
La fachada oculta
Cómo y quiénes construyeron la Manzana de las Luces
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El centro histórico de la Manzana de las Luces es, con Caminito y los parques y paseos de Recoleta, una de las principales atracciones turísticas de Buenos Aires. Sin embargo, aunque está situado en un punto neurálgico de la ciudad -a media cuadra del Cabildo- sigue siendo un espacio poco explorado por los porteños.
En las visitas guiadas que se realizan todos los fines de semana, hay un turista típico que, excitado con films del estilo Indiana Jones en el Templo de la Perdición , se acerca con el objetivo excluyente de internarse en los túneles de la época colonial, a los que imagina ricos en historias truculentas y accidentes fatales.
Una hectárea, tres siglos
Pero la Manzana tiene otro estilo, que quizá sea más fascinante. Sus edificios concentran, en poco menos de una hectárea, casi tres siglos de historia y arquitectura argentinas, desde la ocupación que hicieron del predio los jesuitas, en 1662, hasta la construcción del Colegio Nacional de Buenos Aires, terminado en la década del 30. Detenerse en sus diversas fachadas e interiores es una experiencia única en el país, precisamente por esa concentración de estilos, materiales y técnicas.A partir de hoy se agrega un nuevo itinerario, afín a los postulados de un campo de investigación en los estudios históricos que se viene aplicando en los últimos años: la reflexión sobre la vida cotidiana. En lugar de poner el acento en las ideas que rigieron el desarrollo político, económico, social y cultural de nuestro país, esta visita echa luces sobre los distintos tipos de construcción que se aplicaron en sus edificios, los personajes que intervinieron y los materiales que empleaban. De esta manera también se rescata al hombre como eje central -pensador, diseñador, constructor- de la arquitectura.
Carlos Moreno, arquitecto especializado en el tema, es el encargado de guiar al público por la iglesia de San Ignacio, el antiguo colegio de los jesuitas, la Procuraduría de las Misiones, las casas virreinales, la Sala de Representantes de Buenos Aires -levantada a partir de 1820 por el arquitecto francés Próspero Catelin- la primitiva sede de la Universidad de Buenos Aires, y el Colegio Nacional, obra de otro francés, el arquitecto Norbert Maillart. Con un enfoque didáctico -el mismo que emplea en los textos y dibujos de un cuaderno que, sobre el tema, editó la comisión de la Manzana-, Moreno se interna durante una hora en la pequeña historia de la Manzana, sin dejar de lado el contexto en el que se erigieron los edificios. Cuando se refiere a las construcciones de los siglos XVI y XVII, por ejemplo, relaciona la escasez de piedra y madera en la zona con el elemental nivel técnico de las primeras casas e iglesias, hechas de adobe o tapias. Y señala que, sólo a fines del siglo XVII, época en que se fabricaron los primeros hornos de ladrillos, fue posible practicar en los vanos (aberturas) de los muros, distintos tipos de arcos -ojival, de medio punto, escarzano- además del hasta entonces excluyente dintel recto, hecho de madera.
Cómo se fabricaban las rejas, qué herramientas y métodos se aplicaban en la excavación de los túneles de tosca, o cómo se montaban los andamios que, a su vez, servían para levantar fachadas como la de la iglesia de San Ignacio, son algunos de los muchos detalles que Moreno va develando ante el espectador.
El paseo culmina en el conjunto fastuoso de fachada, vestíbulo, corredores, patios y salones del Colegio Buenos Aires, cuya magnífica espacialidad es reflejo de toda una simbología de poder y prestigio que se asocia a los altos ideales de la principal institución educativa del país.
Ese escenario, fiel al eclecticismo de principios de siglo, combina un estilo histórico -en este caso el neoclasicismo francés- con un sistema de construcción contemporáneo, basado en una estructura de hierro y, en los sectores más nuevos del palacio, de hormigón armado. De allí que, por ejemplo, el revestimiento de las columnas, hecho de piedra París, imite con un simple trazado de pequeñas ranuras los cortes de piedra originales, recreando así la apariencia del siglo XVIII.
Una vez terminado el itinerario, el visitante está listo para salir a explorar la ciudad con otros ojos, sensibles al rico lenguaje de estucos, piedras, hierros y maderas que tejen la cara visible -pero tantas veces ignor ada- de Buenos Aires.
Manzana de las Luces. Perú 272.
Tel. 4342-6973/4655, internos 104 y 113. Fax. 4331-0878. Visitas guiadas. Viernes, a las 16.30: circuito ¿Quiénes y cómo construyeron la Manzana? Se visitan la iglesia, el colegio y la Procuraduría de los jesuitas, la Sala de Representantes, las casas virreinales, los túneles y el Colegio Nacional Buenos Aires. Sábados, a las 16.30: Sala de Representantes ; a las 17.30, Circuito jesuítico .
Domingos, a las 16.30: Circuito virreinal ; a las 17.30: Circuito jesuítico . Los circuitos duran aproximadamente una hora. En todos los casos se visitan los túneles.
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