
Germinados: vida en todo su potencial
Casi todos los granos, semillas y legumbres pueden devenir en tiernos y nutritivos brotes
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Los granos de los cereales, las legumbres y variadas hortalizas –berro, rábano, calabaza– se pueden someter al proceso de germinación, un conjunto de mutaciones vitales que se producen en una semilla para que el embrión pase de la vida esencial a la activa, liberando sus energías jóvenes en beneficio de la salud y del nacimiento de nuevas plantas. Germinar es simplemente crear las condiciones adecuadas –humedad, calor o aire– para que la vida que habita en cada semilla despierte en todo su potencial.
La botánica explica que durante la germinación su contenido nutricional aumenta pues la semilla absorbe el agua que la recubre durante el tiempo de reposo (sin ella no hay germinación) permitiendo que se duplique su volumen, que explote la capa protectora y que se activen las enzimas. Se sucede entonces una serie de cambios químicos que transforman el nuevo alimento en un producto para incluir en la mesa, como parte dinámica y variable cuando se eligen recetas con ingredientes que provengan de la tierra.
Casi todos los granos, semillas o legumbres pueden devenir en tiernos brotes, y cada uno tiene su propio sabor. El de la alfalfa, por ejemplo, es muy agradable y liviano; el del rábano, en cambio, es de sabor más bien picante.
Desde la salud
Las corrientes naturistas dicen que ingerir brotes sanea nuestro cuerpo, expuesto de continuo a la contaminación, y fortalece las funciones del organismo. Además, son un alimento predigerido, lo que supone ahorro energético para el cuerpo. Entre sus cualidades, combate la anemia y aporta proteínas, aminoácidos, enzimas, vitaminas y minerales.
La nutrición moderna reconoce las cualidades de este producto, que sintetiza abundantes sustancias importantes para la salud. Los brotes no sólo tienen una mayor concentración de vitamina C y un valor proteico más alto que el de otras partes de las plantas, sino que, además, son de bajo poder calórico y económicos.
En la actualidad, germinar dejó de ser una simple tarea escolar para transformarse en una ocupación que muchos adultos practican para el consumo. familiar.
Desde la cocina
Es una tarea que requiere una serie de pasos. Cada grano tiene su propio tiempo. Estarán listos para el consumo cuando los brotes expongan entre medio y un centímetro de su cuerpo. Es suficiente utilizar 2 a 3 cucharadas de cada semilla; para tener una idea de volumen: 1 kilo de semillas de alfalfa rinde 8 kilos de brotes.
- Poner en un recipiente de vidrio (nunca de metal) un poco de la semilla elegida.
- Cubrirlas con agua y dejar reposar por 12 horas.
- Al día siguiente, desechar el agua, enjuagar las semillas y dejar reposar todo el día sólo con la humedad que absorbieron.
- Por la noche, volver a cubrir levemente con agua fresca y repetir la operación de descanso hasta el día siguiente. Enjuagar, dejar descansar sin agua y volver a cubrir ligeramente con agua. Este punto es esencial porque mucha agua o muy escaso aire pueden crear hongos y desechos.
- Realizar esta tarea de agua, escurrido y descanso durante 3 días.
- Al cabo de ese tiempo, se podrán apreciar los comienzos del proceso.
- Los brotes se conservan durante una semana en la heladera, siempre bien escurridos y secos.
- Se agregan a último momento a ensaladas o salteados rápidos para que conserven su estructura crujiente.
Digestivos, nutritivos y de bajas calorías: son alimentos que estimulan la digestión y por eso se recomiendan para personas que no toleran fácilmente el consumo de legumbres cocidas. Los nutrientes de las semillas se transforman en hidratos de carbono, proteínas, vitaminas y minerales. Además, son hipocalóricos. Los brotes de soja, por ejemplo, contienen solamente 30 calorías cada 100 gramos.






