T.L.: -En mi caso, habrá sido por 1983. Llegamos, vestidos de payasos, con Claudio Gallardou al circo de la familia Gómez, que en ese momento se llamaba Quinny y estaba en Pasco y Rivadavia. Nos ofrecimos a repartir volantes de publicidad. Uno de los Gómez, tío de Marcos, nos miró extrañado, en especial a Claudio que en ese momento integraba el elenco de María de nadie, en televisión. El hombre habrá pensado: ¿un actor de televisión tirando papelitos? Pero igual nos autorizó y nosotros salimos por la zona del Once. Nos divertimos muchísimo y cuando se nos terminaron los volantes volvimos por más. Pero, en ese momento, nos invitó a entrar en la pista a hacer un número y a pesar de la sorpresa y el miedo dijimos que sí. Había cuatro payasos y uno atado, que tenía sed. Yo tenía que acercarme con un vaso de agua en una bandeja, se la ofrecía, pero entre amague y amague, me la terminaba tomando. Resulta que entré y me temblaba todo, con tanta mala suerte que choqué el vaso contra un diente y se lo rompí. "¡Me rompiste un diente, me rompiste un diente!", empezó a gritar, el circo entero se reía y yo me quedé paralizado. No quedó nada de rencor, por suerte, y tiempo más tarde, ese payaso, Bebecito, fue el que me hizo mi primer maquillaje de payaso, que todavía uso hoy. ¿Cómo olvidar mi primera entrada en una pista de circo?
-¿Cómo fueron ustedes de chicos? Quiero saber si se reían mucho o poco y cómo se llevaban con los payasos.
T.L.: -Imaginate... a mí me dicen Tony. De chico no me gustaba nada que me llamaran así, pero evidentemente me marcó porque terminé siendo payaso.
M.G.: -Yo me crié en un circo, así que tenía la diversión muy cerca. Me encantaba ver como mis tíos y mis primos armaban sus rutinas. Ya a los 3 o 4 años me pintaba la cara y entraba en la pista con ellos. Fueron momentos muy felices.
E.F.: -Hice de payaso por primera vez en el jardín de infantes. Fue en salita de 5 años y parece que lo hacía bien, porque fui a salita de 4 años para mostrarles a los más chiquitos cómo me caía de una silla.
-¿Qué es lo que más risa les provoca a ustedes?
T.L.: -En principio, la estupidez, la propia y la ajena; da risa cuando nos negamos a ver la realidad. Cada vez que puedo tomarme a risa algo que podría haber terminado a las trompadas digo, qué bueno, se me abrió la cabeza un poco más, sigo teniendo posibilidad de evolucionar.
C.d.P.: -Intentar reírse respecto a las cosas que le pasan a uno es un muy buen ejercicio. Es difícil hacerlo, pero es saludable. Porque, si no, lo que queda como opción es terrible, terrible.
-Oye, Da Passano, eres un payaso, recuérdalo. No te pongas tan serio...
C.d.P.: -Es que lo digo desde mi lugar de payaso. Yo ya no espero nada de los gobernantes.
M.G.: -Casi nada de lo que pasa ahora me causa gracia. Hay cosas tan patéticas, pero después de enterarme de lo que hicieron los senadores, tengo necesidad de ver una película de Cantinflas. Aunque la den a las 2 de la mañana.
N.C.: -Esa es la risa como escape, a mí me sirve para salir de tensiones o de aburrimientos.
M.K.: -Hace un rato mencionábamos a Lecocq y ahora me acabo de acordar de una experiencia del tipo, en París, en 1962, cuando todavía no había desarrollado sus conocimientos sobre el clown. Estaba en un ejercicio teatral y la consigna a los alumnos era que pasaran al frente a hacer reír. Pero nadie hacía reír, todo era un desastre, aunque en el momento en que regresaban a sus lugares todos se tentaban de risa, incluso los profesores. ¿De qué se reían? Del acoso de la realidad, de la frustración, de lo que no funcionaba. Ahí es donde nace una de las semillas de este concepto: el clown empieza a tener sentido cuando hay verdad, cuando se anima a mostrar el vacío, cuando deja revelar lo que le pasa.
-Hablemos un poco de los mitos que giran alrededor de los payasos. Por ejemplo, que detrás de la alegría de un payaso, siempre habrá un payaso triste. ¿De dónde vendrá ?
N.C.: -Tal vez venga del desarraigo de los payasos, que siempre están cambiando de ciudades, que no viven afincados. Pero, hasta donde yo sé, los payasos viajan con sus familias y son muy felices.
E.F.: -Para mí es una manipulación. ¿Qué clase de gran héroe sería un tipo que está sufriendo, que vive mal y que se la pasa haciendo reír a los demás? Son lugares comunes, como el personaje del payaso Garrik.
C.d.P.: -A lo mejor tiene que ver con la soledad del comediante, que es otro clásico: aquel que, por un lado, es ovacionado por el público, pero que en la gran ciudad se encuentra solo y perdido. Y eso es mentira: por lo general es gente que mantiene a su familia y a su vida cotidiana.
M.K.: -El del clown es un trabajo prestigioso en todo el mundo. En el Cirqué du Soleil, que el año último facturó 400 millones de dólares, los profesionales con mejores pagos son los clowns.
E.F.: -Es un trabajo más reconocido que el de los malabaristas.
-¿Cuántas clases de payasos hay?
M.K.: -Cada clown está compuesto a partir de elementos reales del actor, así que hay tantos clowns diferentes como gente realizando la actividad.
T.L.: -Eso en la nueva escuela. Pero en la vieja escuela estaba el Monsieur Loyal, vestido con botas, con galera, con un bastón de mando. Era el maestro de pista, el personaje a ser transgredido o burlado por el clown. Loyal no recibe cachetadas, pero sí las da y eso, en sí mismo, ya genera un buen conflicto humorístico. Dentro de los payasos, está el Augusto, el Tony, muy pícaros, y el Pierrot, que por lo general lleva pintada una luna en la cara.
C.D.: -Un grupo que mantenía a rajatabla esta estructura clásica eran los españoles Gaby, Fofó y Miliki. En general yo hago al maestro de pista, que no lleva nariz y con sus bigotes y cejas renegridas y la cara blanca para resaltar, tiende a parecerse a los malos de las películas mudas.
E.F.: -En los Estados Unidos se agregó otro personaje: el clown que lleva barba, el linyera.
-¿Cómo son los cachetazos de los payasos? ¿Duelen?
T.L.: -Es una técnica, como cualquier otra. Antes de cada cachetazo va una señal como aviso. ¿Querés que te mostremos cómo se hace? (Tony y Claudio se levantan de sus sillas y hacen una pequeña demostración que incluye tres cachetazos muy bien coordinados.) Esto que parece tan fácil y no falla nunca, los alumnos tardan bastante en aprenderlo. Esta es la clap de circo. Y también está la clap de las patadas, que se hace con el bombo de la orquesta. En las nuevas tendencias, el cachetazo no se usa y cuando se usa el efecto sonoro viene desde afuera.
-¿Por qué los zapatones?
E.F.: -Igual que los trajes coloridos, el zapatón tiene que ver con la distancia que en el circo hay entre los espectadores y los artistas. Hay que agigantar la figura para que se vea bien.
C.D.: -Debe tener que ver con los famosos coturnos orientales, que adoptan directamente la comedia del arte italiana.
TL.: -En la nueva escuela, el clown puede presentar zapatos normales, pero en algún lugar de su vestimenta debe haber algo que explote.
-¿Qué piensan de la proliferación de payasos y otros artistas de circo actuando en muchas esquinas de la ciudad?
E.F.: -Es limosna, porque no creo que en los 45 segundos que tarda el semáforo en cambiar puedan desarrollar algún hecho artístico.
-M.K.: -Es un fenómeno que tiene que ver con la malaria que hay. Es algo que encuentran los jóvenes para zafar.
TL.: -Es como una vuelta a los inicios del circo, porque en los primeros tiempos, volatineros, magos, acróbatas y payasos actuaban donde podían y pasaban la gorra. Hasta que los hermanos Podestá juntaron a varios de ellos en una carpa y así se armó el primer circo argentino.
-¿Qué les sugiere que un payaso de alma como Claudio Gallardou acaba de ser designado funcionario de un teatro oficial?
C.d.P.: -Me parece fantástico. Es una persona con un enorme talento para generar proyectos.
-¿Atenderá con nariz roja ?
C.d.P.: -Ojalá. Sería maravilloso.
Narices rojas
Marcelo Katz: tiene 35 años. Integró el elenco estable del Teatro San Martín; dirigió la compañía de circo La Trup y armó el grupo Clun, que representa en el C. C. Recoleta una adaptación de La flauta mágica, de Mozart. Está construyendo Espacio Aguirre, que se abrirá al público con un espectáculo de clown. También es docente de teatro.
Natacha Córdoba: actriz. Ex integrante de la comedia juvenil del San Martín. Está a punto de estrenar Las visitas.
Marcos Gómez: tiene 36 años. Forma parte de la quinta generación de una familia de artistas circenses. Integra actualmente La banda de la risa y trabaja en el ciclo de televisión Totalmente, conducido por Miguel del Sel ( viernes, a las 23, Azul Televisión ).
Claudio Da Passano: actor de larga y probada trayectoria. " Tengo unos cuantos años. Más de 15 y menos de 60 ", expresa. Ex integrante de La banda de la risa. Ensaya actualmente la próxima obra de Roberto Cossa, que probablemente se estrene en abril próximo.
Enrique Federman: tiene 40 años. Es actor, director y clown. Fue director del festival de clown El narizazo, realizado en 1990. Formó parte de la compañía de teatro infantil La galera encantada. Dirigió Pará, fanático, protagonizada por Carlos Belloso y en la actualidad trabaja en la obra Clap, en el teatro Palermo, dirigido por Virginia Lombardo y en compañía de Gerardo Bahamonde.
Tony Lestingui: tiene 42 años. Ex integrante de La Banda de la Risa. Hace unos meses terminó en el Teatro Cervantes El pasajero del barco del sol, de Dragún. Está haciendo la dirección de Las visitas, con Yamila Ulanovsky y Natacha Córdoba, y en poco tiempo repondrá una obra de 1996, que realizó con Pablo Cedrón y Carlos Nieto, El caso Pignataro-Sánchez.
La alegre mission
- Clowns para el mundo es una organización no gubernamental, una institución civil sin fines de lucro, integrada en total por unos 50 artistas.
- Salen a trabajar en grupos de diez a quince, en las especialidades de clowns, magos, malabaristas, etcétera.
- No tienen vínculos formales con una entidad internacional denominada Payasos sin frontera que tiene mucha actividad en España, Francia y Canadá.
- Actúan en salas pediátricas de hospitales, en comedores infantiles de barrios de emergencia, en pueblos rurales, en comunidades indígenas, ante chicos de la calle y otros sectores marginales. Vale decir que llevan la risa a lugares a los que normalmente no llega este tipo de expresiones artísticas.
- Tienen una página web en la que se vincularon con grupos similares de México, Brasil y Colombia. La dirección es: http://www.clownsparaelmundo.com.ar , en donde se obtiene información y mensajes.
La risa es salud
Según se lee en la página web de Clowns para el mundo "la risa tiene un poder curativo ampliamente estudiado por los especialistas. Se han detectado modificaciones producidas por la risa, que estimulan favorablemente el sistema inmunitario y que reducen en el organismo el nivel de hormonas relacionadas con el stress". Señala el documento que, algunas de las propiedades de la risa son: aliviar la tensión, relajar los músculos, proveer de un antídoto contra la depresión, reducir la presión sanguínea, estimular la liberación de un químico cerebral denominado endorfina que tiene efectos sedadores del dolor y estimuladores, moviliza y acciona partes del cuerpo como el diafragma, el tórax, el abdomen, el corazón y los pulmones. Cada vez que el ser humano ríe, la garganta experimenta espasmos que expulsan bocanadas de aire a una velocidad de 110 kilómetros por hora, el cuerpo libera adrenalina, la frecuencia cardíaca aumenta, los pulmones liberan dióxido de carbono, los ojos se llenan de lágrimas y los músculos pierden tensión y se relajan.
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