
Hecho en Argentina
La recesión no terminó, pero de a poco algunos rubros de la industria nacional empiezan a crecer y el sello de fabricación nacional en los productos, a convertirse en un recurso de venta y un motivo de orgullo
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Las latas de pintura Colorín ahora tienen un lunar celeste y blanco que dice “Comprá argentino, pintá un país mejor”. Koh-i-noor pega en sus heladeras stickers celestes y blancos donde se lee “Fabricación nacional” y Fate escribe en sus etiquetas “Calidad internacional, neumáticos argentinos”. El sello Hecho en Argentina, que hasta hace poco había que buscar en los vericuetos de los envases o se disimulaba con un ambiguo Made in Argentina, ahora se escribe con letras grandes, en lugares visibles y, en lo posible, sobre un fondo celeste y blanco.
En noviembre último, después de 27 meses de recesión, la industria nacional comenzó a crecer. Es un avance tímido, pero ya se advierte en las góndolas.
–Ser un producto argentino ya no es una vergüenza –dice Pedro Marcet, vicepresidente del Consejo Publicitario Argentino y titular de Marcet y Asociados SA–. La gente es muy leal a las marcas, pero en época de crisis esa lealtad desaparece y se buscan opciones más baratas. Las empresas nacionales capitalizan esto y tratan de abrirse paso en un mercado donde hasta hace poco se prefería lo importado, y lo nacional era la segunda opción.
La industria nacional está entusiasmada. Según los especialistas, hay dos razones para ese optimismo: la tendencia a comprar productos nacionales, o lo que los economistas llaman sustitución de importaciones, y el escenario favorable para exportar que apareció con el dolar alto. Durante dos años, todas las curvas estadísticas que miden el pulso industrial se deslizaron por un tobogán. La rampa parecía no terminar nunca y tampoco las penurias del país. Pero cuando las estadísticas negativas empezaron a perder envión y algunos números treparon la pendiente, cambiaron las expectativas. Así terminó el año último la industria, tratando de resucitar de sus cenizas todavía tibias. El vidrio, la industria textil, los neumáticos, el acero, las máquinas y el papel encabezan el crecimiento.
Las botellas plásticas de Coca- Cola y Pepsi, que tienen valor dolarizado, se empezaron a reemplazar por los añorados envases de vidrio y lo mismo ocurre con los medicamentos, los frascos de mayonesa y otros alimentos que habían adoptado el plástico.
Con la convertibilidad, la ecuación era tan insólita que los fabricantes de envases de vidrio traían de Europa el vidrio roto que usaban para reciclar, porque era más barato que pagarles a los botelleros que lo recolectaban aquí.
La devaluación cambió las reglas y algunos rubros empiezan crecer. Según los analistas, esto no significa que haya terminado la recesión. Pero lo que sí está terminando es el pesimismo.
Según una encuesta realizada por el Indec, el 50,8 por ciento de los industriales prevé que este año será mejor que el último; el 44,6% cree que los beneficios de su actividad aumentarán este año, y un porcentaje del 41,8 espera que la demanda interna aumente este año en relación con 2002.
–Los primeros efectos de la devaluación fueron el desconcierto, la caída, la crisis, la falta de financiamiento. La gente que podía invertir se retrajo en sus gastos por inseguridad, pero después repuntó. En la Ciudad, por ejemplo, en el segundo semestre del año aumentó la ocupación de los negocios, que había bajado durante los primeros meses –dice el economista Eduardo Hecker, secretario de Desarrollo Económico del gobierno porteño.
A pedido de los productores nacionales de eucalipto, esa secretaría vinculó a fabricantes, diseñadores y el supermercado Easy para producir muebles que reemplazarán a los de teca que se traían del exterior. En esa cadena hay dos novedades: el eucalipto y los diseñadores. Antes el eucalipto se usaba en obras, como una madera de segunda; ahora la idea es agregarle trabajo y revalo-rizarla. Y los diseñadores so-lían trabajar lejos de las fábricas.
–El país no va a ser competitivo sobre la base de mano de obra barata, sino de productos de buena calidad, por eso incluimos a los diseñadores en las cadenas de producción. Porque creemos que la sustitución de importaciones para ser duradera debe hacerse con gran calidad y diseño. Porque si no, cuando el mercado se abre, se sustituyen rápidamente.
Las importaciones retroceden mientras los productos nacionales se abren un espacio que durante años el mercado les negó.
Aunque no cuentan con créditos, las empresas se las ingenian para poner en marcha la tecnología que adquirieron en tiempos del uno a uno. Y, en muchos casos, vuelven a emplear operarios que habían suspendido. Alpargatas, por ejemplo, recibió un pedido para fabricar zapatillas Fila y puso a trabajar a 3600 empleados que estaban en sus casas desde diciembre. Gatic, la competencia, también renovó contratos para fabricar en el país varias marcas de zapatillas que antes se importaban.
Multinacionales como IBM o Motorola están comprando software argentino y abastecen desde acá a sus filiales del mundo.
Empresas como Pirelli (con fábrica en Merlo) y Fate (en San Fernando) están ampliando sus plantas, mientras las industrias textiles buscan confeccionistas para producir ropa que se venderá acá y en el exterior. Algunas compañías de electrodomésticos trabajan en prototipos para volver a fabricar aspiradoras, heladeras y freezers que durante años dejaron de hacer porque eran más baratos los importados. Philips, por ejemplo, aumentará en más de 100.000 aparatos la producción de televisores que viajan desde Tierra del Fuego.
–El software, que es producto intelectual que se envasa y se vende, se está produciendo acá. Y de esta manera se está abriendo una posibilidad para los expertos que antes se tenían que ir del país –dice el ingeniero Juan Steiner, vicepresidente de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas.
–Resucitar una empresa lleva tiempo –reflexiona Steiner–, pero tenemos gente capaz.
Según Dante Sica, secretario de Industria de la Nación, la reactivación ahora se está haciendo a pulmón, sin créditos. Pero cuando se reactive la financiación, el crecimiento será más fuerte.
–La Argentina tiene muy buena tecnología y produce calidad. No vamos a abastecer a China, pero podemos entrar con productos de calidad a las principales casas del mundo –opinó.
Según estudios realizados por su cartera, el 42 por ciento de los industriales espera incrementar las exportaciones este año y el 55 por ciento comenzó a reemplazar los insumos importados por productos nacionales.
La máquina de hacer acero
–Difícilmente en algún momento del día entres en un ambiente donde no haya algo salido de acá –dice Marcelo Chara, gerente de uno de los sectores de Siderar.
La fábrica de acero, instalada en 572 hectáreas de San Nicolás, parece un pueblo. Tiene calles, un puerto para barcos de ultramar, vías férreas propias y construcciones altísimas que exhalan humo blanco.
Siderar es la mayor empresa siderúrgica del país y produce chapas de acero laminadas que se usan para fabricar máquinas, artículos del hogar, autopartes, llantas, alcantarillas. Además provee a unas 130 empresas que emplean a 13.000 personas. Y como industria proveedora de industrias, sintió la depresión de sus clientes.
–Se advierte un avance. Hay mayor movimiento de exportaciones y reemplazo de lo importado. Ahora el gran desafío es que el cliente retome la actividad para volver a vender en el mercado interno –dice Fredy Cameo, gerente general de Siderar.
Cuando la economía se sacudió, la fábrica comenzó a exportar y revirtió su proporción histórica de venta del 70% para el país y 30% para afuera. Para tratar de recuperar esa distribución abrió oficinas en el exterior que asisten a sus clientes para que puedan concretar negocios afuera.
–El desafío para ellos es exportar, pero no es tan sencillo porque primero hay que hacerse conocer. Por eso acompañamos a nuestros clientes para que sean capaces de hacerlo.
Operación Eucalipto
–Estamos a la expectativa porque nos acostumbramos tanto a la miseria que, cuando nos va bien, pensamos que va a ser efímero –dice Anatole Salazni en su oficina de Amube, en Isidro Casanova, desde donde tiene una vista aérea de pilas de cajas con muebles para armar.
En marzo último, Salazni estaba preocupado: tenía el depósito lleno de cunas (especialidad de su fábrica), pero los clientes no llamaban. Ahora recuperó el optimismo. La fábrica volvió a arrancar a fines de ese mes, cuando recibió un pedido para hacer muebles de baño. Actualmente planea hacer sillas de jardín con madera, mano de obra e ideas ciento por ciento argentinas, que se venderán en Easy, en las góndolas donde antes se ofrecían juegos de jardín Tramontina, hechos en Brasil. La idea de las sillas surgió por necesidad. Había un gran stock de madera de eucalipto que no se podía vender y los productores se contactaron con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y con el supermercado Easy para organizar un concurso de diseñadores e industriales. De esa convocatoria surgieron seis sociedades.
Amube se asoció con Emilio Bargo, Andrés Focke y Juan Fisch, diseñadores industriales y miembros del estudio Nodo.
–La idea es reemplazar algo que estaba, como las clásicas sillas de jardín de teca o Tramontina, y ofrecerlas al público que las compraba, que es el de Easy –dicen los diseñadores.
Millones de botellas por día
Los depósitos de Cattorini Hermanos, la mayor empresa productora de envases de vidrio del país, se parecen al Sahara. Montañas de arena blanca, montañas de arena más oscura. Hay médanos de distintos colores esperando la pala mecánica que los levantará para comenzar el proceso de fundición que los convierte en envases de gaseosas.
La fábrica, en Quilmes Oeste, estaba trabajando con tres de sus cinco hornos. Pero el año último se puso en funcionamiento uno más y ahora se está terminando de reparar el quinto para que la fábrica funcione a pleno.
Los envases de Coca-Cola y Pepsi de un litro y un litro y medio se volvieron a fabricar en su clásica versión de vidrio, aunque los supermercados todavía son reticentes al cambio. Las botellas chiquitas de gaseosas que se venden a 75 centavos en los quioscos desfilan de a cientos por las cintas transportadoras de máquinas que las moldean, revisan y empaquetan. Dos millones de botellas surgen cada día. Y eso ocurre todos los días del año. Las máquinas no pueden parar jamás, porque el vidrio líquido se solidificaría y nunca se podría quitar de los hornos.
En la fábrica trabajan 700 personas, 100 más que el año último y 100 menos que dentro de unos meses, cuando comience a funcionar el horno número cinco.
–Los envases plásticos ya no son rentables y el tetra brick tampoco. Por eso se vuelve al vidrio. A mí me hubiera gustado que fuera por una cuestión ecológica, como ocurrió en Europa, pero se da en esta circunstancia –dice Oscar Biassus, uno de los gerentes de la fábrica.
¿El 2003 comenzó mejor que 2002?
Por Abel Viglione
En enero del año último, la tormenta era de tal intensidad que nadie hubiese intuido un año sin diluvio. Las nubes se abrieron y no diluvió. Se logró una estabilidad precaria, un equilibrio inestable sobre la base de represión en los distintos mercados.
¿Se ha despejado la tormenta? No, aún está encima de nosotros. Estamos más tranquilos y no sé la causa. El episodio del default sigue presente, la ruptura de instituciones no es de fácil reconstrucción, la intermediación entre el ahorro y la inversión no existe, los marcos regulatorios desaparecieron, se mantienen las restricciones cambiarias, no es estable la forma de asistencia a una sociedad más empobrecida (indigentes) después de la devaluación, no existe forma de determinar contratos y muchas cosas más.
¿Cómo podemos ayudar a las familias de la Argentina? Creciendo, generando mayor riqueza, empleo y movilidad social. En cuatro años destruimos el 25% de la riqueza (PBI) y el empleo formal. Después de esa caída es fácil subir un peldaño. Hoy no estamos creciendo, tan sólo tenemos una reactivación por el mayor uso de la capacidad instalada.
Crecimiento significa invertir, contratar mano de obra, incorporar tecnología y cambios en la organización. Esto no ocurre pues existe incertidumbre, por eso sería imposible crecer. Nos estamos comiendo el capital, no generaremos empleos y posibilidades para los más jóvenes. La incertidumbre provocó un costo alto.
El autor es economista de FIEL
Telas con tecnología
El paisaje agreste de los suburbios de Pilar contrasta con la tecnología de las fábricas que se agrupan en el mayor consorcio industrial del país: el Parque Industrial Pilar. Durante el caótico efecto tequila, allí se instaló Softbond, la primera fábrica nacional de telas no tejidas, que se usan para recubrir pañales y toallas íntimas o hacer cofias y barbijos quirúrgicos. Muchos de esos productos dejaron de importarse y la fábrica tiene cada vez más clientes. Este año la planta inaugurará un galpón para duplicar su producción.
–Pasamos por todas las crisis, pero el año último fue uno de los más difíciles –dice el director Juan Ciminari–, nuestro principal competidor estaba en una oficinita, con una secretaria y un teléfono, sin nada que arriesgar y peleaba contra nosotros que tenemos todo en juego.
La fábrica no podía competir con telas chinas y turcas, y sobrevivió a la indiferencia del mercado local exportando a Venezuela, México, Honduras, Perú y Ecuador, entre otros. Hasta que la devaluación cambió la ecuación.
–Ahora se vende más en el país, se mantiene el nivel de exportaciones del 30 por ciento, pero hay cada vez más compañías internacionales interesadas en comprar productos argentinos –dice Ciminari.
Las telas se producen a partir de polipropileno, un derivado del petróleo que se parece a las bolitas de telgopor, pero en versión plástica. La fábrica genera unas 600 toneladas por mes.
De San Fernando a Europa
Desde su planta en San Fernando, en marzo próximo Fate comenzará a fabricar neumáticos radiales para camiones, un producto que no se hace en el país. Ahora la fábrica produce unos 300.000 neumáticos por mes para atender la demanda de los automovilistas y las automotrices.
–Con la convertibilidad, la industria entró en una etapa de competencia salvaje con los productos importados –dice Oscar Rapisarda, gerente general.
En el camino quedó la transnacional Goodyear, que cerró la fábrica local, y otras empresas comenzaron a producir en el exterior lo que vendían acá.
–Nosotros somos una empresa argentina, no teníamos la posibilidad de irnos a otro lugar –dice Rapisarda– y como se nos cayó el mercado salimos a exportar. Enfrentamos la situación con creatividad y llegamos a tomar el 3 por ciento del mercado de Inglaterra.
Hoy, la empresa sigue exportando dos tercios de su producción total y fabrica en San Fernando neumáticos marca Continental que se venden en Europa.
Atrás quedó la etapa de suspensiones de personal y se incorporaron 100 personas para la nueva producción de neumáticos para camiones, que requerirá 260 operarios en total.





