
Favio Posca
Muchos de los que vean su cara sabrán que lo vieron en televisión. Sin embargo, no se puede decir que Posca sea un actor netamente televisivo. De hecho, es de los pocos que se las arregla para nadar bien en cualquier agua, con sus personajes y su música a cuestas. Desde el 1º de enero del 2000 se lo podrá ver en La Subasta con la nueva versión de El perro que los parió , o escuchar por la Rock & Pop Beach en su programa He perdido mi malla. Como se ve, todos los instrumentos le sirven para tocar
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Posca siempre se corta solo. Desde hace años, cuando llevó por primera vez El perro que los parió a un escenario, Favio aparece en solitario ante el público y navega como un surfista sobre las olas que él mismo genera. Sí, es cierto, algunas otras veces se lo pudo ver en medio de un elenco, como en Locos reCuerdos, de Hugo Midón; pero sus seguidores lo buscan en la cartelera para reunirse sin pactos previos frente a sus personajes.
Se podría decir, por varios motivos, que es un actor anfibio: se lleva bien con la tele y con el teatro, y hace música o actúa con la misma eficacia. Pasa de una tira en Canal 13 al escenario del Paseo La Plaza como quien cambia el dial de una radio. Lo curioso es que tanto en un espacio como en el otro siempre se percibe la estética Posca. En la tele, personajes que rozan lo teatral; en el teatro, manipula elementos bien de la era tecnológica. El resultado es que el público que lo sigue normalmente no va a las salas teatrales, salvo para verlo a él.
Tiene una frondosa mata de pelo a la que le gusta llamar "mi peluca", una energía hiperkinética que lo hace hablar y gesticular copiosamente, una mujer que le hace la gamba en todo lo que emprende (incluso le diseña sus vestuarios) y dos hijos, una nena y un nene, Manuela y Rocco. Al verlo nadie lo diría. Su facha de aire irresponsable, en realidad, engaña. Si hasta se prestó para la foto de Navidad.
El 2000 va a tener que ver su cara en Mar del Plata, porque si la busca por Buenos Aires no la va a encontrar. El perro que los parió, su espectáculo marca registrada, y un programa de radio diario, He perdido mi malla , por Rock & Pop Beach, en el que también hace todo solo, lo van a mantener suficientemente ocupado.
"Hace muchos años que ando por ahí, pero en realidad lo que fue quedando fue el título El perro que los parió - dice Posca- . Es una especie de nombre de banda de rock. De lo que era el espectáculo hace años a lo que es ahora, nada que ver. Tiene nueva música, nueva escenografía, otros personajes... Siempre pienso en la estética de una banda que toca en vivo, que agrega o saca cosas. Lo mío son como recitales en vivo, con mi estética, pero en esencia fue cambiando mucho."
-¿Tiene algo que ver en que siempre te mandes solo el hecho de que seas un actor que canta, baila y compone?
-Es al revés. Si bien hago música, bailo y actúo, soy un tipo que empezó a estudiar teatro, pero al toque estudié otras disciplinas, sin abandonar el teatro. Me metí con lo corporal, con lo musical, con el canto, sin pensar en ser músico o bailarín. Lo hacía porque sabía que en algún momento estas cosas iban a complementar lo actoral. Después surgió lo del proyecto propio. ¿Y por qué no? Si puedo hacer y decir lo que quiero, por qué no poner todo lo que puedo dar. Si además hacer música, teatro y laburar con la imagen y con el cuerpo es lo más sublime que puede hacer un actor.
-¿Qué hace que tus personajes siempre sean marginales?
-En realidad no me lo pregunto demasiado. Me inspiran cierto respeto los marginales. Lo crudo de la calle no es fácil de bancar, entonces un pibe que está en Constitución abriendo puertas de taxis me inspira respeto. El pibe tiene una vida y una riqueza diferentes de las que puede tener un pibe con otra cuna, entre comillas. Esas vidas me interesan mucho más que otras. Digo vidas porque siempre hablo de eso, me gusta meterme con el comportamiento humano más que con las clases sociales y políticas.
-Tus personajes también se meten con el público, muestran como una especie de chapa que dice "no careteo, no me caretees".
-Sí, pero primero me expongo yo y después también desnudo al público. Eso es muy liberador y además divertido. En mis espectáculos siempre me propongo hacer un juego de liberación de ciertas estructuras. El que lo soporta, lo disfruta, y el que no, se va o se queda en lo literal.
Reincidentes
-Al principio iba a verte gente que no era habitué del teatro, ¿te sigue pasando eso?
-Sí, definitivamente. Mi público no tiene que ver con gente que asiduamente va al teatro. Va, en cambio, gente que se interesa por otro tipo de arte y casi siempre muy joven. Sin perder ese público, tal vez a partir de la televisión, copé también gente joven de otros estratos sociales que quizá ni siquiera vaya a recitales. Esos flashean más, porque el primer público que tuve estaba más acostumbrado a ver cosas bizarras, en cambio éste, que apareció con Gasoleros o con Repetto, es más virgen en este tipo de propuestas.
-¿Suelen ir a verte más de una vez?
-Sí, sobre todo ese público que arrastré de la tele. Algunos vuelven y traen a otros.
-Es raro, ¿no?
-Sí, creo que eso de que vengan más de una vez tiene que ver con lo musical. Como nunca saqué un disco, van, escuchan, cantan las canciones... Porque la energía que hay en mis shows tiene algo de recital de rock, la gente grita, salta y se manifiesta como si estuviera en un concierto.
El look
Favio siempre fue un maniático de los colores y las texturas. Cada una de las vestimentas de sus personajes está meticulosamente pensada. "Eso siempre lo hago en conjunto con mi mujer, que es una diseñadora impresionante -cuenta Posca. No sólo para teatro, en televisión también soy un obsesivo. Está relacionado con la composición del personaje. Más que nada me considero un compositor, desde la música y desde lo actoral siempre trato de salirme de lo que soy yo para hacer vivir a un tipo."
-¿A la hora de actuar el vestuario te condiciona?
-Claro, por eso hay cosas que mis personajes no se pueden poner, así como hay cosas que no podrían decir. De todos ellos, El Perro es el más libre, porque todo le importa un cuerno. Incluso, es un personaje que puede subsistir en teatro, en cine o en televisión, porque de hecho es un sobreviviente.
-¿A vos te importa, sos autocrítico?
-Soy autocrítico. Me doy con un caño, pero no mal. Lo que pasa es que no me cabe equivocarme. Cuando me largo a improvisar sé que hay buen viento y que voy a planear bien, si no no me tiro. Es decir, soy autocrítico desde ese lugar: "Cuidado con lo que vas a hacer, sí, tuc-tuc, ahora largate y disfrutalo". Pero una vez que me pegué el panzazo, todo bien, si no salió no me importa, nada de rasgarme las vestiduras. A la hora de actuar tengo una certeza de piletazo.






