
Herederos de Einstein
Trabajan en equipo, desafiando las distancias continentales, y quieren que la gente conozca sus ideas. Alternan sus investigaciones con una vida familiar intensa, y dicen que no hace falta ser un talento para hallar nuevas formas de explicar el universo en que vivimos. En esta nota, quiénes son y qué piensan algunos de los seguidores del genio que revolucionó la ciencia
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NUEVA YORK.– Cae la noche en la Costa Este norteamericana. Adam Reiss, de 34 años, acuesta a su beba, se pone su pijama preferido, sus pantuflas con conejitos, y se dispone a mirar el cielo en soledad. Una de las ventajas de ser el hombre que a los 27 años reescribió los textos de astronomía y luego descubrió que el universo está acelerando su expansión lleno de una misteriosa energía oscura (el Eureka más importante de la astrofísica desde 1965) es que Reiss usa el Hubble como máquina de fotos personal desde el confort de su casa.
¿Qué se siente? “Calentito, por las pantuflas –confiesa divertido a La Nacion este profesor del Space Telescope Science Institute, de Baltimore–. En serio: es maravilloso.”
Al otro lado del Atlántico, y a caballo de la frontera francosuiza, más de 2800 empleados –del investigador al cocinero– reciben la madrugada trabajando en el CERN, el Laboratorio Europeo de Física de Partículas. En esta ciudad en miniatura, con hotel de 550 habitaciones, una orquesta, un coro, equipos de esquí, de basquet y de rugby (este último, campeón de Suiza), se está preparando el LHC, un acelerador de partículas gigante que idealmente permitirá, cerca de 2008, ver aquellas que no están hechas de protones y neutrones (Nobel cantado, dicen los especialistas).
Y yendo bastante más al Sur, el argentino Félix Mirabel, investigador superior del Conicet con premios nacionales de ciencias en Francia y en la Sociedad Astronómica norteamericana, ha aportado las primeras evidencias que confirman una teoría reciente, según la cual algunas estrellas, las más masivas, se apagan en silencio, abriendo un agujero negro –un hueco en el espacio que da a regiones donde las leyes de la física resultan absurdas–. Y saca gran parte de los datos que necesita en forma gratuita, de Internet. “Es el gran avance para que se pueda desarrollar la ciencia en el Tercer Mundo, porque permite el mismo acceso a la información que en Estados Unidos o Europa”, afirma.
Es que, mientras el planeta se prepara para celebrar en 2005 el Año Internacional de Einstein y el Año Internacional de la Física (a raíz del centenario del annus mirabilis, en el que el padre de la relatividad publicó tres artículos que revolucionaron la física moderna, y los cincuenta años de su fallecimiento), los “nuevos Einstein” siguen trabajando para explicar el universo en el que vivimos.
Claro que de maneras distintas entre sí y, sobre todo, diferentes de aquellas que el hombre de ciencia por excelencia del siglo XX supo conocer.
El caso más extremo probablemente sea el del Laboratorio Europeo de Física de Partículas. Ochenta nacionalidades coinciden en este campus dedicado a la física fundamental, un paraíso científico que existe porque los políticos y los responsables de esta iniciativa supieron dejar a un lado sus rivalidades para escuchar a los investigadores. Aceptaron concentrar en la localidad de Meyrin, en Suiza, las potentes y costosísimas máquinas que cada Estado inversor europeo evidentemente habría preferido construir en su propio territorio como símbolo de prestigio.
¿En qué estamos?
“El campo de la cosmología se ha convertido en una ciencia de precisión. En vez de preguntarnos o filosofar sobre el universo, ahora podemos medir sus componentes”, puntualiza Reiss. Claro que, como el equipamiento que se necesita para la física experimental es cada vez más complicado, “se requiere una cooperación cada vez mayor entre las ciencias y entre los científicos de distintas áreas”, explica Charles Seife, periodista de la revista Science. Esto es así a tal punto que “a veces es difícil saber verdaderamente de quién es una contribución, ya que la forma moderna de hacer ciencia es colectiva y la comunidad científica intercambia ideas todo el tiempo”, asegura Fotini Markopoulou-Kalamara, investigadora del Perimeter Institute, de Canadá, y una de las pocas mujeres de su especialidad (ver recuadro).
Esto no es necesariamente bueno: “Hay un riesgo: el pensamiento original, como el de los primeros artículos de Einstein, a veces se da cuando uno está fuera de contexto”, sintetiza Michael Green, uno de los padres de la teoría de cuerdas, de la Universidad de Cambridge.
Nuestro país no está fuera de juego. “En la Argentina tuve la posibilidad de estudiar física y conocer los últimos avances”, dice Juan Maldacena, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Este científico descubrió una relación entre la teoría cuántica de la gravedad y la teoría de partículas. “Estoy muy agradecido a mis profesores y a los contribuyentes que han pagado mis estudios allí”, agrega.
Sin embargo, después de desarrollar una carrera internacional, asegura: “Europa y Estados Unidos brindan posibilidades. En la Argentina, parecería que los que pueden hacer lo que quieren son los que no trabajan; ellos pueden molestar libremente (y con todo el respaldo del Gobierno) a los que trabajan”.
Para Mirabel hay algo más: la valoración social de la producción científica, “que en la Argentina falta; uno toma cualquier suplemento cultural de los diarios y hay artículos de arte y de literatura, pero pocos sobre grandes descubrimientos. Es un gran error no considerar que la ciencia es parte de la cultura”, dice.
El brasileño Marcelo Gleiser va un paso más allá: además de sus cursos hiperespecializados en la Universidad de Dartmouth, enseña Física para Poetas, una materia de grado abierta a los estudiantes de cualquier disciplina. Tiene una aparición constante en los medios de comunicación: dice que es importante que el conocimiento científico llegue a la gente común. “Primero, porque la ciencia básica depende de la inversión pública, y la gente tiene derecho de saber en qué se usan sus impuestos. Segundo: porque la ciencia es parte del legado cultural y debe ser compartida y comprendida por todos. Tercero, por una razón moral: vivimos en una era en la que la ciencia afecta nuestra vida como nunca. Los científicos deben compartir su conocimiento para que la gente pueda participar democráticamente del proceso de elegir el destino de la humanidad.”
Todo esto, claro, haciendo además que las ciencias resulten atractivas para las nuevas generaciones. “A veces siento que se celebra demasiado la figura de Einstein”, señala Andreas Albrecht, responsable del programa de Cosmología de la Universidad de California en Davis.
“Esto no es un comentario negativo respecto de su contribución –aclara–, sino sobre la manera en que afecta la percepción de la gente acerca de las ciencias. El progreso científico viene de la mano de gente común que trabaja apasionadamente duro. Me preocupa que los jóvenes no se animen a una carrera científica porque no creen que puedan ser un “nuevo Einstein”. Deberían intentarlo. Aprenderán que las ciencias son básicamente mucho trabajo duro, pero a menudo placentero. No es magia. Y no hace falta ser un genio.”
FELIX MIRABEL
Investigador y tanguero
Es argentino, tiene tres hijas, baila tango con su mujer y dirige programas científicos en la Agencia Espacial Europea. Recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de Barcelona por sus descubrimientos de fenómenos de muy alta energía en las inmediaciones de los agujeros negros, cuerpos celestes con un campo gravitatorio extraordinariamente grande. Según el Conicet, “protagonizó el descubrimiento de las galaxias infrarrojas ultraluminosas, las galaxias enanas de marea y los microquasar. Determinó por primera vez la velocidad espacial de un agujero negro a 6000 años luz del sistema solar”.
ADAM RIESS
El nuevo Hubble
La revista Time lo llamó el “Edwin Hubble de nuestros días”. Nació en Washington DC y tiene 34 años. Es profesor del Space Telescope Science Institute, de Baltimore; está casado y tiene una beba. Le gusta jugar al fútbol y su mayor sueño es ponerse en contacto con la inteligencia extraterrestre para que nos responda todas nuestras preguntas sobre el universo. ¿Su famoso Eureka? “Supongo que fue descubrir que el universo se está acelerando en su expansión, lo cual implica que está lleno de una energía oscura misteriosa.”
FOTINI MARKOPOULOU KALAMARA
Atando cabos
No cree que la física sea un trabajo particularmente duro para las mujeres: “Somos pocas, y cada una busca su manera de estar cómoda y feliz en su disciplina, si bien esto toma trabajo”, confiesa.
Nació en 1971, en Atenas, y es soltera. Hoy es investigadora del Perimeter Institute, de Canadá. Su tema: unir la teoría de la relatividad de Einstein con la teoría cuántica para explicar la naturaleza del espacio y el tiempo. Concibe el universo como una computadora cuántica gigante.
ANDREAS ALBRECHT
Comprender el universo
Nació en 1957, está casado y tiene tres hijos, todos de la hinchada de los Sacramento Kings. Está a cargo del Programa de Astrofísica en la Universidad de California en Davis. “Soy uno de los que desarrollaron originariamente la teoría de la inflación cósmica. También desarrollé la llamada teoría del defecto”, explica. Ambas intentan explicar cómo, tras el Big Bang, se formaron las estructuras más grandes del universo, como las galaxias. “Más recientemente, estuve involucrado en los esfuerzos para comprender la aceleración cósmica.”
MICHEL DELLA NEGRA
Trabajar en equipo
Tiene 61 años y es el vocero del grupo de científicos que desde 1982 viene trabajando en el desarrollo del detector CMS, uno de los proyectos del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN). Dirige a 2000 científicos procedentes de 38 países, “todos motivados por el mismo objetivo”. Para 2008 está previsto que el acelerador de partículas permita ver algunas, como la Higgsboson (que sería la partícula que “da a todas las demás su masa”, explica Della Negra) y también la partícula supersimétrica más liviana (podría ser responsable de la materia oscura, la que no está hecha de protones y neutrones ordinarios).
JUAN MALDACENA
Joven y brillante
El “niño de oro” de la física es argentino, tiene 35 años, está casado y tiene dos hijos. Es investigador del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (que, como no podía ser de otra manera, está ubicado en la calle Einstein). Cuando sus colegas se enteraron de que Maldacena había logrado encontrar una relación entre la teoría cuántica de la gravedad y la teoría de partículas, primero reaccionaron con incredulidad ante la magnitud del descubrimiento. Después, locos de alegría, se pusieron a cantar y bailar “La Macarena”, rebautizada “La Maldacena”.
MARCELO GLEISER
Divulgar la ciencia
Nació en Rio de Janeiro, en 1959. Está casado, tiene tres hijos de un matrimonio anterior y le encanta tocar la guitarra y andar en canoa por el río Connecticut. Es investigador y profesor de Física del Dartmouth College, en Estados Unidos, y también un gran divulgador científico.“He presentado nuevos mecanismos para las transiciones de fase cósmica, los cuales pueden, en principio, explicar algunas de nuestras preguntas más básicas, como de dónde viene la materia de la que estamos hechos”, cuenta.
MICHAEL GREEN
Teatro y cuerdas
Formuló, junto con John Schwartz, la teoría de cuerdas, que “combina la relatividad general con otras fuerzas de una manera que es consistente con la teoría cuántica”. Propone como último grado de la materia unas cuerditas de energía que vibran en un espacio de 10 dimensiones. Green es soltero y tiene una hijita de cuatro años, “excepcionalmente deliciosa”. Y confiesa: “Me solía gustar la música, el teatro, las exposiciones de arte. Ahora disfruto de la música infantil”. Nació en Londres en 1946 y es profesor de Física Teórica en Cambridge. En 2002 recibió el premio mayor de la Sociedad Norteamericana de Físicos.
Para saber más
http://public.web.cern.ch/public/
www.conicet.gov.ar
www.sciencemag.org
¿Para qué?
Agujeros negros, teoría de cuerdas, expansión del universo... ¿Qué efecto tienen estas investigaciones en la vida de todos los días? “En principio, no tienen aplicación directa –explica el doctor Diego Mazzitelli, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigador del Conicet–. Aunque esto no quita que la pueda haber en el futuro. Existe una constante en la ciencia básica: investigaciones que se inician de manera puramente académica, con el único interés de obtener mayor conocimiento, con el tiempo encuentran una aplicación práctica.”
Un buen ejemplo es la mecánica cuántica. Los estudios sobre este tema surgieron a principios del siglo XX, a partir de la necesidad de entender cómo estaban constituidos los átomos. En 1905, Einstein publicó un trabajo relacionado con este tema. En 1925 se formularon de manera completa sus principios. Décadas después, estos fundamentos se convirtieron en el principio de funcionamiento de transistores y circuitos integrados. En otras palabras: la electrónica se basa en principios elaborados hace un siglo.
“Otro caso: el de la ley de inducción electromagnética de Faraday –continúa Mazzitelli–. Desarrollada durante la primera mitad del siglo XIX, es el principio que rige los motores y los generadores eléctricos.”
De todos modos, ningún científico se arriesga a sugerir cuánto tiempo tendremos que esperar para ver los efectos de las investigaciones actuales en física de alta energía. Mucho menos, a aventurar cuáles podrían ser sus aplicaciones. Eso, mejor dejárselo a los escritores de ciencia ficción. Que más de una vez dieron asombrosamente en la tecla.
Diana Fernández Irusta
El hombre
Hasta el 29 de este mes, se puede ver en el Centro Cultural Borges la muestra “Albert Einstein: el hombre del siglo”, organizada juntamente con los Amigos de la Universidad Hebrea de Jerusalén. La exposición busca reflejar la apasionada y multifacética personalidad de un genio que revolucionó la ciencia moderna. Informes: 5555-5359






