Jugada estratégica, ella estaba en pareja y él se arriesgó: “Sentí que era el amor de mi vida”, ¿sería correspondido?
Cuando la vio fue un flechazo inmediato, apostó a su intuición y la buscó, pero ella estaba comprometida.
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Era la primera vez que dejaba Buenos Aires. Corría 1985 y sintió que había llegado el momento de darse la oportunidad de conocer otras latitudes. Un tío vivía en Búzios, un centro turístico brasileño ubicado en una península en el océano. Allí tenía una pequeña posada donde Juan comenzó a trabajar y dar sus primeros pasos en el extranjero. Por aquella época también conoció a quien luego se convirtió en su exmujer. Eran jóvenes, el amor surgió de forma inesperada y, con la adrenalina de lo desconocido, dieron el sí en el altar. Se mudaron a Río de Janeiro pero, luego de unos años, decidieron regresar a Buenos Aires. La relación ya no era la misma y, a pesar de que se querían mucho, con bastante dolor decidieron separarse.
Para mantener su mente ocupada, se propuso comenzar alguna actividad que lo ayudara a ejercitar su cerebro y no pensar (tanto) en el vínculo que no había prosperado. Comenzó entonces a cursar el profesorado de portugués en el Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas Juan Ramón Fernández. Fue en los pasillos de aquella casa de estudios que la vio por primera vez.

“Sentí que era el amor de mi vida”
“Puede sonar trillado, pero fue amor a primera vista. Sentí que era el amor de mi vida. Además de que era preciosa, se destacaba por su personalidad, su piel blanca, su manera de vestir, para mí era diferente a todas. Me acerqué a ella, supe que estaba en una relación formal. Empezamos a hablar y pronto surgió una linda química entre ambos. No fue fácil para ninguno de los dos. Pasé tres años entre idas y vueltas tratando de estar con ella. Cuando compartíamos tiempo juntos era muy feliz pero una sensación de tristeza me atrapaba cuando no estaba más con ella. Lo que tuvimos no prosperó en ese momento, pero algo en mi interior me decía que el tiempo nos daría otra oportunidad”.
Pero el tiempo pasó, inexorable para todos, y aquel romance quedó en el olvido. Por lo menos de a ratos, cuando Juan lograba no pensar en ella y dedicarse a seguir apostando por su crecimiento profesional. Su trabajo lo llevó entonces a Viena, capital de Austria. Fue en febrero de 1999. Lejos de los afectos, el recuerdo de aquella joven de piel blanca y sonrisa encantadora lo traicionaba una y otra vez.

Al tanto de la situación, un amigo en común lo mantenía al día de la relación que ella todavía mantenía en Buenos Aires con su novio de entonces. “Hasta que un día -creo que fue a mediados de ese año- mi amigo me avisó que ella había terminado ese vínculo. Empecé a escribirle cartas. Los fines de semana la llamaba por teléfono (por ese entonces no existían las redes sociales y las comunicaciones telefónicas eran caras). Esta era mi chance. Tenía que tomar una decisión y programé un viaje sin decirle nada”.
Una jugada desde el corazón
Había pasado un año desde la última vez en que habían coincidido. ¡Vaya sorpresa se llevó Victoria cuando recibió el llamado de Juan que le anunciaba que estaba en suelo argentino! Concretaron un encuentro. Él fue por todo. “Le dije que era el amor de mi vida y le propuse venir a vivir conmigo. En julio hicimos ese proyecto realidad. Recuerdo cómo latía mi corazón cuando fui a buscarla al aeropuerto. Al poco tiempo nos casamos, dos años después nació nuestra primera hija, fueron momentos muy felices”.
En 2007, también por motivos laborales, la familia regresó a Buenos Aires. Adaptarse nuevamente a las costumbres y el ritmo de vida local no fue nada fácil. Pero los meses iniciales cuesta arriba quedaron en el olvido con la llegada del segundo hijo de la pareja. Una vez más, allá por 2010, el trabajo los llevó a Miami, en los Estados Unidos. “En todos los destinos conocimos gente maravillosa, convivimos con las costumbres de cada lugar, viajamos, nos acompañamos en las buenas y en las malas y fuimos creciendo como familia”.

Hace un tiempo regresaron a Buenos Aires. Fueron muchos cambios para toda la familia. Unidos, siempre pudieron salir adelante a pesar de los desarraigos. “Siento que hasta el día de hoy, su inteligencia, su honestidad, su amor para con nosotros, y fundamentalmente el saber que siempre puedo contar con ella, confirma que elegirnos fue lo mejor que nos pasó en la vida”.
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