
Emiliano Chamorro. “Me interesa buscar un camino que se asemeje a la Edad Media”
Es uno de los fundadores del Instituto Baikal: una usina de cursos y seminarios orientados a tomar buenas decisiones que creció exponencialmente durante estos meses
6 minutos de lectura'
Emiliano Chamorro (44) es el fundador del Instituto Baikal, una usina de cursos y seminarios orientados a tomar buenas decisiones o, por lo menos, una caja de herramientas para elegir mejor. Curioso, entusiasta y emprendedor, a Chamorro lo interpelan las intersecciones: el cruce entre la filosofía y la tecnología, el encuentro entre el arte y los fondos de inversión. O la unión de todas las disciplinas que promuevan el pensamiento crítico y activen las neuronas.
Con el formato presencial en baja, esta fábrica-taller-escuela con sede en Villa Crespo encontró en la virtualidad un crecimiento exponencial que hoy multiplica por 15 la cantidad de alumnos con respecto al año anterior a la pandemia. Al frente de este laboratorio del conocimiento, Chamorro comparte autores, libros, citas y escuelas de pensamiento. Cruza su propia colección de dudas y certezas con las de profesores, científicos, periodistas y artistas que lo acompañan en la aventura de desarrollar la capacidad de pensar (Sebastián Campanario, Martina Rua, Melina Furman, Mariano Sigman, Daniel Molina, Diego Golombek, entre otros).
Si bien se recibió con honores en la Facultad de Derecho, nunca ejerció la abogacía. Antes de cursar en la facultad participó en el programa Modelo Naciones Unidas, en Nueva York, donde se interesó por el lado B del mundo de las finanzas. Volvió y emprendió distintos proyectos en las áreas de biotecnología, robótica, ingeniería financiera, medios y diseño sustentable. Es mentor de la Fundación Endeavor, profesor de la Cátedra de Emprendimientos de Fiuba y colaborador de TEDx Río de la Plata. Salpica proactividad: tiene la habilidad de combinar exploraciones en el campo de las ideas, la filosofía, la tecnología y la ciencia. Y de compartirlas para generar comunidad.
El proyecto que amasó hace 9 años junto a un grupo de amigos con los que se reunía a conversar sobre distintos temas de interés lleva el nombre de un lago fractal de Rusia, el Baikal, el más profundo del mundo que, además, contiene el 20% de la reserva de agua potable del planeta.
–Si hace un año te sugerían dar clases por Zoom en vez de pararte frente a las aulas del instituto de Villa Crespo. ¿Cómo hubieses reaccionado?
–Cerraba las puertas, ni loco se me hubiera ocurrido nada parecido. El formato online nos permitió aumentar y diversificar la cantidad de alumnos. Estamos llegando a los 3 mil. Menos del 30% son de Buenos Aires y hasta el 2019, en cambio, el 100% eran porteños. Nos cambiaron el baile y cambiamos la forma de bailar. Perdimos el contacto personal, pero ganamos contactos internacionales. Claramente a los contenidos culturales les sienta mejor el formato virtual. Se los puede abordar desde el living de tu casa en vez de trasladarte, manejar, estacionar. La adaptación fue en el corto plazo, cambiamos para crecer.
–La capacidad de adaptación es uno de los contenidos clave de la escuela de inversores, ¿Cuáles otros tips resultan indispensables para invertir en estos tiempos?
–En estos talleres creemos que no hay buenas ideas abstractas, sino que hay buenas ideas para uno. Lo interesante es encontrar un punto de intersección entre un gusto propio o una vocación y lo que demanda la sociedad. Si me pusiera a desarrollar una aplicación sería un fracaso aunque tuviera demanda, porque no me interesa la tecnología. Pero en Baikal este cruce permite que se pueda desarrollar una idea que se disfruta y que un grupo de gente paga y valora. Otro tip es considerar que la misión del emprendimiento sea fija y lo flexible dejarlo para la forma de lograr ese objetivo: si la misión es ir a Londres lo que puede cambiar es el medio de transporte, no el destino final. Por último creemos que detrás de un buen proyecto hay socios que la pasan bien juntos, que es más que llevarse bien o complementarse.
–¿Hacia qué tipo de proyectos se inclinan los nuevos emprendedores argentinos?
–A los proyectos de impacto social y ambiental positivos. Hace un tiempo los jóvenes querían saber cómo ganar plata. Ahora llegan a Baikal para aprender cómo pueden mejorar el mundo. No es que los otros emprendedores fueran lobos de Wall Street y ahora sean hippies. Pero ahora se corrió mucho la vara entre hijos de familias con poder adquisitivo de medio para arriba. Intentamos descifrar si es moda o vocación auténtica el interés por lo social y ambiental.
–¿Y cómo lo chequean?
–Nos inclinamos por un tipo de pensamiento que cuestiona las grandes tendencias y religiones de la época. Si el 90% está pensando en proyectos vinculados a la alimentación sana, seguramente haya campos más descuidados que resulten más interesantes. Si hay mucha gente que quiere hacer algo y poca que lo quiera comprar tiende a ser un mal lugar para meterse. Cuando los consumidores son también sus propios productores esa ecuación no funciona en términos de un emprendimiento.
–¿Algún proyecto actual que te resulte interesante?
–El fondo de inversión para proyectos que apuntan a cambiar la matriz productiva que impulsa uno de los profesores del instituto, Matías Peire. Se llama Grid Exponential y promueve el salto de una idea a una start up. Hay muchísimas ideas buenas dando vueltas. En 2021 queremos transformar la sede física de Baikal (una casona en el corazón de Villa Crespo) en una incubadora de proyectos de gente joven coordinada por mentores. También estamos preparando cursos gratuitos para chicos, el que dimos sobre programación fue un éxito. Generamos un ecosistema interesante. Podemos darnos esos lujos.
–¿Compartir conocimiento es una manera de crear comunidad en estos tiempos?
–Baikal surge de compartir datos, autores, libros, ensayos entre un grupo de gente afín. No surgió con la vocación social de masificar el conocimiento. Hay otros proyectos muy buenos que se dedican a eso, como TED. Nos interesa buscar un camino que se asemeje a la Edad Media, previa al origen de las grandes universidades. Nos gusta recuperar ese formato de compartir lo que estamos pensando y estudiando. El escritor Nassim Taleb (autor de El cisne negro) dice que si tenés que preparar mucho una clase, entonces es una chantada, no sabés tanto del tema. Hay que dar clases con lo que te sobra. En Baikal compartir es un verbo más conjugado que enseñar. Y aprender, más que educar.






