
Gaspar Noé políticamente incorrecto
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A Gaspar Noé le cuesta definir su nacionalidad. Hasta los cinco años se creyó norteamericano, pero cuando llegó a Buenos Aires se enteró de que era argentino. Hace veinte que vive en París y la gente se sorprende cuando dice que no es un director francés. Hijo del pintor Luis Felipe Noé, su película Solo contra todo ganó en 1998 el Grand Prix de la Semana de la Crítica de Cannes. El Village Voice dijo que Taxi driver parece una película de Disney comparada con Solo contra todo, la historia de un carnicero que pierde todo por asesinar a un hombre que cree que abusó de su hija y anda por la vida lleno de ira y amargura, y la consideró la película más inquietante de la década.
A pesar de todos los premios que ganó, para Gaspar sigue siendo difícil conseguir quien le financie sus películas, pero seguramente, con más corazón que apoyo, seguirá espantando a la burguesía por muchos años.
-En enero se estrena en Buenos Aires tu película. ¿Cómo creés que reaccionará el público?
-Es divertida. Si te la tomás en serio puede ser pesada, pero si la ves dos veces te das cuenta de que tiene un montón de elementos que hacen que se parezca mucho a una caricatura.
-¿Es una característica de nuestro tiempo el hecho de que los cineastas muestren cosas de mucha crudeza convencidos de que son cómicas?
-No, tenés 20.000 antecedentes, incluso en las películas de Fassbinder hay detalles cómicos. Feos, sucios y malos también es muy divertida. Si bien hay películas que son frías y hasta agresivas como las de Bergman, Solo contra todos tiene tantos detalles exagerados, incluso la mala suerte del protagonista, que terminás riéndote.
-¿Vos ves la violencia como un medio para hablar de otra cosa o te interesa mostrarla en sí misma?
-La violencia existe en la vida de cualquier persona, es parte de la experiencia humana, lo fue hace mil años y lo será dentro de otros tantos. Cuando hacés una película tenés que cargar un poco las tintas para que ciertas emociones pasen del guión al espectador. Por ejemplo si querés hacer llorar a la gente tenés que encontrar una situación ultramelodramática, y si querés que se asuste, como cuando estalla una pelea en un café, también te conviene ir al tope.
-¿Te interesa sólo lograr reacciones del espectador?
-Todas las películas son un espectáculo. Yo soy incapaz de hacer una película seria, depresiva, que te plantea un problema de manera matemática. Mi percepción de la vida es muy emotiva: me caliento, pueden meterme una trompada, puedo llorar y matarme de risa durante tres días, y se nota de manera indirecta en la película. Además, yo no me tomo en serio las agresiones.
-Lo que decís es bastante controvertido en un momento en que la violencia es tema de todos los días.
-Cuando por televisión pasan el discurso de alguien del Frente Nacional (partido de ultraderecha francés liderado por Le Pen), eso también es violencia. En cambio, la violencia gráfica es un espectáculo que existe en todas las artes. En Japón, por ejemplo, se hacen las historietas más violentas y la gente en la vida cotidiana es la más tranquila y pacífica del mundo. El arte puede servir como catarsis.
-¿Ahora se está filmando más la parte oscura de la vida ordinaria?
-No, simplemente las barreras cambiaron. Si a principios de siglo no podías mostrar un beso porque en Estados Unidos prohibían la película, al cabo de varios años los personajes homosexuales ya no se mostraron como si fuesen monstruos, y ahora hasta podés mostrar secuencias pornográficas dentro de una película normal sin que nadie se asuste.
-Anteriormente vos mencionaste al comic...
-El del cómic antes era un género menor, pero yo me crié leyendo comics, de hecho yo no leí una novela hasta que tuve 16-17 años, y no soy el único. Es un lenguaje que está mucho más cerca del cine que el literario. Incluso en un momento quise ser historietista, pero parece que no dibujaba lo suficientemente bien, después me metí en una escuela de cine y empecé a filmar, pero sigo comprando historietas y prendido a ese lenguaje. Ahora hay cierto cine que es más estético, más gráfico, que utiliza textos escritos e imágenes dibujadas. Pero también lo que cambió bastante la imagen en el cine es la aparición de canales que transmiten 24 horas de videoclips. Hay un gusto casi experimental por el lenguaje visual.
-Ahora, ¿qué tenés en mente?
-Primero voy a filmar una película sentimental (tipo Love Story) pornográfica, de muy bajo presupuesto, en la que la historia de amor se desarrolla a través de los encuentros sexuales de los protagonistas; los mostraré como un acto natural, tanto como comer, o bañarse. El otro proyecto es una película un poco sicodélica, hablada en inglés.
-¿Por qué hablada en inglés?
-Como es una película muy visual, gráfica y experimental, necesito un presupuesto mayor para hacerla. Además, a la película le conviene porque así no la tienen que doblar o ponerle subtítulos, porque la imagen no para, no para y si no la gente se va a marear demasiado.
-¿La globalización va a tragarse a las cinematografías nacionales o por el contrario potenciará el interés por películas de diferentes culturas? Las iraníes tienen mucho éxito en Buenos Aires.
-Tienen éxito en Buenos Aires, pero mucho menor del que tenían las películas italianas o suecas en la década del setenta. El cine norteamericano se tragó a los demás. La India es el único país donde la industria nacional funciona mejor que la americana. Si el cine europeo existe hoy es gracias a las leyes proteccionistas. Sin embargo, y paradójicamente, el sistema francés favorece a cierto tipo de películas (de cineastas mayores, muy burgués, con falsas estrellas) que no son exportables y no porque luchés contra la invasión quiere decir que lo nacional va a funcionar. Si apoyasen más a películas populares o a cierto tipo de cine joven, quizás al cine francés le iría aún mejor.
-¿Los directores jóvenes actuales hacen películas para las masas?
-Yo creo que mi película es popular, no de arte. No tiene un lenguaje elitista ni está destinada a una burguesía local. La película funcionó correctamente y gustó mucho entre la gente que la vio, aunque reconozco que a veces el tema asusta. Sin embargo, yo considero que es tan popular como cualquier película de Scorsese, Pasolini, Fellini o Tarantino.
-¿No te parece que hacer una película basada en escenas de sexo espanta al público medio?
-No, para nada. Depende de la pinta y el carisma de los actores. A lo sumo recibirán una calificación de prohibida para menores de doce años, siempre que no tenga escenas de sexo aberrantes, que sea sexo natural. En Francia, ese tema se lo toman más con soda que en América latina, donde los países tienen una cultura más hispánica. Los ingleses también son recontra anticuados para las escenas eróticas.
-¿Qué lugar te parece que ocuparán los directores independientes en el futuro?
-Mirá, Von Trier, que era el director danés más escandaloso, ahora es el que más fácil consigue dinero para filmar. La mayor parte de los directores que se dicen independientes sueñan con ser dependientes, lograr un contrato con un estudio y que sus películas puedan tener un estreno masivo. Pero en el futuro, si el sistema de Internet funciona bien, uno mandará la película por la red y así, casi todo el dinero generado por la película irá directamente a la fuente, sin intermediarios, provocando una multiplicación exponencial de los directores-productores-distribuidores.
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