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La ansiedad puede llevar a una persona a concentrarse de manera constante en sus preocupaciones y los posibles problemas que podrían ocurrir. Esta atención permanente sobre el malestar puede alimentar el temor. Frente a este mecanismo, el psiquiatra Fernando Mora propone una estrategia que consiste en dirigir parte de la atención hacia otras personas.
Según explica el doctor en Medicina y psiquiatra, que trabaja con pacientes que atraviesan cuadros de ansiedad y depresión, realizar una acción de ayuda permite salir, al menos momentáneamente, del circuito de preocupaciones personales y concentrarse en una necesidad externa.

“Algunos estudios muestran que ayudar a los demás puede reducir la sensación de amenaza”, dijo Mora en un video publicado en su cuenta de Instagram. “¿Por qué? Porque la ansiedad dirige tu atención hacia dentro, mientras que ayudar a otra persona hace que la dirijas hacia fuera", explicó.
El autor del libro Haz que tu cerebro tome buenas decisiones señaló que cuando aparece la ansiedad, la atención suele dirigirse hacia los pensamientos relacionados con posibles desenlaces negativos. La persona puede preguntarse de manera repetida qué le sucede, por qué se siente así o qué consecuencias podría tener la situación que atraviesa. Esta dinámica contribuye a mantener el malestar.
La propuesta de Fernando Mora consiste en cambiar la dirección de ese diálogo interno. En lugar de permanecer centrado en la pregunta sobre el propio estado, sugiere buscar una manera concreta de acompañar o asistir a alguien.
“La próxima vez que aparezca el estrés, llama a alguien, ayuda en algo pequeño o haz algo por la otra persona. No es solo amabilidad, también es neurociencia”, aseguró el especialista.

De acuerdo con Cleveland Clinic, la ansiedad no tiene un único origen. Su aparición puede estar relacionada con factores biológicos, hereditarios, ambientales y médicos que interactúan de distintas maneras.
Entre los componentes neurobiológicos se encuentran los sistemas que regulan neurotransmisores y hormonas, como la serotonina, la noradrenalina, la dopamina y el ácido gamma aminobutírico (GABA). También interviene la actividad de la amígdala, una estructura cerebral vinculada al procesamiento del miedo.
La predisposición genética constituye otro factor de riesgo; las personas con familiares de primer grado que presentan trastornos de ansiedad pueden tener una mayor probabilidad de desarrollar estas condiciones.
A eso se suman las experiencias traumáticas, los problemas económicos, las dificultades laborales, los duelos y la exposición prolongada al estrés. También existen enfermedades y sustancias que pueden desencadenar o agravar los síntomas.

Los datos del Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos (NIMH, por sus siglas en inglés) muestran diferencias según el sexo y la edad:
La estimación general indica que el 31,9% de las personas experimentará algún trastorno de ansiedad a lo largo de su vida, mientras que el 8,3% tendrá cuadros asociados con un deterioro grave.
Por edad, las cifras anuales disponibles indican:
En el conjunto de la población adulta, se estima que el 19,1% experimenta un trastorno de ansiedad en un año y que el 31,1% lo tendrá en algún momento de su vida. Estos datos permiten dimensionar la frecuencia de los trastornos, pero no explican por sí solos sus causas en cada individuo.




