
Intimista, profundo, místico. Para Constelaciones, su sexto disco de estudio, el cantautor rionegrino se inspiró en las estrellas y armó una banda con músicos de extracción jazzística.
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Por Humphrey Inzillo
Constelaciones, el sexto y flamante disco de estudio de Lisandro Aristimuño, tiene como eje los mensajes estelares, y ostenta una energía más espiritual y mística que todo lo hecho hasta aquí por el cantante, guitarrista, compositor y productor rionegrino en su prolífica trayectoria. “Mientras grababa este álbum recordé e hice hincapié en las personas que ya no vivían más en esta tierra, de algún modo tomé la decisión de utilizar, cual método artístico, estas constelaciones/canciones como mensajes, cartas que se dibujaban en el cielo”, explica.
El cielo fue otra de las fuentes de inspiración de este trabajo, y Lisandro, radicado en Buenos Aires desde hace casi tres lustros, se lamenta porque en Capital solo podemos ver un pedacito de todo ese mapa estelar. “Por eso, a veces, irse y alejarse de las grandes ciudades, levantar la cabeza y darse cuenta de que sos una mínima cosa ante semejante mensaje es realmente emocionante”, dice. “Conectarme con la naturaleza fue siempre una influencia fundamental para mis discos; la tierra, el agua, el aire, los cielos, las estrellas... y esto claramente es por haber nacido en la Patagonia”.
.No es una novedad: Aristimuño ha logrado posicionarse, con el reconocimiento del público, de la crítica y de sus colegas, pero sobre todo por el peso específico de su propia obra, como uno de los principales herederos de grandes solistas del rock argentino. Por eso, más allá de los ejes temáticos, lo que realmente define al nuevo disco de Aristimuño es el cambio drástico que experimentó en relación con sus discos anteriores. Para empezar, la elección de los músicos que lo acompañan. En especial, el baterista Sergio Verdinelli y Javier Malosetti, en su rol de bajista. Son dos músicos de extracción jazzera que tocaron durante mucho tiempo con Luis Alberto Spinetta. “Ya venía pensando en cambiar el audio, el método y el proceso de grabación, ya que salvo en el capítulo dos de Las crónicas del viento (2009), en el cual grabé todos los instrumentos yo mismo y es totalmente acústico, siempre trabajé con mi banda, Los Azules Turquesas, como músicos en estudio. En este disco también es la primera vez que trabajo con un coproductor artístico: el tecladista Ariel Polenta”, dice. “Con él pensamos y buscamos minuciosamente, oyendo discos y yendo a ver shows, cuál sería la banda ideal. Hasta que llegamos a convocar a estos músicos, con los cuales podríamos trabajar un sonido diferente, mas análogo, pero con la canción como eje principal”.
La sonoridad es una de las claves para entender Constelaciones. “Con Ariel pensamos muchísimo en esa alternativa como estética principal y dejar más despojadas las canciones, cosa que no era habitual en mí, ya que siempre trabajé con la idea de adornarlas con capas y otras ambientaciones atmosféricas. Pero en este caso, nos convencimos de que el audio del jazz era el que daba en la tecla. La idea era lograr que el disco no tuviera edad, pero sí espacio y personalidad. Instrumentaciones con un sonido lo más real y claro posible, sin efectos ni simuladores”.

Entre la búsqueda de adrenalina y la confianza en su oficio de compositor y letrista, Lisandro tomó la decisión de terminar las canciones dentro del estudio, durante la grabación misma del álbum. “Fue una opción estética, pensada desde la producción artística. Hice bocetos donde solo estaba el esqueleto de la canción, letras sin terminar sobre todo, para luego en el estudio dejarme fluir y cerrarlas. Sentí que ya tenía cierta madurez en estudios como para jugar con esa adrenalina y sus tiempos”, asegura. Y agrega: “También la experiencia y el talento de este equipo con el que trabajé hizo que el disco surgiera de una manera muy natural y placentera”.
En el álbum aparecen algunas referencias muy concretas, como “Hoy, hoy, hoy”, que suena casi como un homenaje a George Harrison, y luego hay guiños a Spinetta, Lennon y Fito Páez, entre muchos otros. “Escucho muchísimo a todos esos artistas y, de algún modo, cuando componés o arreglás algo, te surge citarlos como un modo de agradecimiento. Pero a veces se da de una manera inconsciente. Sin embargo, cuando estaba componiendo «Hoy, hoy, hoy», la llamaba «Nina», por Nina Simone. Pero al utilizar la guitarra slide de Nico Bereciartua y doblando la voz principal, se nos fue para el lado de Harrison & Lennon, lo que igualmente me encantó”.
En los últimos años, Aristimuño colaboró con artistas como Catupecu Machu, Martín Buscaglia, Diego Frenkel, Fito Páez, Fabiana Cantilo, Divididos, Alfonso Barbieri y Liliana Herrero, entre otros. “Son regalos que me da la música y me hacen superfeliz. En septiembre, salimos de gira con el dúo Hermano Hormiga, que armamos con Raly Barrionuevo. Recorrimos 13 pueblos, porque el concepto de la gira era no hacer grandes ciudades. Experiencias como esas sirven para nutrirse no solo de un colega y amigo, sino también del folclore y las costumbres de nuestro país”.
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