
Cansado de que no le hicieran el corte que le gustaba, este rockero del under local aprendió a lookearse cuando todavía iba al colegio primario.
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Por Lucas Garófalo / Fotos de Ignacio Sánchez

Cualquiera que se haya cruzado con alguno de los cinco discos de Fantasmagoria, la banda en la que Gori combina folk, rock, glam y psicodelia, puede darse cuenta de que este paladín del under argentino escuchó los discos de Kiss. Lo curioso del caso es que lo hizo cuando tenía apenas ocho años, e inmediatamente su vida cambió para siempre: la imagen del grupo lo atravesó. Desde muy chico, entonces, Gori supo exactamente cómo se quería vestir y cómo se quería peinar. Claro que a esa edad los adultos no se la hicieron tan fácil.
¿Cuánto hace que tenés este peinado?
A los ocho años ya escuchaba a Kiss, así que más o menos desde esa época. Mi vieja me mandaba a la peluquería del barrio, y en el camino yo pensaba cómo hacer para explicarle al tipo que quería el corte de la tapa del disco. "Cortame acá; atrás dejámelo más larguito", qué se yo. Obviamente, después el chabón hacía cualquiera. No había peluquerías fashion en ese momento, entonces en general salía con una raya al costado medio problemática.
No es el más obediente de los gremios: el de los peluqueros?
No, y encima cuando recién te cortan te queda cara como de boludo, ¿viste? No sé por qué pasa eso. Pero bueno, a mí no me gustaba, así que a partir de los 10 años ya me empecé a cortar el pelo solo.
¿Te acordás de la primera vez que te cortaste?
No exactamente, pero sí me acuerdo de haber encontrado fotos de cuando era chico y decir: "Ah, esto me lo tengo que haber hecho yo: es imposible que haya salido así de la peluquería del barrio". Era la época de Miami Vice. O de Durán Durán. Yo re quería imitar esos peinados.
¿Tus padres estaban de acuerdo con que te cortaras vos?
Estaban acostumbrados. Por ejemplo, a esa misma edad, yo la volvía loca a mi vieja para que me achicara los pantalones. Le decía: "Mirá la foto, mamá. ¿Ves cómo los tienen ajustados?". Ella decía que me iban a quedar mal, así que solo me los achicaba un poco. Y yo volvía: "No, no. ¡Más! ¿No ves que me siguen quedando anchos acá en la rodilla?". Era insoportable, y con el pelo pasaba más o menos lo mismo.

¿Qué aprendiste después de 30 años de ser tu propio peluquero?
Primero, que no me lo tengo que cortar de una sola vez. No es que llego a casa y digo: "Bueno, hoy me corto el pelo". No. Es al revés. Me levanto un día y digo: "Uh, acá me sobra esto". Tac, me corto un poco.
¿Cómo hacés para cortarte atrás? Con máquina es fácil, pero con tijera es un desafío.
Claro, y encima cuando te estás mirando en dos espejos enfrentados, vos querés ir para la izquierda, pero vas para la derecha. ¡No le pegás nunca! Para colmo con dos manos. Es muy confuso. No sé, ahí hay un laburo que nunca comprendo muy bien cómo es, entonces meto el tijeretazo y que sea lo que tenga que ser. Igualmente, como el peinado ya es medio confuso de por sí, la piloteo bastante.
¿En qué parte de la casa te cortás?
Solía cortarme en el baño, pero últimamente me di cuenta de que si lo hago en el living es mucho más fácil. Como tengo piso de madera, puedo llenar todo de pelos, total después paso la aspiradora y ya está. Corro lo que hay alrededor y me corto tranquilo. En cambio, en el baño se te van por atrás del inodoro, por arriba de la pileta. Pasa una semana y seguís encontrando pelos por todos lados.
¿Un último consejo para el peluquero autodidacta?
Dos. Nunca hay que cortarse los días de humedad ni después de una pelea. Yo no lo hago, pero he visto muchas mujeres que se separan y enseguida buscan un cambio. ¡Y al final quedan separadas y con el pelo horrible! ¡Es un problema doble! Aunque por otro lado, qué se yo.? Capaz que con el segundo problema lo que buscan es tapar el primero, ¿no?
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