
JULIETA ORTEGA - WALTER QUIROZTODO EN FAMILIA
Más que amigos, son como hermanos. Actuaron juntos en un programa levantado en su punto de mayor prestigio (¿Son o se hacen?) Ella dice que lo conoce tanto que filmar una escena de amor con él sería muy fácil. El la adora, y también a su papá, Palito, su compañero de banco cuando estudiaba inglés en Miami
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Los jóvenes actores sueñan con el cine, pero viven de la televisión. Aceptan representar a una casa de modas para aparecer en fotos, pero se sienten desvalidos frente al silencio violento de los directores, justo cuando necesitan de ellos, en el cine, porque en la TV nadie dirige. Julieta Ortega y Walter Quiroz son dos nombres que surgen a paso pesado entre la confusión de ser jóvenes, como cualquiera, y de tener que mostrar la seguridad que el público imagina en ellos cuando los ve como su reflejo y cuando los encarna en sueños.
Julieta y Walter, como tantos chicos, crecen al mismo tiempo que trabajan, sólo que están muy expuestos. En ¿Son o se hacen?, un programa de Canal 9 que veía más gente de la que se decía y que fue levantado, les tocaron papeles en el borde del riesgo actoral. Los encontramos justo antes del viaje de Julieta Ortega a Madrid (ahora, amenaza con quedarse a vivir allí) para el estreno de Pequeños milagros, de Eliseo Subiela, y cuando Walter Quiroz volvía de Cannes, donde asistió a la presentación de una autobiografía de Héctor Babenco.
-¿Representan ustedes a los chicos de su generación? La de los veintitantos.
Walter: -Mi meta no es ir por la vida tratando de representar sino que, simplemente, voy por la vida, que ya es bastante difícil. Tampoco quiero representar a una generación. Pero uno trabaja con lo que es, tiene veintipico y no está exento de pertenecer a esa generación y de tener sus tics.
-¿Qué tics?
Walter: -Se marcan desde lo exterior y lo interior, desde la ropa. Además, creo que los jóvenes de los años 90 nos diferenciamos bastante de los del 70 en que estamos un poco más al margen de lo político.
Julieta: -Yo tengo 26 y en la televisión hablo como hablo yo e impongo mis maneras. En el programa que nos levantaron, ¿Son o se hacen?, pasó algo raro, porque no sé si era visto por gente de nuestra generación o por gente más grande. Tuvo buenas críticas de los de cine y de quienes hacen televisión en los medios, más que buena acogida en los chicos que van a bailar. Estos están viendo Gasoleros.
Walter: -Quienes seguro lo veían eran los alumnos de letras, los de diseño y los que van a bailar a Morocco o a Ave Porco...
Julieta: -También la comunidad gay, que no son los chicos de veintipico de Buenos Aires News.
-¿Por qué lo levantaron?
Julieta: -Porque no tenía rating.
Walter: -Lo que marcan son los números. Es la verdad. Antes de la reunión definitiva para decirnos que se levantaba el programa, hubo una reunión con los directivos del canal en la que nos dijeron: No se preocupen por los números. Pero el puntaje te marca. Cuando te dicen lo otro es porque había salido una buena crítica en El Amante o que el programa tiene prensa y que el canal estaba contento con la imagen. Fueron sólo palabras.
Julieta: -El 9 es un canal que paga muy bien a sus actores, pero está pasando por un momento de bajo encendido y de transformaciones.
Walter: -Además, es difícil tratar la temática homosexual en la televisión.
-¿Tuvo que ver con esto la desaparición del programa?
Walter: -Seguro. Aún hay mucha gente que no quiere ver más allá de sus ojos y que se alarma si se aparta de lo correcto.
Julieta: -Tuvimos que pelear mucho para grabar un capítulo de cierre, porque no nos anticiparon que tal día terminaba el programa. Nos dijeron: No se graba más, queda donde está.
-¿Qué pasa cuando crean personajes que están en el límite? ¿El público confunde al personaje con el actor?
Walter: -No lo creo...
Julieta: -Los diarios decían que Carolina Fal y yo salíamos juntas, como en el programa, y ponían que andábamos de la mano. Si lo hacíamos era por divertirnos enfrentando los comentarios.
-Recuerdo el caso muy sonado de una actriz que paró una filmación, gritando: Señor director, este actor está excitado.
Walter: -A mí nunca me ocurrió nada impropio.
Julieta:
-Tuve una escena de intimidad con Federico Olivera, pero se hizo con tanta técnica que ni nos dimos cuenta. Cuando me tocó estar con Carolina Fal, todo fue muy fácil porque somos amigas de siempre. Su cuerpo, su olor, me son familiares. No pasa por la relación de un hombre o mujer, sino por el afecto. Con Walter somos amigos, nos conocemos mucho y una escena de amor con él resultaría muy fácil.
-¿Qué pasa si el otro tiene mal aliento o demasiado olor a pastillas de menta?
Julieta: -Yo no tuve muchas escenas de intimidad. Pero me pasó una vez y me puse a llorar: estábamos haciendo una escena muy fuerte, desnudos, para un especial que, finalmente, no salió al aire. Salió mal, porque no nos creíamos lo que hacíamos. No me importa quitarme la ropa, pero tengo que estar convencida del motivo.
-¿Cómo empezaron a actuar?
Walter: -Me nació en casa, de mi viejo, que le gusta mucho la literatura y que, desde chicos, nos incentivó mucho la imaginación. Así, jugando. A los doce años me fui a estudiar teatro en el Teatro de la Luz, en San Fernando, que dirige Ada Parra.
-Naciste en San Fernando.
Walter: -Nací en San Isidro, pero viví siempre en San Fernando. Mi papá es martillero público. Tengo cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres. No vivimos juntos. Ninguno es actor, aunque mi hermana mayor, la mejor de todos, está estudiando teatro. A los quince años quise saber qué era la televisión, así hasta que llegó Solanas. Primero hice Hombres de ley, el final de Clave de sol, Socorro, y me fui para hacer la película El viaje. Clave de sol fue un enorme semillero del que salió mucha gente: Sbaraglia, Dopazo, Fal...
-Para vos, ¿fue más fácil llegar a ser actriz?
Julieta: -Dentro de casa había referentes más directos. Estaba Ana María Picchio, mi madrina. Venía mucho a casa con sus amigos, Ricardo Darín, Susú Pecoraro, Miguel Angel Solá, Arturo Maly, y para mí eran las personas más interesantes que yo había conocido.
-Hablando de referentes inmediatos, tenías cerca a Palito, tu padre.
Julieta: -Era otra cosa, porque mi padre nunca vino a casa con un amigo. Tenía que pedirle por favor que me llevara a la filmación cuando trabajaba con alguien que me interesaba. No nos visitaba nadie y siempre te enterabas tarde cuando había estado con alguien interesante, porque nunca lo contaba. Era un cantante, otra cosa. Mi padre separaba mucho su casa del trabajo y de la familia. Era muy reservado. Respecto de mi mamá, cuando nací, ya casi no trabajaba. Ana María fue lo más cercano a la gente talentosa que conocí.
-Un espejo donde mirarte.
Julieta: -Tal vez. Hoy por hoy, mis amigos siguen siendo actores y me sigo enamorando de actores. Algo habrá. Esta gente tiene menos prejuicios que la de la calle; más apertura, más tolerancia. Es lo que me interesa ser.
-A los 12 ibas a ver los actores, pero tus padres querrían que fueras al colegio...
Julieta: -¡Al colegio de monjas! Sufría muchísimo. Eran los extremos: ¿cómo podía estar a la mañana en el colegio de monjas y a la tarde en las rodillas de Solá, escuchando cosas tan interesantes y que las chicas de las monjas no entendían?
-En el colegio, eras la hija de Palito Ortega.
Julieta: -Eso no me jorobaba demasiado. Me molestaban otras cosas de las que tengo peores recuerdos: colegios que, ideológicamente, estaban tan equivocados, aunque nunca estuve demasiado tiempo en una sola escuela. Mi madre era lo suficientemente inteligente para tener compasión y darse cuenta de que mi relación allí no funcionaba. Me sacaba y probaba en otro lugar. Pasé por todos los colegios extremos y diferentes, no siempre de monjas.
-Walter, ¿qué opinás de los Ortega?
Walter: -Adoro a los Ortega. Los conocí en el 95 por Julieta, haciendo La hermana mayor. Nos hicimos muy amigos con ella. Después lo conocí a Lucho; después a Martín, cuando vino a Buenos Aires, y a sí a todos. A fines del 95 fui a estudiar inglés en Miami y estuve con todos ellos...
Julieta: -Era compañero de banco de mi papá...
Walter: -No lo quería contar... Nos hicimos muy amigos. Al principio, parecía raro, porque no sabíamos cada uno que el otro iba a ir a la Universidad y terminamos siendo compañeros de banco. Conocí a Palito, un tipo increíble: era el más grande de la clase y estudió al pie del cañón tres meses y medio. Lo quiero mucho.
-¿Lo votarías en alguna candidatura?
Walter: -Sí.
-¿Por qué?
Walter: -Porque le creo, absolutamente.
-Julieta, ¿hay mucha gente que le cree a tu papá?
Julieta: -No sé. Yo confío en él y eso basta. Tiene a su favor ser un hombre coherente en su vida, prolijo en todo lo suyo.
-¿También lo vas a votar?
Julieta: -Sí, claro. ¿A quién si no? Hoy no hay ideologías claras y uno elige a quien más adora.
-Walter, vos trabajaste con Solanas, que se ejercitó en un peronismo crítico.
Walter: -Durante la filmación, no sólo se hablaba de política sino que se cambió el guión por un hecho político importante entonces: el tema del Presidente Rana y del Buenos Aires sumergido. Lo creo un tipo confiable porque lo admiro, pero nunca seguí su carrera política. Hace seis años que no lo veo y sé poco de él...
-¿Te sentiste querido por Solanas cuando filmaban?
Walter: -Muy querido. Pero Pino es un apasionado y nos peleábamos mucho, sin medias tintas. No me gustaba que me gritara tanto... El tenía una responsabilidad directa sobre mí, porque yo era menor de edad. Se generó una relación filial de él hacia mí y, al día de hoy, dura. En el final de El viaje, yo decía: Ya no lo busco como antes; ahora lo llevo siempre conmigo. Fue lo que me pasó con Pino.
Walter: -¿Soy? Soy. No sé. No tengo traducciones sobre mí... todavía. Volver al Festival de Cannes es volver a Pino.
-¿Cuáles son tus afectos?
Walter: -Mi familia, mis amigos... No sé si voy a contar más.
-¿Y tus afectos, Julieta?
Julieta: -Mi familia, mi madrina, cuatro amigos...
Walter: -Yo estoy allí...
Julieta: -Y mi novio. Cuando digo mi familia, Walter está en ella, aunque él prefiera estar en el rubro amigos.
-¿Quién es tu novio?
Julieta: -Walter no quiere contar lo suyo y voy a hablar yo... Pepe Mon-je se llama. Es actor. Nos llevamos bien. No competimos, por ahora, porque estoy muy enamorada.
-¿Estuviste enamorada de tu papá?
Julieta: -Estoy. Va a ser siempre mi primer amor. En mi adolescencia me enamoraba más Miguel Angel Solá que mi papá, porque hablaba de otras cosas. Pero papá es mi primer amor.
-Tu padre siempre dio una imagen de familia formal. Sin embargo, le salieron hijos muy dueños de su libertad.
Julieta: -Ese resultado tiene que ver con la sensibilidad de mi mamá. En términos de educación, mi mamá siempre estuvo en casa. Hoy, ante lo que sea, le vamos a hablar a mamá y no a mi padre.
-Tu mamá hizo un gran sacrificio: en medio de la carrera de actriz, dejó todo por el matrimonio.
Julieta: -No sé si fue para tanto. Lo hablé mucho con ella. Para ella, dejar la actuación fue un alivio; si no, no lo hubiera dejado. Yo no me imagino dejando todo, como hizo ella, pero ella está donde quiere.
-¿Nunca se lo reprochó a sí misma?
Julieta: -No. Tuvo muchas ofertas cuando éramos chicos. No-quie-re. Sufre todo mucho y su responsabilidad no le permitiría hacer las cosas de modo mejor. La casa y sus seis hijos son la solución de su deseo.
-¿La has visto sufrir?
Julieta: -Sí... (Largo silencio.) No debo hablar de esto. La vi sufrir mucho; también a mi papá, pero soy respetuosa de su silencio. Sufren por cosas distintas.
-¿Nunca uno por el otro?
Julieta: -A esta altura, creo que no.
-¿Veías los films de tu papá?
Julieta: -Sí, por televisión. Me encantan Los muchachos de mi barrio y Mi primera novia.
Walter: -Yo las recuerdo bien. Palito es bastante parecido a como se ve en las películas: reservado, simpático. ¿Quién no sabe un tema de Palito Ortega?
-De chicos, ¿cantaban sus canciones?
Julieta: -No. Cantábamos las de María Elena Walsh. El venía a casa y no contaba ni cantaba nada. Me enamoraba papá en mi casa, y no en la televisión.
Texto: Claudio España
Fotos: Daniel Caldirola





