
La elocuencia del silencio
El gran Marcel Marceau se presenta hoy y mañana en el Teatro San Martín. A los 77 años, el mimo se despide de los escenarios porteños
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Decir que Marcel Marceau nació el 22 de marzo de 1923 en la alsaciana ciudad de Strasburgo, Francia; que a los 13 años cantaba por las calles de París; que a los 14 era ayudante en una carnicería; que a los 20, Segunda Guerra Mundial mediante, fue partícipe de la resistencia francesa y se convirtió en actor; que a los 40 resurgió en medio del silencio y transformó el arte de la pantomima; y tantos otros datos de su rica biografía que podrían ir acumulándose a lo largo y ancho de estas líneas, ¿serían suficiente instrumento para comprender el fenómeno Marceau?
Lo que es sabido es que la pantomima de los últimos tiempos, en la mayoría de los casos se ciñe a imitarlo. Incluso es también moneda corriente que el común de la gente vincule al mimo con esos señores que actúan por las calles de la ciudad y que, en algún momento, fueron una novedad pintoresca.
Pero alejado de cualquier certeza, ser testigo y parte de una platea integrada por un par de miles de almas que se mantienen atentas, inmersas en un silencio vibrante ante un hombrecito de rostro blanco y trajecito a rayas, solo en el escenario, ¿qué quiere decir?, ¿a qué responde? Acaso sólo a la sorpresa más cándida. Acaso sólo lo consiga Marceau.
Mientras el arte escénico contempla cada vez más para su puesta en escena todo un arsenal de artilugios tecnológicos, sería a priori impensable que un hecho de esta naturaleza pudiera acontecer.
"En los medios audovisuales nada sorprende -comentaba Marceau-, porque la técnica es extraordinaria. Pero, ¿es posible que alguna vez deje de sorprendernos ver a un hombre en el escenario caminando contra el viento sin utilizar ningún artificio? Creo que al público le gusta la habilidad del cuerpo. En eso está, para mí, el misterio del teatro, en la magia depositada en las manos, en el cuerpo, en el pensamiento."
Apenas un gesto
Y lo dice un hombre que participó en el cine, un arte instrumentado sobre bases tecnológicas. Quién no recuerda aquella película muda de Mel Brooks, Silent movie , en la que la única palabra era pronunciada por el gran mimo francés, por ejemplo. Con su biografía a cuestas, con sus clásicos personajes (Bip, el más célebre de ellos), Marceau conquistó a los públicos del mundo sin una sola palabra para seducirlos. Le bastó esa magia en su cuerpo y en sus manos, capaces, como las de un prestidigitador, de hacer aparecer objetos y personas a su paso.
El dijo alguna vez, en una entrevista: "Yo busco la teatralidad de los mimos porque busco una gestualidad que vaya más allá de las palabras y se traduzca en el cuerpo. Nuestro arte, además, consiste en hacer visible un pensamiento. De allí que la pantomima no tenga límites. Se puede hablar de la vida y de la muerte, del sueño y de la pesadilla. El mimo es la palabra del espíritu."
Y tal vez haya sido esa declaración de principios acerca de su arte la que más allá de él lo hiciera afirmar que "yo soy un hombre progresista, que trabaja por la paz y que ha luchado por el esclarecimiento del espíritu en el mundo. No soy apenas un hombre que divierte. Quiero ser un testigo activo de los tiempos que me toca vivir y transmitir, sin palabras, mis sentimientos acerca del mundo".
El adiós
Honorable portador, a estas alturas, del título nobiliario de leyenda , aunque a veces se le achaque falta de renovación en sus espectáculos, Marcel Marceau se presentará hoy y mañana en la enorme sala Martín Coronado del Teatro SanMartín y seguramente volverá a dejar mudas, boquiabiertas, a las almas de la platea.
Trae consigo un espectáculo dividido en dos partes: Los siete pecados capitales y Pantomimas de Bip. Y será una oportunidad insoslayable, sobre todo para los más jóvenes que quizá nunca lo hayan visto, de conocer el arte incomparable de Marceau.
Tiene ya 77 años. Dicen que viene para despedirse definitivamente de los escenarios argentinos y latinoamericanos. ¿Será por aquello que él dio como definición: "El mimo es un filósofo que toma la esencia o la sustancia de la vida, alguien que muestra en el escenario lo que la vida no muestra"?
Marcel Marceau . Los siete pecados capitales y Pantomimas de Bip. Hoy y mañana, a las 17. Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, Corrientes 1530. Entradas, platea, $ 20; pullman, $ 15.






