Golf pre-trabajo, una forma diferente de arrancar el día
Aunque implica levantarse más temprano, muchos lo eligen para despejar la cabeza antes de la rutina
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Siete, siete y cuarto ya podía estar pegando. Poca gente, carritos a disposición, el olor a pasto recién cortado, el contacto con la naturaleza y esa sensación de estar en medio del campo aunque fuese por dos horas y media, tiempo que le llevaba a Andrés Gómez, de 42 años, hacer los nueve hoyos. En palabras de él, "un bálsamo antes de entrar en el caos de la Panamericana".
Al vivir en un country de Pilar, así como disfrutaba de tener el campo de golf a unos pasos de su casa, debía enfrentar la incomodidad diaria de viajar hasta la Capital para su trabajo en marketing.
"Al vivir allá uno aprende qué horarios son críticos, y cuando se pueden manejar los horarios tratás de salir después de las diez. Y esa hora que le ganaste a la Panamericana la aprovechaste para jugar al golf y despejar la cabeza. Y al no arrancar estresado, el día te rinde más." Ahora lo extraña: se mudó a la Capital hace un año. Va al gimnasio temprano, pero no le resulta lo mismo.
Pero para romper la rutina de una típica jornada laboral e irse a jugar al golf bien temprano por la mañana no hace falta vivir en un country, ni siquiera ser socio de un club. Un campo cómodo, ideal para golfistas que aprovechan las primeras horas para tirar unas pelotas de pasada al trabajo es el Campo de Golf de la ciudad -barato, pero no gratuito- con una ubicación estratégica en los bosques de Palermo.
"La principal característica de este campo es que está en medio de la ciudad -cuenta a la nacion su administrador-. Hay una población estable que viene apenas abre, juega una hora y media, dos como mucho, sin nadie adelante, y a las 9.30 ya se están yendo. Después aprovechan a bañarse acá, ya que hay buenas instalaciones."
Para los horarios, igualmente, siempre se corre con la luz. En invierno todo suele arrancar más tarde. De hecho, tres años atrás, cuando aún no se podían reservar los turnos on line como sucede ahora, en invierno podía verse una fila de entusiastas en la puerta del club esperando a que abriera. Donde también se ve mucha gente desde temprano es en los driving de la Costanera.
¿Cuál es el perfil de estos golfistas tempraneros? Según cuentan en el club, siempre arriba de los 35 años, el target oscila entre profesionales independientes, comerciantes o personas con altos puestos en empresas que pueden manejar el horario sin que nadie se los cuestione. Aunque también hay habitués que por sus propias jornadas laborales aprovechan otros momentos del día para hacer un alto y calzarse los guantes de golf: un panadero que siempre va de tarde, un óptico que se escapa en las dos horas que tiene libres al mediodía. La mayoría, sin embargo, va por las mañanas.
Aníbal Culasso, de 45 años, que está liquidando el hoyo 18 apenas pasadas las nueve, es uno de ellos. Miércoles, jueves y viernes, en su viaje desde Olivos rumbo a la oficina de Puerto Madero, donde trabaja en comercio exterior, hace escala en Palermo para despuntar esta nueva atracción que le despertó el golf desde hace un año y medio.
"Por suerte, ya manejo mis horarios y arranco a las siete, siete y cuarto y hago los nueve hoyos. Me pego una ducha acá mismo y me voy para el trabajo. Se volvió algo así como un vicio. Y el ambiente, la naturaleza, acompaña. Es un deporte que el itinerario te lo armás vos, a tu manera. El rival sos vos. Es aprender a controlar la cabeza, relajarse. Siempre que no salgan las cosas mal, claro", dice Aníbal, y se ríe.
¿Por qué el golf? Siempre fue deportista, desde aquellos años en que vivía en un pueblo del interior y se manejaba en bicicleta por todas partes. Luego vino el fútbol y el tenis, pero también llegaron los problemas de espalda y tuvo que dejarlos. Para no perder la costumbre de arrancar con deporte a la mañana, se iba a correr alrededor de la quinta presidencial mientras escuchaba la radio. Lo corrige y dice que mientras "se contaminaba" con la radio. Es que en el golf encontró eso, un deporte con el cual concentrarse y disfrutar al mismo tiempo desconectándose de todo lo demás.
Eso sí: el día que le va mal a la mañana, se da revancha en el driving de Costa Salguero después del trabajo para corregir lo que hizo mal. Él lo advirtió, el golf puede ser un vicio.
Detrás de él, tirando de a dos o tres pelotas -según vea la necesidad de corregir un golpe o no-, viene Néstor Segovia. A sus 73 años, él también acomoda sus horarios laborales a su gusto. De hecho, siempre lo hizo: es pochoclero y para salir con el carro por Palermo utiliza las tardes. Las mañanas son para jugar al golf. Un bicho que le picó aquel año, cuando tenía 15, y fue caddie en el club de golf de Playa Grande, en Mar del Plata. Desde aquel momento fue un pasatiempo que nunca pudo largar. "Vengo lo que más puedo: ayer vine, hoy vine, y mañana si puedo vuelvo de vuelta. Además, si estás solo, los hacés en una hora y media los nueve hoyos", dice.
Ariel Suárez, de 24 años, y Juan Base, de 27, también aprovechan la mañana. Son caddies del club y aseguran que el auténtico golfista es madrugador, y la mañana, su momento del día. "Mirá lo que es esto: estás con un green adelante, levantás los ojos y tenés veinte torres enfrente", comenta Ariel. Es verdad: por más que la cancha esté ahí enclavada, el ruido de la ciudad no se escucha. Sólo de fondo, como si estuviera a varios kilómetros de distancia. Son los edificios que se asoman por arriba de la copa de los árboles el único indicio de que seguimos inmersos en la megalópolis.
Por eso cuando suena un celular en la cancha generalmente molesta. Y especialmente por la mañana. ¿Hay alguna regla al respecto? No. Aunque, según cuentan los caddies , lo primero que hacen quienes salen con ellos es ponerlo en silencio. Aunque para una verdadera desconexión lo ideal sería apagarlo.
Andrés Wegier, de 61 años, dice que tanto como apagarlo no puede. Aunque a la hora del golf, lo pone en silencio. Si vibra, se fija quién es, pero no contesta. Desde hace cinco meses, sólo una vez por semana lo practica -además, de los sábados-, y por eso puede darse el lujo de desconectarse del trabajo e incluso de llegar a las once de la mañana a la empresa de cortinas que tiene en Villa Crespo.
A él lo introdujo su esposa en el golf: como muchos otros tuvo que dejar la raqueta porque ya le exigía demasiado. Ella, con 25 de handicap, hace más de cuatro años que practica el deporte y ahora toman clases juntos todos los miércoles. Siempre que el clima acompañe, alrededor de las 8, ya están en el club para practicar unos golpes con José, su profesor. Un momento a la semana para relajarse un poco y para olvidarse de las preocupaciones, al menos, durante nueve hoyos.
Tres canchas accesibles
- Campo de Golf de la ciudad
Green fee $ 30 de martes a viernes; $ 50 fin de semana, en Tornquist y Olleros. 18 hoyos, pueden jugar golfistas con handicap o sin él. - Golf Club José Jurado
18 hoyos, a la mañana, $ 130. En Av. Coronel Roca 5025. Pueden jugar socios y no socios, con handicap o sin él. - Villa Adelina Golf
Campo de la Asociación Argentina de Golf. Son 9 hoyos en Fondo de la Legua 1189. Es abierta a todos los golfistas.
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