
La canción que no se detiene
¿De dónde vienen, cómo surgen esas composiciones de la música popular que a muchos nos ayudan a vivir? Esta nota sigue el rastro de un puñado de ellas e intenta asomarse al misterio
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Hay canciones que hacen verano. Duran lo mismo que el sol estival. Entre ellas, las hay incluso buenas: son como una zambullida en el mar, placentera y efímera. Otras, a fuerza de méritos, se mantienen más de una temporada. Cuando suenan en la radio agradecemos esa emoción. Por último, hay canciones que siempre están ahí. No importa que las olvidemos durante un tiempo. Cuando irrumpen en nuestros días nos dicen lo de siempre, pero también, y principalmente, algo nuevo.
Otra nota común de estas creaciones es que suelen escribirse de un tirón. Casi al dictado. El músico como un canal, como un vehículo a través del cual se plasma la obra. Esa obra que, en la palabra justa, en el giro melódico exacto, alcanza ese inefable punto de equilibrio entre lo concreto y lo universal, entre lo vivencial y el arquetipo. La canción como un guante que, pródigo y generoso, se adapta a cualquier clase de mano, a las más variadas formas de la experiencia individual.
Las grandes composiciones exceden a su autor. La gente las hace suyas. "El sueño del compositor es quedar escondido detrás de su canción", dice Víctor Heredia, que conoce lo que se siente cuando un domingo las hinchadas de River y de Boca se enfrentan por medio de sendos temas propios, como Todavía cantamos y Sobreviviendo . Heredia no se engaña: sabe que todos conocen la melodía, pero seguramente unos pocos el nombre de quien la escribió.
Si es cierto que el artista deja en su obra parte de sí, entonces hay una historia detrás de cada canción. Lo que sigue es el intento de reconstruir, a través de seis canciones de nuestra música popular, ese momento en que una melodía y un puñado de palabras se transforman en una pieza de tres o cinco minutos destinada a perdurar.
Cuando compuso El viejo Matías , en el invierno de 1969, Víctor Heredia tenía 22 años y vivía en dos ambientes en Paraná y Sarmiento junto con su primera mujer, Lidia. Era una tarde gris, propicia para escribir canciones de amor. Heredia empezó a probar acordes en el piano mientras, buscando inspiración, trazaba el perfil vago e imaginario de una mujer. "Me puse a tararear y salieron dos líneas: La lluvia y el viento eran dos hermanos / corriendo furiosos por el terraplén . Dije terraplén y de pronto estaba en Paso del Rey, donde había vivido de los 9 a los 17 años. A partir de ahí, de un tirón, me salió la canción de amor más grande de toda mi vida. Se impuso, como todas las canciones verdaderas."
No le corrigió ni una coma y le pidió a Lidia, concertista de piano, que la tocara. Ella lo hizo. Y se emocionó. Entusiasmado, Víctor llevó la nueva creación a su compañía, Microfón. "El director artístico me sacó corriendo: duraba seis minutos y ninguna radio iba a querer pasarla", recuerda el músico. Finalmente, la grabó y fue en el lado B de su siguiente simple.
Llevaba vendidas apenas unas 300 placas cuando el Cuarteto Zupay la cantó en Cosquín 69. Fue un éxito. Entonces, al productor de radio Víctor Cicuta se le ocurrió lo obvio: pasar la cara B del simple. "En esos días recibo un llamado de Juan Guerra, del depósito de Microfón: Nene, picó el disco , me anuncia. Se vendieron 13 mil placas en una semana. Y, en dos meses, las ventas treparon a medio millón", recuerda Heredia.
"Con los años perdí la emoción de cantarla" -confiesa-. "En 1985, durante un recital en el Luna Park, decidí sacarla definitivamente del repertorio. Esa noche hicimos cinco bises, pero estábamos en camarines y la gente la pedía. Volví al escenario dispuesto a cantarla, y apareció la negación: no me acordé cómo empezaba. Le pedí ayuda a mi bajista, Riki Zielinski, y él, divertido, me dice: Es aquella del viejito. Usé otra alternativa, le dije al público: A ver, ¿cómo empieza esta canción? Toqué los primeros acordes, y a partir de allí la gente la cantó íntegra. Desde entonces le volví a encontrar el sentido, y hoy la canto con unción. Fue la canción disparadora de mi vida artística."
En 1975, Eladia Blázquez había dejado la casa paterna de Avellaneda para mudarse a un pequeño departamento en Medrano y Paraguay. Un piso 14, con una vista que dominaba toda la ciudad. "De pronto me encontré sentada frente a la ventana, mirando al Sur. Tomé la guitarra y empecé a elaborar una canción a partir de la nostalgia y de imágenes muy concretas de la infancia, que se me agolpaban. Apenas tuve que redondear unas pocas frases. Al terminarla sentí que me había conmovido, y que por eso iba a gustar", recuerda la compositora, que grabó El corazón al Sur ese mismo año, en el sello Trova.
"En la casa de mis padres, en Avellaneda, tenía el piano en una sala que daba al jardín, y allí veía a mi madre -en realidad su sombra- que cortaba flores. En aquel barrio de casas bajas y humildes donde vivía, todos los jardincitos tenían en el centro una planta de jazmín.
"Creo que este tango perdura porque, además del sentimiento, lo que queda es una canción lograda. Sólo así funciona: la gente percibe emociones que reconoce como propias, y que una canción sincera, bien resuelta, logra el prodigio de revelar. En realidad, la canción se va amasando en el tiempo, hasta que de pronto aflora y se impone para convertirse en una pieza de tres minutos. Si bien las carreras se van armando lentamente, este tango es el más importante que escribí.
Héctor Alterio, Marilina Ross, Norma Aleandro y Jairo la escucharon por primera vez en sus años de exilio en Francia, durante un recital de Susana Rinaldi. "Muchos años después, me dijeron que esa noche la canción los había conmovido hasta las lágrimas", cuenta Eladia.
"Mi hermano siguió en esa casa. Una noche, yo estaba de visita y escucho que afuera cantan El corazón al Sur . Eran estudiantes, chicos de 14 años que habían ido a un club de Avellaneda y se habían enterado que mi casa paterna estaba cerca. Salí a agradecerles casi en llanto."
Transcurría 1968. Un domingo, el historiador y escritor Félix Luna, junto con su mujer y sus hijas, almorzaba en casa del músico Ariel Ramírez. En la mesa, Ramírez le comentó que había compuesto parte de una zamba. Más tarde, en su estudio, el pianista le hizo escuchar esos primeros acordes. Cuando terminó, Luna le dijo sin dudar: "Esta zamba se va a llamar Alfonsina y el mar ."
"Le pedí que la tocara unas cuantas veces, para fijar la melodía, y después, con papel y lápiz, me encerré en el comedor a trabajar en la letra. Allí salieron las dos primeras cuartetas. Lo curioso es que, siendo un episodio triste, afloraran imágenes casi juguetonas, como la arena, el mar y las caracolas", cuenta hoy, sin perder el asombro, Félix Luna.
El poeta completó los versos durante el mes siguiente. Al principio, el estribillo decía: "...y una voz antigua de viento y de sal / te requiebra el alma y te piropea" . Pero durante ensayos informales advirtieron que el último giro sonaba a "expresión vulgar", y que no se acoplaba bien al resto. Finalmente quedó: "... te requiebra el alma, y la está llevando" . Cuando llegó a manos de su intérprete, Mercedes Sosa, la canción quedó completa. "Ella la pescó enseguida", recuerda Luna. Y bromea: "Una cosa era que la cantara yo, y otra muy distinta que lo hiciera Mercedes".
¿Cómo adivinó Luna, aquella tarde en casa de Ramírez, que esa melodía le pertenecía a Alfonsina? "Son esos misterios que uno no alcanza a develar -dice el escritor-. Yo no sé si llamarlo inspiración, porque ésa es una palabra a la que le tengo mucho respeto. Lo llamativo es que esta canción ha tenido éxito en todo el mundo. No llevo la cuenta, pero creo que tiene más de trescientas versiones. Se ha grabado hasta en Finlandia."
Hace unos veinte años, Luna se llevó la sorpresa de escucharla en Cuba, en un bar cercano a Baradero, en versión de unos músicos anónimos que amenizaban la reunión. "Me acerqué y les comenté que la letra era mía, y ellos, sorprendidos, me contaron que con esa canción habían ganado varios concursos. Ignoraban quién había sido Alfonsina. Allí me dí cuenta de que la zamba tenía mucha llegada".
María Elena Walsh paseaba por la plaza San Martín (un lugar de la ciudad que solía frecuentar desde su adolescencia) cuando sintió que la desbordaba una canción que pedía ser escrita. "Salió todo junto: la letra, la melodía, el ritmo melancólico de habanera, las alusiones folklóricas, las imágenes", cuenta la autora. Transcurría el verano de 1965. "Entonces mis circunstancias personales no eran malas, pero la canción está referida al entorno. El país estaba paralizado, en estado de estupor, como muerto. A pesar de la situación, yo sentía que siempre iba a agradecer el hecho de vivir aquí."
Si bien la canción fue fruto de un estado de ánimo personal, íntimo, la autora reconoce que hay "una conexión que se establece desde el inconsciente individual al inconsciente colectivo, en la que no entra ni en el mercado ni el cálculo de cómo el tema será recibido". Pero no hay fórmulas para escribir temas como éste. "No tengo la menor idea de cómo se hace. Si tuviera la receta la pondría en práctica con éxito", agrega.
"Las imágenes vinieron de cosas que había vivido hasta entonces y de un perfume de mis viajes por el interior", dice la compositora de tantas canciones infantiles también inmunes al paso del tiempo. Serenata ... se estrenó en un espectáculo que la autora, con ironía, llamó Recital para ejecutivos. Finalmente, la grabó en Juguemos en el mundo, un disco de 1968.
Para María Elena esta canción, junto con Como la cigarra , ocupa dentro de sus composiciones un lugar especial. "En ellas puse un contenido interior muy fuerte y doloroso. La gente la agradece, y hasta el día de hoy hace caer alguna lágrima cuando se habla de exilios y de gente que se va."
"Hace dos meses, en un noticiero de televisión que mostraba imágenes de gente que emigraba a España, la pusieron como música de fondo. Se transformó en una canción para los que se tienen que ir, para los que sienten el dolor de estar y no estar, esa duda tremenda. Yo elegí quedarme. Pero el desgarro es tanto para los que se van como para los que se quedan."
"Escribí esta canción de un tirón, letra y música, una noche de 1979 en San Luis de Potosí, México. Andaba de gira por el Bajío mexicano y estaba parando en una hermosa y colonial casa para estudiantes. Al día siguiente tenía que seguir para Aguas Calientes... las famosas y tradicionales fiestas de Aguas Calientes, que duran tres días y donde nadie duerme, todo el mundo canta, danza y bebe...
"Mi concierto era en un teatro hermoso, donde iba a tocar unas dos horas, un poco con la guitarra y otro con un piano de cola del lugar. Se me ocurrió, esa noche, cantarle a la gente esta nueva composición. La canción ya tenía el don de gustar... quien la oía me la volvía a pedir... algunos no podían sacarse la melodía de la cabeza, y a otros la letra les evocaba algo que habían vivido. Increíblemente, tuve que cantarla seis veces. Es inédito que te pidan un bis de un tema que estás estrenando, y encima muy lejos de tu casa...
"No creo que el mejor arte deba nacer del sufrimiento, del dolor, como piensan algunos. Es cierto que la adversidad te da experiencia y la posibilidad de evolucionar si la atravesás dignamente y con temple, pero he escrito muchas canciones en situación de plena felicidad y el resultado ha sido, también, una composición noble y llena de espiritualidad.
Sólo se trata de vivir es algo así como una especie de carta o escrito que me hago a mí mismo para poder seguir teniendo fe y continuar el camino, en un momento muy duro de mi vida... Me había prácticamente escapado del país al terminar el Mundial del 78, después de soportar un largo año de prohibiciones, amenazas de muerte, persecuciones callejeras y varias detenciones. En la última de ellas estuve en un lugar horrible donde hoy está, paradójicamente, Puerto Madero.
"Allí me volvieron loco con interrogatorios sobre drogas y política... al día siguiente me largaron y decidí vender el piano eléctrico y una guitarra que me quedaban para comprar un pasaje e irme a cualquier lado. Tuve que renovar mi pasaporte, y tardaban en entregármelo. Finalmente, alguien me dio un papelito con la dirección donde debía pasar a buscarlo. Resultó ser el mismo lugar donde me habían llevado esa noche terrible. Me atendieron algunos de estos guardianes de la ley... De muy mala gana me dieron el pasaporte, no sin antes decirme que me cuidara ...
"Ya tenía mi pasaporte y 60 dólares... Así fue que marché para México. Quería ir a un lugar donde pudiera seguir con mi tarea de compositor sin barreras idiomáticas. Los dos centros hispanos por elegir eran España y México. Podía también emigrar a Estados Unidos, para tentar suerte escribiendo bandas sonoras de films, pero no era lo mismo que componer canciones como lo hago yo, cronicando el sendero... Los mexicanos son gente muy solidaria, me ayudaron mucho, y allí finalmente no sólo salvé mi vida, sino que pude seguir desarrollando mi tarea. Escribí docenas de canciones... Hoy muchas de ellas se han convertido en clásicos.
"Lo más seductor que tiene Sólo se trata de vivir , en lo musical, es lo que llamamos el puente ... la segunda parte (creo que nadie puede dar una respuesta...) ... que culmina cuando llega el falsetto vocal. El texto, de alguna manera, va reflexionando a medida que avanza. No parar, esa es la idea... que nada te detenga, y mucho menos te haga retroceder. Si tomamos en cuenta la rítmica del tema, todo tiene un sentido épico.
"Sólo se trata de vivir habla de alguien que ha sufrido pero que está en marcha... que comprende que las soluciones para la desesperanza afectiva, sean por una mujer o un país, las resuelve uno mismo. No por omnipotencia o menospreciando una ayuda... sino porque sencillamente.. sólo se trata de vivir. Nada más que eso... tan sencillo, arduo, complejo y hermoso a la vez. "La canción apareció de pronto, se quería escapar del pecho. Todo lo demás es interpretación y algo del misterio que tiene la creación. Al año siguiente, en febrero de 1980, viajé a Nueva York para hacer algunas grabaciones junto con Rodolfo Alchourron, gran compositor argentino, que entonces residía allí. Grabamos algo para su álbum y aproveché para registrar dos o tres temas nuevos, entre los que estaba Sólo se trata de vivir . Y quedó esa grabación, realizada en menos de una hora con mi guitarra, mi canto, coros que le agregué luego y un sintetizador de cuerdas... Si escuchan bien, notarán que la primera nota y palabra del tema son idénticas a las de El Vagabundo , un tema que escribí a mis 17 años y grabé en el primer disco de Los Gatos.
Han pasado más de 20 años y Sólo se trata de vivir sigue creciendo, haciéndose conocido en lugares muy ajenos a nuestra idiosincrasia. En diciembre último la volvió a cantar en vivo Mercedes Sosa... y recientemente lo ha grabado un novel artista mexicano que lleva, en cuatro meses, más de 100 mil unidades vendidas. En lo personal, me enorgullece la trascendencia de esta canción. Mi propósito siempre ha sido escribir cosas de buen gusto que, pudiendo transformarse en éxito comercial, sean reconocidas por un refinamiento que apunta a darle lo mejor a la gente.
"Sólo se trata de vivir le llega a todo mundo, a pesar de que su melodía no es simple, su armonía es complicada y su texto largo. Aprecio toda la música que escribo, pero debo admitir que algunos temas están iluminados . Surgen como si alguien te los dictara... y uno al terminar queda exhausto y agitado... sin comprender del todo qué ha pasado... Algo muy parecido al sentido de libertad que tiene hacer el amor con alguien que se ama profundamente.






