
La Argentina que viene
¿Cómo imaginan los adultos el futuro de los chicos que hoy tienen entre 5 y 12 años? Según un estudio reciente, mientras algunos apenas se preguntan en qué país les tocará vivir, otros ya vaticinan que será una Argentina difícil. Sin embargo, todos apuestan a la educación como la mejor arma de realización personal
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Se dice que los argentinos tienden a la euforia fácil. Sin embargo, a la hora de esbozar pronósticos sobre el país que viene, la supuesta tendencia se contradice.
A fines de 2003, el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano (Copub) quiso conocer los niveles de confianza depositados en el país en el largo plazo, y diferenciar lo que se percibe como crisis coyuntural de lo que se ve como un daño social instalado. Las 660 personas de la ciudad de Buenos Aires a quienes se les preguntó en un sondeo cómo imaginan el mundo en el que vivirán, cuando sean adultos, los chicos que hoy tienen entre 5 y 12 años se revelaron realistas y -contradiciendo la tendencia a la euforia- también escépticas e incluso pesimistas: creen que hay problemas estructurales que llevará más de una generación solucionar, y que la movilidad social es un valor en retirada. Sin embargo, confían en la supervivencia de la democracia y rescatan la educación como un camino que lleva... a la felicidad.
-Yo creo que los problemas que hoy tenemos se van a solucionar y que mi hija va a vivir en un país mejor -opina Paola Roiffe, de 31 años, mamá de Juana y empleada administrativa.
De inmediato, su hermana Silvina, diseñadora, de 34, retruca:
-Los problemas de la Argentina no tienen solución y esto indefectiblemente tendrá repercusión en nuestros hijos.
Según el estudio, los futuros adultos tendrán menos posibilidades de estudiar y de tener casa propia; conseguirán empleo más fácilmente, pero serán trabajos peor remunerados; vivirán en una sociedad más insegura y corrupta, en la que el matrimonio perderá la batalla contra las convivencias de hecho y las parejas ocasionales, y en la que los valores materiales concentrarán las preocupaciones. Les auguran, en síntesis, un futuro menos feliz.
Sin ciclotimia
Los argentinos "no proyectan una recuperación significativa de la economía para los próximos 15 años", dice el trabajo.
Según sus respuestas, imaginan que los chicos tendrán menos oportunidades de estudiar en la Universidad (54,6%) y de tener casa propia (55,9%), y aunque el 45% cree que enfrentarán menos dificultades para conseguir trabajo, se presume que serán ocupaciones mal remuneradas o que al menos no permitirán una mejoría económica personal.
En este sentido, casi un 40%cree que los chicos se verán más obligados a emigrar, empujados por las malas condiciones económicas. Y más de seis de cada diez opinan que los niveles de inseguridad y de corrupción -percibidos ya como problemas endémicos- empeorarán con el paso del tiempo.
-Nos vamos a convertir en Colombia. Y los chicos, cuando crezcan, van a vivir en ese país o se van a ir. Poco a poco nos acostumbramos más a la miseria y a la violencia. Si pudiese, hoy los llevaría a vivir a otro lado -afirma Pablo Fedorovsky, empresario, padre de Manuel, de cinco años y Emilia, de dos.
¿Y el lado positivo? Los investigadores lo encontraron.
-El lado bueno es que se percibe una dosis de realismo que marca un cierto grado de madurez y conciencia de la gravedad de la situación. Hay menos ciclotimia de la que nos ha caracterizado -explica Orlando D’Adamo, psicólogo político, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Belgrano y director del Copub-. Al mismo tiempo, hay cuestiones económicas de base que no se resuelven y que están presentes en todas las respuestas.
Algunos ejemplos son ilustrativos.
-Desaparece la idea prototípica de la movilidad social, que era una representación clave, sobre todo en la clase media -analiza Virginia García Beaudoux, miembro del equipo que realizó la investigación y que se completa con María Pastore.
En lo político, se prevé una sociedad en la que los futuros adultos podrán confiar menos en los dirigentes (62,7%) y se interesarán menos en la política (54,4%), pero que será igual de democrática (42%) que la actual. Otro dato que se ve alentador. D’Adamo reflexiona:
-La democracia electoral está fuera de discusión. Lo bueno es que, durante esta crisis, el sistema generó respuestas. Daría la sensación de que la gente acepta que puede haber problemas, pero que su agravamiento no afecta a la democracia y su estabilidad.
La lógica de la escasez
Las dificultades económicas también repercutirán en el estilo de vida futuro, que se prevé más individualista y centrado en cuestiones materiales. Dicen los adultos que sus hijos tenderán a vivir solos y formar parejas ocasionales (76,4%), convivirán sin casarse (75,7%) y consecuentemente se separarán más que ahora (46,6 %). Para completar el panorama, casi el 84% piensa que se preocuparán más por los valores materiales. Para los investigadores, esto admite una doble lectura. Podría asentarse en el perfil individualista que se proyecta en la sociedad, pero también podría explicarse por lo que llaman "la lógica de la escasez".
-Si la gente proyecta que la situación económica de fondo no mejorará, es lógico que sean materialistas y crean que las prioridades se orientarán a garantizar condiciones mínimas de estabilidad y subsistencia.
Quienes opinan que se preocuparán por otros valores, y no por los materiales, mencionan la solidaridad (63,2%), el cuidado del medio ambiente (16,3%), la ética (15,3%) y la justicia (5,1 por ciento).
-Me dolería mucho irme. Es mi tierra y la quiero.
Eso opina Laura Patricia Luna, empleada administrativa, que se ubica en el grupo de los más esperanzados.
El 23,9% que augura un futuro de más felicidad lo justifica en que "tendrán más educación y preparación" (37,2%), vivirán en una sociedad más solidaria (18,6%) y tendrán más oportunidades en general (17,2%).
Cuando el trabajo no asegura el progreso social, la educación sobrevive en medio del naufragio como la única tabla de salvación: el 75,7% piensa que lo mejor que puede hacer por sus hijos es asegurarles la posibilidad de estudiar, la expresión de un valor prototípico de la clase media argentina que resiste. Dice D’Adamo:
-La educación es un valor indiscutible, visto como una inversión para el país. Esto denota el aprendizaje social de que un título no garantiza el trabajo, pero puede proveer una salida.
Laura Luna, por su parte, concluye pensando en su hijo Nahuel:
-Creo que a nuestros hijos les va a costar menos que a nosotros. Van a tener un país más encaminado. Así como mi viejo tenía un trabajo y se pudo comprar una casa, ellos también van a poder progresar, estudiar. Para nosotros fue muy difícil, tenemos dos y tres trabajos, y nos cuesta mucho tener una casa. Ellos van a tener mejor suerte.
Para saber más
www.onlineub.com
www.indec.mecon.ar
Lo que vendrá
El 84 % opinó que sus hijos pensarán mucho en los bienes materiales. Quizá -dicen los expertos- porque temen por la situación económica
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