
Fernando Hortal: un tipo de acá
Durante años fue Bahiano, el líder de Los Pericos, y viajó por el mundo. Pero en esta entrevista el que habla es Fernando, el hijo de un panadero que hoy conduce un programa de televisión contando la riqueza musical del país
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A Fernando Hortal cada uno lo llama como mejor le gusta. Para los amantes de su música es Bahiano. Para su mamá, Fernandito. Para los amigos, El Negro. Y él se deja llamar, tranquilamente. Está claro: es un hombre flexible, decidido a tomar con naturalidad lo que la vida le ofrece, bien dispuesto para los cambios. Escuchaba a los Beatles, Iron Maiden y los Rolling hasta que un disco de Marley le mostró los encantos del reggae, y no paró hasta imponer ese ritmo en la Argentina, como cantante de Los Pericos. Luego dejó la banda y salió airoso como solista. Con una larga experiencia en la conducción radial, en 2005 probó suerte en la tele con MP3, música para el tercer milenio, por Canal 7. El ciclo que sale a ver el pasado y el presente musical en las provincias argentinas, y a descubrir los talentos que se escucharán en el futuro, entró en la segunda temporada. El ya está diseñando una versión latinoamericana con el mismo formato.
–¿Qué es lo que más te impactó de la primera temporada como conductor?
–La predisposición de los músicos consagrados para prestarse a una charla de igual a igual sobre las experiencias en el mundillo de la música. Pienso en Atilio Stampone, Leopoldo Federico, Ramona Galarza, Mariano Mores, el Chango Spasiuk y muchos otros. Es diferente llevar a un músico a un estudio de televisión y decirle "tocate un tema" que ir al lugar donde él trabaja y palpar su realidad. Todos conocemos la chacarera, pero otra cosa es ir un domingo a la casa de los Carabajal, donde se reúnen más de veinte personas a comer, tomar vino y tocar; eso es entrar en el mundo donde se crean sus canciones. Valoré mucho que me dejaran mostrar no sólo su obra sino también el lugar en el que comen, duermen y viven. Nunca pensé que iba a conocer a Ramona Galarza, un icono del chamamé, pero MP3 me dio esa oportunidad. Lo único que me apena fue no haber tenido un mano a mano con Mercedes (Sosa). Ella estaba mal de salud y si bien los productores de TV tienden a insistirles a los entrevistados, yo sentía que no debíamos presionarla.
–¿Descubriste una Argentina que desconocías?
–Yo había recorrido el país más de cuatro veces, pero mis estadas se limitaban al hotel, la conferencia de prensa, dormir un poco, ir a tocar y volver a Buenos Aires al día siguiente. Ahora tuve la posibilidad de conocer en serio la quebrada de Humahuaca, Purmamarca, Mendoza… Así, descubrí que para un chico porteño el referente es Jimmy Hendrix o los Rolling, mientras que en el interior puede serlo el cantante que vive ahí nomás, después del cuarto árbol para el lado del monte. En las provincias uno comprueba que hay sonidos que se han ido transmitiendo de generación en generación.
–¿Cuál era la música que sonaba en tu casa cuando eras niño?
–Había discos de Ray Coniff, Julio Sosa, María Elena Walsh y Primavera con Alta Tensión. Pero en mi casa no eran fanáticos musicales. Recuerdo que mi viejo iba manejando y yo estaba a su lado con un grabador chiquito en el que ponía casetes de Génesis, a un volumen muy alto, porque en ese equipo a medida que se consumía la batería disminuía el volumen. "Por favor, ¿podés apagar la música?", me reclamaba mi papá. En cierta forma, también luché dentro de mi casa para que aceptaran mi vocación. La idea de mis padres era que eligiera una carrera tradicional, como abogado, ingeniero, médico, cosas que realmente no me llamaban la atención, a pesar de que cursé hasta segundo año de arquitectura. Yo era bastante retraído, y cuando escuchaba canciones sentía que estaba en un mundo donde me sentía cómodo. Como les pasó a muchos de mi generación, me encantaba la música, pero el mensaje que recibía era "mucha guitarrita y poco estudio".
–¿Qué clase de alumno eras en la escuela?
–Tenía buenas notas, pero las mejores siempre las sacaba en música. Vivíamos en Marcelo T. de Alvear y Montevideo, y yo iba a una escuela que estaba a la vuelta, la Argentina Modelo. Fue una inversión muy grande la que hicieron mis papás con mi hermana y conmigo, porque ellos no pertenecían al sector socioeconómico que podía mandar a sus hijos a ese tipo de escuela. Mi papá era panadero. Su panadería se llamaba Sportman y quedaba en la avenida Córdoba y Paraná. Yo trabajé allí: amasaba pan o iba con el triciclo a repartir pan al Club Francés y al Poder Judicial. Mis papás tomaron una decisión muy consciente: invertir en la educación de sus hijos. Creo que hicieron lo correcto. Hoy mis inversiones más importantes las destino a la educación de mis hijos. Pienso que con una buena base educativa van a poder manejarse mejor.
–Algunos dicen que estudiar ya no es garantía de poder ganarse la vida…
–Yo no pienso así. Creo que la educación tendría que ser prioridad en la Argentina porque si no nos formamos somos maleables y es más fácil manejarnos. El problema es que todos esos años que pasamos reivindicando lo banal hacen que se piense "¿para qué vas a estudiar álgebra si te sacás una foto en bolas y ya está todo el mundo detrás tuyo?"
–¿Fue duro criar a tu hija como padre soltero mientras ibas de gira en gira?
–Fueron momentos bastante críticos en mi vida. Trataba de arreglarme lo mejor posible. Muchas veces llevé a Candela conmigo; a Puerto Rico y a Miami, por ejemplo. También me acompañó Gabriela, mi actual pareja.
–¿Sentís orgullo de haber llevado adelante la crianza de Candela?
–Sí; ésa fue para mí una prueba superlativa, y el haberlo logrado sobrepasa cualquier éxito profesional. Esa es la prueba primaria: estar en sintonía con tus hijos.
–El discurso dominante tiende a destacar la figura de la madre, en los primeros años de vida de una criatura, por encima de la del padre. ¿Qué pensás vos?
–Que es puro prejuicio. Aún no hay leyes que protejan a los papás, porque las normas están centradas en la figura de la madre. Sin embargo, hay papás y papás, y mamás y mamás. Si un hijo tiene a ambos, pero uno de ellos es más dócil que el otro en el tema de la crianza, las leyes deberían considerar esa circunstancia. El padre es parte del circuito en el que debe crecer una criatura. Hay papás que han pasado por situaciones terribles como consecuencia del código social, que habla siempre de la madre y el hijo, y deja al padre como un semental o un abonador de la cuota alimentaria. Hay papás grandiosos y hay papás que no llegaron a entender. Del mismo modo, hay mamás grandiosas y otras que no llegaron a entender la maternidad. Pienso que la balanza está muy desnivelada en favor de las madres en los casos de separación.
–¿Es limitado el espectro de música que se escucha hoy en Buenos Aires?
–No tanto. Hoy en día la gente está más abierta a escuchar las propuestas de diferentes artistas. Yo durante años planteé un estilo de música como el reggae, que es un subgénero cosmopolita al que traté de interpretar en vez de copiarlo.
–¿Cómo descubriste el reggae?
–Venía escuchando a Deep Purple, Genesis, Iron Maiden, Yes, los Beatles, los Rolling, y de pronto, en una disquería que se llamaba El Agujerito, encontré un disco de Marley que me fascinó, por la rítmica y la armonía. No hay nada que hacer: la música primero te entra por el cuerpo y por los sentimientos; recién después te vas informando.
–A pesar de hacer reggae no te sumaste a su filosofía. ¿Por qué?
–Leí mucho sobre el tema, pero tiene muchos elementos que chocan con la idiosincrasia con la que uno estuvo acostumbrado a vivir. Es diferente ser sudamericano que vivir en una isla que fue colonia y está integrada por gente esclavizada durante siglos. La ideología y la religión rastafaris me parecen muy ricas para conocerlas, pero nunca sentí que ésa fuera mi creencia.
–¿Creés en Dios?
–Sí, claro. El Dios en el que creo es una persona que está más allá de todos nosotros y al que las religiones le pusieron diferentes nombres. Yo sé que Dios es alguien superior a todos. Qué imagen tiene, no lo sé. Qué forma tiene de expresarse, no lo sé. Qué espera de la gente, no lo sé. Pero sé que hay alguien superior a todos nosotros.
–¿Cuál es tu postura frente a las religiones?
–Me gustan todas, pero no practico ninguna. Creo que todas te llevan al mismo lugar: a que tengas una mejor calidad humana, a que seas paciente con tu prójimo, a que lleves una vida que merezca ser recordada.
–¿No les inculcás ninguna religión a tus hijos?
–No, les inculco que Dios está en cada uno de nosotros, que El es superior, que fue quien creó el mundo, y que ellos tienen que entrar en comunión con todos sus compañeros, con el católico y el judío, con el mahometano y el budista. Trato de que no sean ateos. A uno puede no interesarle la religión establecida, pero sabemos que hay algo superior, que este mundo no es así porque sí.
–¿Qué deseás para tu futuro en TV?
–Me encanta hacer este programa y me gustaría que tuviera un alcance más masivo, en el canal que sea. Estoy armando un proyecto para producir el MP3 Latinoamericano, un ciclo que con la misma estructura recorrería toda América latina.
Perfil
Fernando Hortal
Tiene 43 años. Fue cantante de Los Pericos. En 2004 se desvinculó del grupo, y un año después debutó como solista con Bh (+). Trabajó en varias radios: Rivadavia, la Metro, FM Hit y Radio Disney, entre otras.
En 2005 debutó como conductor televisivo en MP3, música para el tercer milenio. Actualmente realiza la segunda temporada del ciclo, que se emite los sábados, a las 21.10, por Canal 7.
Tiene dos hijos: Candela, de 9 años, y Teo, de 3.
Está en pareja con Gabriela, mamá de Teo.
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