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Esculturas de grandes artistas, sierras y naturaleza se unen en un jardín uruguayo

Belén de Ancizar
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30 de julio de 2020  • 00:00

Una casa en lo alto domina las vistas. Podría decirse que parece la primera escultura, bien a tono con estas serranías de Maldonado que la rodean. Realizada en el año 2006 por el arquitecto Edgardo Minond, la construcción recoge un paisaje donde domina la piedra y, a lo lejos, las aguas de Laguna del Sauce. El hormigón armado, el vidrio y esa piedra son sus componentes principales. La mirada se pierde en el infinito de breves ondulaciones que sostienen rocas inmóviles y una vegetación nativa de porte bien bajo. Carlos Abboud encontró en este paraje uruguayo su lugar en el mundo. Pero antes de imaginar su casa, pasó varios días analizando, descubriendo y ganando entusiasmo. Revelando las múltiples posibilidades del terreno, descansando la mirada de vez en cuando en el horizonte de agua. Y luego comenzó su aventura.

Bien arriba del cerro, la casa, obra de Edgardo Minond. Abajo, su obra en hierro, "Libros".
Bien arriba del cerro, la casa, obra de Edgardo Minond. Abajo, su obra en hierro, "Libros". Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Es que Cerro Timbó amalgama sus pasiones: arte, naturaleza y gente querida. Se levantaron la casa principal, la casa de huéspedes, la pileta y finalmente el parque de esculturas. O mejor dicho: las esculturas que completan el parque. Ideó un plan que supo poner en marcha y concretar. Así, convocó a sus amigos de la vida, artistas plásticos, pintores, fotógrafos, escultores para crear una obra y ubicarla en este nuevo hogar que estaba tomando forma.

La condición fue que las obras se integraran en el imponente paisaje, comulgaran con la naturaleza en todos sus aspectos. Debían resistir los avatares del clima, potenciarse con la luz, fundirse en sus formas. Todos ellos tuvieron que visitar Cerro Timbó y descubrir el lugar indicado. Disfrutar, antes, de sus amaneceres y crepúsculos, de la piedra dominante, de la vida que late entre cada pliegue de la tierra.

Obra "Superman" en hierro pintado, de Antonio Seguí. Protector de la casa, de vuelo elegante y sin kryptonita a la vista (izquierda). "Cabeza" en vidrio, de Juan Andrés Videla. Un gesto de paz que parece flotar entre el verde (derecha).
Obra "Superman" en hierro pintado, de Antonio Seguí. Protector de la casa, de vuelo elegante y sin kryptonita a la vista (izquierda). "Cabeza" en vidrio, de Juan Andrés Videla. Un gesto de paz que parece flotar entre el verde (derecha). Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

"Piedra libre toco madera" en eucalipto y piedra, de Luis Felipe Noé. Una pirámide con los elementos propios del lugar (izquierda). "Marisol" en resina policromada, de Fernando X. González. Ahí está la niña, en el árbol, impasible y observadora (derecha).
"Piedra libre toco madera" en eucalipto y piedra, de Luis Felipe Noé. Una pirámide con los elementos propios del lugar (izquierda). "Marisol" en resina policromada, de Fernando X. González. Ahí está la niña, en el árbol, impasible y observadora (derecha). Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Catorce esculturas, catorce amigos. "Quizás la condición de argentinos en París explica en parte esa sensación de pertenencia que tenemos. Pero también están los que no viven allí y son, sin embargo, del mismo paño. ¿Somos un grupo? Y si lo somos, ¿cuáles son los elementos básicos que lo definen como tal? ¿La estética? ¿El solo factor de la contemporaneidad? Parecería que entre las 14 obras hay una armonía, todas se integran entre sí", contaba su dueño al momento de la inauguración del parque, allá por 2013.

La pileta del parque, casi suspendida en el paisaje.
La pileta del parque, casi suspendida en el paisaje. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

"Pájaro", foto sobre acrílico y hierro, de Luna Paiva (izquierda). "Elefante", monotipo sobre vidrio, de Virginie Isbell. Un enorme elefante, síntesis de memoria y sabiduría, entre las matas (derecha).
"Pájaro", foto sobre acrílico y hierro, de Luna Paiva (izquierda). "Elefante", monotipo sobre vidrio, de Virginie Isbell. Un enorme elefante, síntesis de memoria y sabiduría, entre las matas (derecha). Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Cada artista hizo su obra original y una réplica en miniatura. Todas ellas fueron colocadas en el parque. Materiales diversos como hierro, vidrio, resina, madera se combinaron con extraordinaria diversidad y generaron sorpresa y también integración. Hoy la lista sigue creciendo, son quince, dieciséis, diecisiete... En 30 hectáreas, se puede encontrar espacio suficiente para entusiasmar a muchos, sobre todo al propio hacedor de esta historia.

Una de las últimas adquisiciones es una "Nube" de Leandro Erlich. "Acá aprendí que la naturaleza te contesta y pega fuerte. Es por eso que para esta obra se realizó un lugar especial en armonía con el paisaje, sin invadirlo, pero con el suficiente tamaño como para una correcta perspectiva."

"Nube", vidrio grabado, de Leandro Erlich, una de las últimas obras en incorporarse al parque.
"Nube", vidrio grabado, de Leandro Erlich, una de las últimas obras en incorporarse al parque. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Mientras, el timbó se apoderó del lugar, luego de ser descubierto por Carlos en Villa Soriano, donde hay un ejemplar de más de 200 años, testigo de las hazañas de Artigas. Hoy todavía jóvenes, fueron estratégicamente plantados entre chircas (Dodonaea viscosa) y espinas de la cruz (Colletia paradoxa) que dominan la flora autóctona. "Acá le dicen 'mugre'", nos cuenta Carlos, sorprendido ya que él descubre la belleza en cada uno de estos arbustos. Un proyecto más dentro de su larga lista es clasificar la flora y la fauna del lugar.

"Libros" de Edgardo Minond. Bloques de hierro color óxido, como restos de algún barco encallado (izquierda). "Las cuatro caras de la mujer", pintura original sobre azulejos, de Pat Andrea. Una de las primeras esculturas de fantásticas mujeres, todas en una y en todas (derecha).
"Libros" de Edgardo Minond. Bloques de hierro color óxido, como restos de algún barco encallado (izquierda). "Las cuatro caras de la mujer", pintura original sobre azulejos, de Pat Andrea. Una de las primeras esculturas de fantásticas mujeres, todas en una y en todas (derecha). Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

"Torre de Babel", en acero inoxidable y hierro, de Mario Gurfein. Fue la primera escultura en Cerro Timbó.
"Torre de Babel", en acero inoxidable y hierro, de Mario Gurfein. Fue la primera escultura en Cerro Timbó. Fuente: Jardín - Crédito: Inés Clusellas

Recorrer el cerro, marca original de la inspiración, con sus esculturas, su arquitectura, el jardín circundante, la huerta, las gallinas es un placer para todos los sentidos. Es la posibilidad de ser partícipes de una manifestación de creatividad y sensibilidad inmersa en la más perfecta naturaleza que nos refugia.

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