Elogio de la cordura

de Leo Masliah
de Leo Masliah
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31 de marzo de 2000  

Qué bueno es ser cuerdo! Es mucho mejor que estar loco, y también, por supuesto, que SER loco. Aunque uno puede SER cuerdo pero ESTAR loco, a condición de que ese estado sea transitorio. También puede darse que alguien SEA loco pero transitoriamente ESTÉ cuerdo. De todos modos, lo mejor es SER cuerdo y ESTARLO en todo momento (si uno empieza a coquetear con la locura, aunque al principio crea que tiene el control de la situación, puede estar equivocado, ya que, como es bien sabido, los locos a veces tienen alucinaciones y lo que creen que está pasando (como, en este caso, detentar el control de su estado mental) no es lo que está pasando en la realidad. Claro que uno nunca puede estar seguro de estar cuerdo, por la razón que acabo de exponer (es decir: uno puede estar loco pero creerse cuerdo). En cambio, si uno se cree loco, puede tener la absoluta certeza de que lo está; porque si no lo estuviera, querría decir que está cuerdo; y si está cuerdo, ¿por qué cree que está loco? Las personas cuerdas no andan diciéndose a sí mismas "estamos locas, estamos locas". Por lo tanto, si piensan eso, es porque realmente están locas, y no cuerdas. La locura, por ende, es el único estado en que se puede alcanzar la lucidez. Esa es la única ventaja que tiene sobre el estado de cordura. En todo lo demás, como decía antes, la cordura es ampliamente preferible. Una persona cuerda nunca corre peligro de que la encierren en un manicomio, por ejemplo. A las personas cuerdas las encierran en la cárcel. Por lo menos, si las que las encierran se dan cuenta de su estado. Se pueden equivocar, por supuesto, y encerrar a un cuerdo en un manicomio, pero esto es excepcional. Después, si se dan cuenta, lo sacan (y lo desatan, también, si es que lo habían creído loco de atar y lo habían asegurado con cuerdas). Esto, siempre que las personas encargadas de la tarea estén cuerdas, pero en general esas funciones no son asignadas a los locos; y esto es porque la gente que asigna funciones, casi siempre, es gente cuerda, lo cual está garantizado por la cordura de quienes los nombran para esos cargos. Y en el extremo de esta cadena de nombramientos están las máximas autoridades, que en un sistema democrático están siempre muy bien de la cabeza, ya que son elegidas por el pueblo, que se podrá equivocar al juzgar la idoneidad de sus gobernantes para las funciones en cuestión, pero difícilmente se equivoque en cuanto a la salud mental de los que elige. Se podrán equivocar algunos, tal vez, pero si la mayor parte de los electores está en su sano juicio, lo más probable es que elija gente que esté en el equipo de los cuerdos, y no a un loco furioso. Ahora, si la mayor parte de los electores está loca, puede pasar que elija locos, también, pero en este caso ya no importa si los organismos del Estado empiezan a ser usados para cualquier cosa menos para lo que fueron creados, o si las leyes no se aplican y la gente actúa como si se encontraran en vigor leyes que nadie promulgó, porque los votantes van a juzgar todo esto con los mismos patrones de insania mental que los votados, es decir que, propiamente hablando, no lo van a juzgar. De cualquier manera todo esto es casi imposible que ocurra, porque la definición de cordura la establecen en general las mayorías, de acuerdo a los comportamientos que les resultan tolerables, así que muy difícilmente pueda la gente promover un estatuto de cordura para tipificar conductas demenciales. Todo concuerda. Qué loco, ¿no?

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