
Fanne Foxe, la historia de la stripper argentina que sacudió la política de EE.UU en los 70
La increíble vida de Annabel Villagra de Battistella, nacida en Nueve de Julio, y que pasó del estrellato fugaz a una vida lejos de los flashes
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Dos meses antes, Richard Nixon había renunciado a la presidencia de los Estados Unidos. La opinión pública escrutaba la moral de los políticos como nunca antes. La prensa hablaba de la posibilidad de que los demócratas tomaran ventaja sobre el caso Watergate y, en simultáneo, los republicanos se ensañaban con Ted Kennedy, reviviendo detalles desconocidos del episodio de Chappaquiddick, en el que una mujer murió tras un accidente automovilístico en 1969. Por si fuera poco, en octubre de 1974, Joan, esposa de Ted, fue detenida por protagonizar un choque mientras conducía ebria. Una serie de hechos que lo obligarían desestimar su candidatura presidencial para 1976. En medio de semejante hervidero político, un insólito escándalo involucró a Wilbur Mills, otro potencial candidato demócrata, con una bailarina argentina. Se trataba de Annabel Villagra de Battistella, que hacía shows de striptease en locales nocturnos, y durante varios meses pasó a formar parte de la agenda periodística norteamericana.
El caso de la artista, también conocida como Fanne Foxe, sigue siendo considerado uno de los mayores bochornos de la política en ese país. Su vida tuvo cuatro o cinco años de inmensa exposición, pero más tarde desapareció por completo. No volvió a hablar con la prensa hasta que la opinión pública casi la olvidó. Así se refugió y se volvió un misterio.

Pero, ¿cómo se vio involucrada una argentina en ese entrevero? En nuestro país, la primera referencia al “incidente Mills” la ofreció de manera indirecta Santiago Ferrari, corresponsal de LA NACION en Nueva York. En una nota en la que refería las desventuras de los Kennedy, escribió: “La mala suerte persigue a la familia y al Partido Demócrata. Ayer lo han sorprendido ebrio nada menos que a Wilbur Mills, el ‘monje’ del presupuesto de la Cámara de Representantes. La misma renuncia de Kennedy ha dejado a los demócratas con una pobreza de candidatos que, como dice Martín Fierro hablando de la miseria de los indios, ‘causa horror’”.
¿Qué había pasado? Mills, de 65 años, un juez que fue congresista por Arkansas y en ese momento era presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, fue detenido por la policía de Parques de EE.UU. en la madrugada del 7 de octubre de 1974. Su Lincoln Continental de color azul plateado circulaba sin luces cerca del Jefferson Memorial, en Washington, y llamó la atención de los agentes. Cuando enfocaron las linternas para identificar al conductor se llevaron la sorpresa. Mills era un hombre muy reconocido. Sangraba por la nariz. Antes de que pudieran decir nada, una mujer con moretones en la cara, a quién más tarde identificarían como Fanne Foxe, que tenía 38 años, saltó del vehículo e intentó escapar. Corrió unos metros y se lanzó a nadar en el helado Tidal Basin, un lago de unos tres metros de profundidad. La policía la rescató, la cubrió con frazadas y la llevó esposada a la comisaría. Más tarde, públicamente, diría: “Traté de escapar porque no quería que Wilbur tuviera problemas”.

Pese a pasar la noche detenidos, ambos quedaron libres rápidamente. Luego del entredicho, Mills intentó desvincularse del caso e involucró a uno de sus socios, llamado Oscar Goss. Pero la policía confirmó que el hombre en el auto era el congresista. No había dudas. Tres días después se sinceró, reconoció casi todo y envió una carta a Washington Post: “Me corté la cara con las gafas, que se rompieron cuando intentaba impedir que una vecina enferma, la señora de Eduardo Battistella, saliera del vehículo”.
Battistella, en realidad, ya estaba separado de Annabell Villagra, pero mantenían una muy buena relación. Tenían tres hijos. Lo que la versión de Mills no aclaraba era por qué estaba alcoholizado y manejaba sin luces. Y sobre el tema de Goss sólo dijo que había sido una malinterpretación de los hechos. “Lamento cualquier vergüenza que haya podído causar al señor Goss y a su familia”.
Lo más increíble es que el congresista utilizó el escándalo para su campaña en marcha en las elecciones legislativas. Con el slogan “No bebas champagne con un extranjero”, fue reelegido en su cargo con el 60% de aceptación. Su posición como candidato presidencial se robusteció… aunque por muy poco tiempo. Un par de semanas después se lo volvió a ver con Fanne Foxe. En el Pilgrim Theatre de Boston, se subió en el escenario cuando ella salió a actuar. Luego se plantó ante las cámaras para revelar la relación, lo fotografiaron y la situación llegó a un extremo que el partido consideró insostenible. Los diarios y las agencias internacionales la bautizaron como “la Bomba Argentina”. Mills renunció entonces a su puesto y se internó en una clínica de rehabilitación. LA NACION escribió: “Soportó una desfavorable publicidad a causa de sus relaciones con una artista argentina de varieté. La decisión de no postularse fue anticipada luego de la publicación de su presencia en un teatro burlesco con la señorita Fanne Foxe”.

Mills no volvió al campo político. Pasó el resto de su vida trabajando en una fundación que recaudaba fondos para asistir a personas alcohólicas. Murió en 1992.
Un par de meses después del escándalo, Fanne Foxe volvió a la Argentina. Por un lado, reconoció que su carrera artística se vio muy favorecida por la “explosión” mediática. Dijo que cobraba 50 dólares por semana en sus comienzos y que tras el “asunto Mills” pasó a cobrar 15.000. Pero que nunca fue su intención que la relación saliera a la luz.
“Wilbur tiene 65 años, pero el espíritu de un chico de 30″, dijo en una entrevista con la revista Así. Donde también profundizó: “Mi amistad con él había empezado 10 meses antes de que ocurriera el incidente que truncó su vida íntima y política. Soy una mercadería de consumo y me encuentro en un mecanismo del que es muy difícil salir. Terminé con los nervios destrozados. Perseguida por fotógrafos y periodistas. No podía salir de mi departamento”, se lamentó.

También reconoció todos los detalles contados del episodio en Tidal Basin, aunque se quejó: “Mucho de lo que se contó es verdad, pero la mayoría de las publicaciones trató de armar una historia de manera ridícula y barata. El mismo día del accidente la esposa de Ted Kennedy fue arrestada por conducir ebria y los diarios dieron una información pequeña mientras que a lo que nos sucedió a nosotros se le otorgó una especial trascendencia”.
La prensa también la fue a buscar a Ezeiza. Pero ya estaba más tranquila. Se alojó con su (ex) esposo en el Sheraton y contó que recibió muchísimas ofertas de trabajo por su popularidad. “Pienso filmar una película con un gordito muy simpático que se llama Jorge Porcel. Tengo mi propio maquillador, Mark Trainer, que es el mismo de Sofía Loren. Me voy a presentar en un show con Raquel Welch. Tengo muchísimo trabajo en los Estados Unidos”, dijo. Anticipó que iba publicar su biografía: “El libro lo va a escribir Robin Moore (N. de la R.: el autor de Contacto en Francia)”, afirmó. Más tarde el titulo La stripper y el congresista (1976), se publicó con el nombre de una ghost writer, Yvonne Dunleavy. El resto de los proyectos... no prosperaron.
Sobre su trabajo, decía: “Para mí el desnudo no es pornografía cuando se hace con calidad y sentido artístico. Nunca me desnudé completamente, sólo muestro mis senos. Mis números tienen la elegancia de un espectáculo de Las Vegas. Siempre me dio vergüenza mostrarme. Mi edad no es la de una jovencita y mis formas no son perfectas. Pero me di cuenta de que no es importante. El público es respetuoso y nunca me dijeron nada insultante. Los espectadores norteamericanos responden a una educación diferente a lo que puede ocurrir en otros países. Me dicen que tengo una sonrisa agradable y que eso lo ven más que mi cuerpo”.
La “Beba” de Nueve de Julio y la “Bomba” de EE.UU.
¿Quién era Annabel Villagra antes del escándalo? Nació en Nueve de Julio el 14 de febrero de 1936, donde era conocida como “la Beba”. Hizo un intento por estudiar medicina en la Universidad de Buenos Aires, pero lo abandonó. A los 18 años conoció a Eduardo Battistella y se casó dos años después. Él era pianista en cabarets y se fueron a Perú en 1962. Él trabajaba en un local nocturno, donde conocieron a la cantante Leyli Morán. Según contó más tarde ella, fue el mismo Eduardo quien alentó a Annabel a convertirse en bailarina.
Trabajaron juntos más tarde en el ballet de René Calderón, en Panamá, un cuerpo de baile formado por argentinas, chilenas y peruanas. Más tardes viajaron a los Estados Unidos. Battistella dejó el piano y comenzó a trabajar en una agencia de publicidad. Ella comenzó a dedicarse al striptease.
Después de su romance con Mills, participó en el talk show de Mike Douglas, y participó en algunas series menores interpretando su propio papel de Fanne Foxe. En la Argentina interpretó un papel protagónico en una película (Hay que parar la delantera, 1977), junto con Julio de Grazia. Posó desnuda para la revista Playboy. No llegó a la portada, pero la nota se tituló: “El huracán Foxe golpea Miami”.

La contrataron del Club Juana, en Orlando, Florida, donde en 1976 fue arrestada por “exposición indecente”. La acusaban de posar completamente desnuda en el escenario. También detuvieron al propietario del club, Mike Pinter. Ambos se declararon inocentes y recuperaron la libertad.
En 1981 dio por última vez una entrevista, en el Washington Post. Se tomó una foto en la costa del Tidal Basin, en el lugar del escándalo. Allí reveló una serie de cosas que se habían ocultado hasta entonces. Reconoció que, durante el romance, Mills la llevó de vacaciones a Antigua durante tres semanas. Quedó embarazada y abortó para no arruinar su carrera política. Dijo que le gustaban los hombres maduros, que lo quería. Pero que la relación comenzó a deteriorarse con aquella campaña de “No bebas champagne con un extranjero”. Le cayó mal, se sintió despreciada.
Antes, la relación era muy estrecha. Hasta le permitió mantener un vínculo familiar con los Mills. Ella y Eduardo jugaban al bridge con Wilbur y su esposa, Clarine Billingsley. “Hasta la ayudé a organizar su cumpleaños a Clarine”, decía Annabel.

Luego, no se supo nada más de ella. Se casó con el empresario Daniel Montgomery y cambió su nombre. Se fue a vivir a Clearwater y “desapareció”. Las intensas búsquedas periodísticas desde su Nueve de julio natal hasta los Estados Unidos siempre se encontraban con caminos cerrados.
Hasta el 10 de febrero de 2021, cuando el periódico Tampa Bay Times publicó un obituario. Annabel Montgomery había fallecido a los 84 años. Entonces el diario intentó hablar con alguno de sus hijos, pero todos desconectaron sus teléfonos. El único que habló fue Daniel Montgomery, su exesposo. Fue él quién contó que tuvieron una hija, Melanie. Que se divorciaron en 1986. Que pese a estar separados criaron juntos a su hija y a los tres de su matrimonio anterior (María, Grace y Alex).
Ya no era Fanne Foxe. Era simplemente Annabel. Daniel contó que su expareja se licenció en Comunicación en la Universidad de Tampa en 1995. Que también estudió en la Universidad de Florida de Sur y obtuvo un Máster en Ciencias Marinas en 2001 y otro en Administración de empresas en 2004. Trabajó en el laboratorio de biología de la Universidad de Florida y como consultora de seguros. Dedicaba también tiempo a ayudar al ejército de salvación y que se comprometió mucho para asistir a víctimas del huracán Katrina.

Le gustaba la jardinería y la cocina. Y vivía tanto como podía para su familia. Recordó que le gustaba coser y que uno de sus orgullos fue un traje que hizo para su hija, que ganó el primer premio en un concurso de Halloween en Tampa. Que el momento más devastador de su vida fue en 2017, cuando su hija Melanie murió por un problema cardíaco. Iba con frecuencia a la iglesia y pasó los últimos seis meses en una cama, tras una operación de corazón. Pero siempre con la compañía de su familia.
“Se esforzó mucho por alejarse de su notoriedad y tenía una conciencia social que nunca fue explorada ni revelada”, contó en esa entrevista Daniel. Y compartió una foto de Annabel con Melanie. La última imagen pública en su despedida.
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